ES CA

Amine Limam

El 22 de febrero de 2019, Argelia se despertó con grandes manifestaciones nunca vistas desde la independencia del país en 1962.

De hecho, millones de mujeres y hombres salieron a las calles de los cuatro rincones del país para oponerse al quinto mandato del presidente Bouteflika y exigir cambios políticos importantes en el país.

A pesar de los intentos de contener y reprimir las protestas, las autoridades no pudieron hacer frente a esta ola de seres humanos decididos a acabar con este poder corrupto.

Aunque nadie podría haber previsto tal movilización, la sociedad argelina, que acababa de salir de 20 años de guerras civiles en las que murieron más de 250.000, estaba en constante ebullición.

Desde las protestas en Kabilia donde 126 jóvenes fueron asesinados por las fuerzas represivas en varias huelgas educativas, pasando por las protestas de los desempleados en Ouargla (una ciudad petrolera en el sureste de Argelia donde la mayoría de los jóvenes viven en el paro), contra la explotación del gas de lutita.

El país no pasó un solo día sin que la población cortara una carretera o despidiera a un funcionario, en protesta por la mala gestión y la corrupción que caracterizaron el reinado del derrocado presidente Abdelaziz Bouteflika.

Este movimiento, que nadie anticipó, ha ido más allá de las estructuras políticas existentes, la mayoría de las cuales gravitan más o menos cerca del poder político existente.

Por primera vez asistimos a una presencia femenina masiva y demandas radicales como el rechazo al despilfarro de la riqueza nacional por parte de las multinacionales que trabajan en el petróleo y el gas.

Contrarrevolución

Ante esta movilización popular, el gobierno en el poder no se ha quedado de brazos cruzados.

Tras todas las maniobras en 2019 destinadas a extender el estatus quo, el presidente renunció bajo presión popular y se nombró un presidente interino. Misión asignada: salvar al régimen mediante elecciones amañadas que garantizarán la renovación de la fachada del mismo.

Como en intentos anteriores, el pueblo boicoteó estas elecciones y señaló al mando militar por estar detrás de esta agenda contrarrevolucionaria.

Pandemia y parada

La pandemia jugó un papel importante en detener las protestas. Ante tal situación, la gente sabía que el sistema de salud existente no podía resistir.

Fue un hasta luego y no un adiós, aunque el régimen contaba con la ralentización del movimiento para aprobar las elecciones presidenciales que sirvieron para poner a la cabeza del Estado a una figura conocida del gobierno anterior. “Una nueva Argelia”, dijo el candidato; “con la misma gente y las mismas prácticas”, respondió la gente.

Impulsado por el poder militar, Abdelmajide Tebboune se convierte en presidente de la república argelina, a la edad de 74 años, elegido por el 39,83% de los argelinos.

Represión política y encarcelamiento de activistas

Para instaurar su reinado y aprovechando el fin de las protestas por la Covid-19, el gobierno encarceló a todos los activistas políticos que habían destacado durante los movimientos de protesta.

Periodistas, activistas políticos, incluso caricaturistas han sido condenados a prisión y acusados de ¡¡conspiración contra el Estado!!

Se formaron colectivos de apoyo a los detenidos, los abogados acudieron voluntariamente a defender a los imputados, demostrando el carácter político de sus acusaciones.

Pero como dice la gente en Argelia, es “la justicia del teléfono la que decide”, lo que implica que los magistrados reciben órdenes para condenar a tal o cual persona y que la defensa no puede hacer nada al respecto.

Crisis económica y social, ¿qué papel tienen los sindicatos?

Antes del segundo aniversario del Hirak, se lanzaron convocatorias para volver a ocupar las calles para completar la misión que se emprendió pero que fue suspendida por fuerza mayor.

La novedad esta vez es el carácter social de las reivindicaciones que se iniciaron con huelgas que afectaron a varios sectores, pero el más publicitado fue el de los trabajadores de Numilog. Esta empresa —del multimillonario argelino, Rebrab— rechazó la constitución de secciones sindicales dentro de su grupo, decisión a la que los trabajadores respondieron con paros muy fuertes y con la paralización de toda la empresa.

Hay que decir que las condiciones socioeconómicas de los hogares argelinos son cada vez peores, situación que refuerza la convicción de los manifestantes en sus empresas para desafiar al régimen vigente y para la construcción de una alternativa democrática que pueda garantizar una vida digna a toda la población de Argelia.

Las organizaciones sindicales y políticas revolucionarias no pudieron acompañar al Hirak de 2019, por diversas razones ligadas a la represión del régimen vigente, pero también a errores de análisis político dado que no vieron en este movimiento algo que pudiera conducir a una revolución proletaria.

Regreso de las protestas y el pánico arriba

Misma determinación, pero menor presencia femenina debido a la represión temida por la población.

Ante esta situación, presa del pánico, la televisión pública emite imágenes de un presunto terrorista que sería uno de los instigadores de este movimiento de protesta para socavar el carácter pacífico de las manifestaciones y dejar en el aire sospechas de un vínculo con organizaciones terroristas.

Ante este grotesco error de comunicación, el pueblo responde con “no sucumbiremos al chantaje con el regreso del terrorismo”.

El presidente Tebboune, que estaba en tratamiento en Alemania, regresó rápidamente a casa para anunciar una reorganización del gobierno, la disolución del Parlamento y la organización de elecciones anticipadas.

Unos cincuenta presos de conciencia han sido liberados en un esfuerzo por calmar la situación general que no convence a nadie.

Medidas de fachada que siempre llegan demasiado tarde, contrastando con la radicalidad de un movimiento que exige un cambio radical en el sistema político y el alejamiento de los militares de los círculos políticos de toma de decisiones.

¿Conseguirá el Hirak V2.0 construir una organización revolucionaria capaz de liderar la transición política deseada por millones de argelinos? Sólo el futuro lo dirá, pero lo cierto es que la escuela de la calle está formando a millones de mujeres y hombres en la lucha política que tarde o temprano llevará al cierre del ataúd de un régimen senil y moribundo.