ES CA EN RU

David Karvala

Las elecciones al Parlament de Catalunya, celebradas el domingo 14 de febrero, tienen lecturas muy diversas. Comencemos por una visión general como, por ejemplo, el fuerte voto a partidos de izquierdas (en un sentido amplio) y partidos independentistas. Luego trataremos la terrible noticia de que la extrema derecha, bajo la forma de VOX, haya logrado representación.

Inestabilidad y polarización

Los resultados confirman lo que vemos por todo el mundo: inestabilidad política y polarización, con grandes cambios en el destino de los partidos.

En las elecciones catalanas anteriores, en 2017, Ciudadanos (Cs) —lanzado como un partido de “centro” y que rápidamente giró hacia la derecha— fue el ganador absoluto con más del 25% de los votos y 36 escaños. Esta vez se han hundido, quedando en el séptimo lugar con 6 escaños y menos del 6% de los sufragios. En 2017, el PSC perdió votos masivamente a favor de Cs, esta vez ha sido el ganador oficial. Esto puede reflejar en parte que (a diferencia de Cs) aún tienen alguna base real, y que esto sigue siendo importante en un mundo de TV y redes sociales. Pero también deberá algo al hecho de presentar a Salvador Illa, con su constante visibilidad televisiva durante la crisis de la Covid-19 (y nadie puede negar que parecía centrado y competente… ¡en comparación con Isabel Díaz Ayuso!). El PP ha continuado su gradual desintegración en Catalunya. En 2010 fue el tercer partido con 18 escaños; esta vez el octavo, con solo 3 representantes.

En Comú Podem ha logrado mantenerse, más o menos: ha quedado en sexto lugar con 8 escaños. Podemos creció masivamente por todo el Estado cuando comenzó en 2014: incluso se llegó a hablar del “sorpasso” al PSOE. Sin embargo, una serie de retrocesos políticos y maniobras desde arriba hicieron que perdiese casi la mitad de su apoyo solo entre 2016 y 2019. Su participación en el gobierno actual con el PSOE ha agravado la situación. En Catalunya, nunca creció tanto como en otros territorios, pero su caída ahora es menor: para bien o para mal, aquí siempre ha dependido más de Iniciativa-EUiA, que tiene menos carisma en TV y Twitter, pero todavía tiene una capa (algo envejecida) de leales activistas locales.

Como se dice a menudo, la política catalana actual funciona no solo en el eje izquierda-derecha, sino también en torno a la cuestión nacional. Aquí la gran noticia ha sido que los partidos independentistas no solo han repetido su mayoría parlamentaria, sino que por primera vez han obtenido más del 50% de los votos. Dentro de esto, el partido independentista de centro-izquierda, Esquerra Republicana de Catalunya, has superado por primera vez a Junts per Catalunya, de centro derecha. ERC ha obtenido los mismos 33 escaños que los socialistas pero, a diferencia de ellos, tienen la posibilidad de conseguir la mayoría para formar gobierno.

Junts per Catalunya, del ex presidente Puigdemont, ha continuado sufriendo el paulatino declive del espacio político de Convergència, el partido que dominó la política catalana durante décadas y ahora se encuentra fragmentado. Esta bajada ha acompañado el fortalecimiento del independentismo. Otra señal de que el independentismo es mayoritariamente de izquierdas es que la CUP ha más que doblado sus escaños —de 4 a 9— con casi el 7% de los votos. Se trata de un voto enorme a un partido que declara su apoyo a las luchas por un cambio social radical… aunque su participación en la política institucional le ha pasado factura, revelando ciertas limitaciones y tensiones dentro de la CUP.

Así que el nuevo Parlamento tiene una mayoría de izquierdas y otra mayoría —diferente— independentista.

El resultado más probable es una nueva coalición independentista entre ERC y Junts, con el apoyo pasivo de la CUP, pero esta vez liderada por Esquerra.

Sin embargo, la izquierda independentista sigue sin tener una estrategia realmente propia, ni un análisis de lo que salió mal en 2017. Así que sigue dependiendo de la derecha. Y ésta no tiene ningún interés en el cambio radical que la independencia podría y debería traer, y cuya promesa sería necesaria para conquistar a aquellos sectores de la clase trabajadora a los que no les inspira la cuestión nacional como tal.

Por tanto, no existe una alternativa de izquierdas que combine la defensa de principios políticos más amplios con una orientación sobre las luchas obreras reales del día a día, donde la independencia es un elemento, pero no necesariamente el central.

La ausencia de esa izquierda es un factor que ayuda a la extrema derecha a fingir ser la solución a los problemas —muy reales— de la gente trabajadora en la crisis actual.

#StopVOX

VOX, el partido racista y populista de extrema derecha que acaba de entrar en el Parlament catalán, surgió como una escisión del PP en 2014, pero su crecimiento real solo comenzó en 2018. Es típico decir que creció como respuesta a la lucha independentista, o a la situación de las personas refugiadas. Sería más correcto decir que el hecho de que los partidos principales describieran estos hechos como “amenazas” —promoviendo la represión contra el movimiento independentista y cerrando las fronteras a la gente refugiada— permitió a VOX presentarse como una respuesta más dura a estos “peligros”.

VOX dio un salto adelante en las elecciones andaluzas de diciembre de 2018 y se convirtió en el tercer partido del Estado español en las elecciones legislativas de noviembre de 2019, con más del 15% de los votos. Todo eso los hizo un polo de atracción para auténticos fascistas y neonazis, incluyendo a los restos de Plataforma per Catalunya (PxC), el antiguo partido fascista trajeado que había sido derrotado unos años antes por Unitat Contra el Feixisme i el Racisme (UCFR). Así que ahora VOX combina afiliados que realmente solo quieren un PP más extremo, con otros que están abiertos a una estrategia completamente fascista.

Desde el momento en que se convocaron las elecciones, con solo unas pocas semanas de antelación, UCFR puso en marcha la campaña #StopVOX. Esto implicó reiniciar algunos grupos locales de UCFR que habían estado prácticamente inactivos desde la derrota de PxC en 2015, además de construir grupos en territorios nuevos. La campaña callejera de VOX, organizada por un neonazi histórico, fue recibida por decenas de protestas y decenas de miles de carteles y pegatinas, por casi todas partes (¡el mismo partido ultra se quejó de ello!).

A pesar de todo, se cumplieron las peores predicciones: VOX obtuvo el 7,7% y 11 escaños, superando tanto a Cs como al PP.

Aun así, VOX obtuvo solo la mitad del apoyo que recibe en el conjunto del Estado español y un tercio o un cuarto de lo que logra en algunas regiones. Y dada la masiva abstención, solo recibieron el voto de uno de cada 25 potenciales votantes en Catalunya.

Sin embargo, su presencia en el Parlament da confianza a los neonazis en la calle; ya hemos visto un aumento en los ataques físicos fascistas a lo largo de la campaña electoral. La lucha contra VOX deberá intensificarse.

Las protestas urgentes que tuvieron lugar en más de una treintena de pueblos y ciudades de Catalunya la noche después de las elecciones fueron una magnífica respuesta. Los grupos locales de UCFR —algunos de los cuales se habían formado solo unos días antes— juntaron, con pocas horas de antelación, a decenas o incluso centenares de personas… con las precauciones anti-Covid necesarias.

Hará falta un trabajo serio para consolidar esta respuesta urgente en un movimiento organizado y duradero.

Marx21

En esto, las y los activistas de la pequeña red anticapitalista, Marx21, juegan un papel importante. Por un lado, luchamos porque el movimiento unitario siga siendo amplio y enfocado en la lucha que le toca. Por otro —y en un esfuerzo a mucho más largo plazo— trabajamos para construir, desde una base modesta, una izquierda revolucionaria que pueda, con el tiempo, ofrecer una alternativa real a la diversa clase trabajadora de hoy.


David Karvala es militante de Marx21 y activista de Unitat Contra el Feixisme i el Racisme en Catalunya. Es autor del libro El Antifascismo del 99% (Ediciones La Tempestad, 2019). 

Foto: Khalid Ghali Bada @kghalib