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Kaj Henriksson

A la sombra de la guerra en Ucrania y las secuelas de la pandemia, Finlandia ha elegido un parlamento en el que la derecha tiene una presencia aún mayor que antes.

La derecha logró utilizar la deuda pública como tema de su campaña electoral cuando el coste de los préstamos comenzó a crecer debido a la subida de las tasas de interés. Los gobiernos, ya fuesen de socialdemócratas o partidos burgueses, lograron mantener las finanzas públicas en equilibrio cuando las tasas de interés eran bajas, pero gestionar la pandemia y financiar las compras de armas no salió gratis. Dicho esto, los partidos burgueses tampoco hicieron mucho contra los presupuestos cuando estaban en la oposición.

El apoyo al gobierno de coalición liderado por los socialdemócratas se mantuvo muy estable durante todo su mandato.

Además de los socialdemócratas, la coalición incluía a dos partidos burgueses —el Centro, y el Partido Popular Sueco—, los verdes y el partido de la izquierda reformista Vasemmistoliitto (Liga de Izquierdas), heredera (bastante lejana) del alguna vez influyente Partido Comunista Finés, que había logrado aumentar su apoyo en elecciones anteriores.

En las elecciones de esta primavera, los socialdemócratas ganaron votos y escaños, pero los verdes y la Liga de Izquierdas, socios menores en el gobierno, sufrieron una gran derrota. Además, el Centro burgués siguió perdiendo terreno significativamente.

Proveyendo esto, durante el período de gobierno el Centro se había aliado en ocasiones con la oposición de la derecha y logró detener algunos de los proyectos de ley del gobierno. Sin embargo, esto no mejoró la imagen del Centro a los ojos de sus votantes.

La extrema derecha racista

Lo relativamente nuevo en la política finlandesa, como en muchos países europeos, es un partido de extrema derecha. Este “Partido de los Finlandeses” (Perussuomalaiset, PS) tiene un programa fuertemente opuesto a la inmigración y hostil a la UE. En general, se le considera racista, aunque el partido intenta rechazar la etiqueta, alegando que el racismo lo ha causado la migración. El PS está en contra de la migración de fuera de UE por considerarla “perjudicial” y exige que no se concedan permisos de trabajo si la persona solicitante no ha de obtener al menos un salario medio.

El PS y sus predecesores han participado en el gobierno antes. El establishment ve esto como la mejor manera de reducir su voto y la experiencia anterior parece confirmarlo, pero el coste puede ser alto.

El supuesto es que el PS estaría subordinado en el gobierno al principal partido burgués, los conservadores. Además, el partido ha crecido rápidamente y sus políticos tienen poca experiencia, lo que se supone reducirá su influencia en comparación con los socios de gobierno. Aun así, nadie duda de que insistirían en endurecer las políticas antimigratorias. Además, su participación en el gobierno les daría un perfil más alto y podría ayudarlos a ganar más seguidores.

Hacia una política de austeridad

En el momento de escribir, los partidos acababan de iniciar contactos sobre la coalición de gobierno, pero las principales alternativas parecen ser un gobierno de derechas, ya sea con conservadores y extrema derecha, o conservadores con socialdemócratas. En ambos casos, para conseguir una mayoría, una coalición también necesitaría que se uniesen partidos más pequeños.

Debido a la alta inflación (en enero, del 8,4 %), el poder adquisitivo de las personas trabajadoras ha disminuido. A principios de la primavera, hubo varias huelgas en las que los sindicatos intentaron conseguir subidas salariales para corregir esto. Sin embargo, no lo lograron, y este año los salarios solo aumentaron alrededor de un 4,5%.

El principal partido conservador ha sugerido recortes de 6.000 millones de euros en el gasto público, más 1.000 millones de euros en reducción de impuestos. Si fuera posible, esto supondría duros recortes contra la seguridad social, las prestaciones por desempleo, la salud y la educación. Los beneficiarios serían los ricos que pagarían menos impuestos (con la vana esperanza de que invirtieran su dinero en negocios).

Los reformistas de izquierda

La Liga de Izquierdas (Vasemmistoliitto) perdió un tercio de sus escaños, aunque su voto solo bajó del 8,2% al 7,1%.

La dirección del partido no encuentra ningún defecto en su política, pero afirma que la selección de candidatos no tuvo éxito, tuvieron mala suerte y que esta vez sus votantes habían votado, por razones tácticas, por el principal partido de la izquierda, los socialdemócratas.

Pero vale la pena recordar que, tras comenzar la guerra de Ucrania, el partido eliminó rápidamente de su programa su oposición a entrar en la OTAN y solo seis de sus 16 diputados votaron en contra en el parlamento (de éstos, solo dos han conseguido mantener sus escaños).

En 2022, el gobierno aprobó una ley que obliga, con ciertas condiciones, a las enfermeras en huelga a volver al trabajo. Ningún diputado de la izquierda votó en contra, varios se abstuvieron tímidamente. Todo para mantener la cooperación dentro de la coalición de gobierno.

Lo más probable es que el partido termine en la oposición. Queda por ver si son capaces de cambiar de un partido gubernamental leal a algún tipo real de oposición de izquierdas.

Finlandia abandona la neutralidad

Sin embargo, el cambio más radical fue el ingreso de Finlandia en la OTAN. El país tenía una política de neutralidad desde que perdió ante la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Esto significa que Finlandia no tomó partido en la guerra fría, ya que Rusia es su vecina.

Este equilibrio continuó hasta el colapso de la URSS, después de que el país se unió a la UE y comenzó a cooperar gradualmente con la alianza militar occidental. Antes de eso, se había conformado con acuerdos de libre comercio con la entonces CEE y se había beneficiado del comercio bilateral con la Unión Soviética (los dos primeros reactores nucleares, aún en funcionamiento, son de fabricación soviética).

El gabinete saliente, con la participación de partidos de izquierda, condujo al galope al país hacia la OTAN. En 2021, más del 60 por ciento de la opinión pública aún rechazaba la entrada en la alianza militar. Cuando Rusia atacó a Ucrania, esto cambió drásticamente y el debate público acabó dominado por la seguridad que supuestamente traería la OTAN a la larga frontera entre Finlandia y Rusia. Solo después de que la entrada se hizo realidad, la discusión se diversificó y se recordó a la población finlandesa el riesgo de involucrarse en operaciones de la OTAN en otros lugares, y la insistencia de la OTAN en un presupuesto de defensa del 2% del PIB.

Como dice el refrán, no tiene sentido llorar por la leche derramada, pero la nueva posición de Finlandia en la frontera de dos imperialismos es un gran cambio en comparación con su política exterior de posguerra.

Sin embargo, los signos eran visibles antes. Finlandia participó en la guerra liderada por EEUU en Afganistán y se ha comentado que fue la guerra más larga en la historia independiente del país. Solo ahora, después de que Occidente tuvo que retirarse de esa guerra, se hacen preguntas sobre las verdaderas razones de la participación de Finlandia.

La razón más obvia fue complacer a EEUU y para que las fuerzas armadas finlandesas tuvieran experiencia real en el campo de batalla. Por supuesto, la difícil situación de las mujeres afganas —citada por la izquierda en el parlamento como una justificación— no fue el motivo real de la participación de Finlandia.

Después de la guerra del invierno de 1939-40, León Trotski escribió en abril de 1940 en su resumen sobre la expedición militar de Stalin contra Finlandia, realizada con el consentimiento de Hitler: “Los países pequeños o de segunda fila son ahora mismo peones en manos de las grandes, potencias. No les queda más libertad, y esto solo hasta cierto punto, que la de elegir entre dos amos.”


Kaj Henriksson es militante de Sosialistiliitto, grupo hermano de Marx21 en Finlandia