De un delirio a otro: coronavirus, QAnon y la extrema derecha

Jeroen van der Starre

En los últimos meses, los “locos del virus”[1] o coronaescépticos han ido en aumento. Sus manifestaciones vienen en rápida sucesión y sus afirmaciones son cada día más absurdas. A pesar de esto, las campañas de desinformación de la extrema derecha parecen estar surtiendo efecto.

Hasta ahora, estas protestas han atraído como máximo a unos pocos miles de participantes, mucho más pequeñas que, por ejemplo, las protestas de Black Lives Matter. Sin embargo, es preocupante que ahora se estén llevando a cabo tantas manifestaciones de este tipo.

En primer lugar, por la propia crisis sanitaria. El gobierno prohibió durante mucho tiempo el hecho de taparse la cara en público y sólo se introdujeron mascarillas de forma limitada cuando el personal del transporte público lo exigió. Usar una mascarilla durante una pandemia es una cuestión de solidaridad básica. En particular, los negacionistas tratan de atacar esta solidaridad básica, calificando a las personas que tienen en cuenta su entorno de ovejas temerosas.

Ramificaciones nazis

Además, los coronaescépticos (los locos del virus que ahora se llaman a sí mismos “la verdad del virus”) difunden ideas de extrema derecha y, a menudo, neonazis. Un vistazo a sus diversas cuentas de Twitter lo deja claro: el grupo comparte regularmente artículos de sitios neonazis como Common Sense TV que creen que los Aliados derrotaron al “enemigo equivocado” en la Segunda Guerra Mundial. También compartieron un artículo del neonazi Frontnieuws que afirmaba que el inversionista judío George Soros soborna a los jueces europeos.

Los coronaescépticos afirman que todos los partidos políticos en los Países Bajos, con la excepción de la extrema derecha, participan en la conspiración. Los partidos de izquierda son “oposición controlada”, es decir, se les pagaría por conformar una oposición falsa. Desde entonces, Willem Engel ha llegado a afirmar que el virus es un engaño y parte de una “guerra cultural” para establecer una dictadura comunista europea siguiendo el ejemplo chino. Con este fin, toda la cultura nacional debería “borrarse”. De esta forma, Engel trata de incrustar su movimiento en las teorías conspirativas neofascistas que conocemos del partido ultra, “Foro por la Democracia”.

Engel, sin embargo, va más allá de lo que se atreven los partidos parlamentarios de derecha. Por ejemplo, piensa que la “falta de libertad en la Segunda Guerra Mundial” todavía no era nada comparada con la obligación de ponerse mascarilla en el centro de Rotterdam. Tales afirmaciones absurdas no sólo sirven para criminalizar el uso de las mascarillas, sino sobre todo para minimizar el Holocausto.

Willem Engel, portavoz de los locos del virus. Foto: LAURENS VAN PUTTEN/HH

QAnon

Mientras tanto, la teoría de la conspiración QAnon, altamente tóxica, también está aumentando en los mismos círculos. Desde hace varios años, el lado extremista de los partidarios de Trump viene saliendo con “revelaciones” que están firmadas con “Q”, que se refiere a un grupo secreto dentro de los servicios de seguridad estadounidenses y que luchan con Trump contra una élite secreta. Es un intento bastante ostentoso de rectificar la política fallida de Trump, al igual que su desastrosa política del coronavirus.

El investigador de QAnon, Travis View, la llama una “teoría paraguas”: es un metarelato en el que casi cualquier otra teoría de la conspiración se puede entretejer. Al mismo tiempo, las “revelaciones” de Q son extremadamente vagas, lo que obliga a los partidarios de la teoría a “investigar” para descifrarlas. La teoría que así surge es extremadamente complicada y completamente inconsistente. Es por eso que los seguidores pueden agregar, omitir o adaptar elementos al contenido.

En el corazón de la teoría de QAnon está la idea que el mundo está dirigido en secreto por “los Cabal”, un pequeño grupo de demonios judíos pedófilos satánicos. Los “Cabal” secuestran niños todo el tiempo para violarlos. El adrenocromo (sangre cargada de adrenalina, la supuesta droga de los Illuminati) se extraería de estas criaturas, lo que actuaría como suero y fármaco rejuvenecedor. Sin embargo, Donald Trump se ha puesto de pie para luchar contra el mal y, por lo tanto, cualquier tontería del presidente de Estados Unidos es en realidad un plan de “Cabal”. Como es habitual con este tipo de teorías, la teoría se remonta al pensamiento clásico de conspiración antisemita. En este caso, el “Libelo de sangre”: el mito de que los judíos secuestran regularmente a niños para matarlos ritualmente.

Frikis semi-famosos

En los Países Bajos, esta teoría es impulsada principalmente por los sectores más extremos de los medios de extrema derecha, como el neofascista Blue Tiger y el charlatán YouTuber de extrema derecha, Sven Hulleman. La mayoría de la extrema derecha, incluso The Daily Standard y Robert Jensen, que por lo general no se avergüenzan de tonterías extrañas, se mantienen alejados de la teoría por el momento. Sin embargo, Lange Frans (rapero y presentador de TV) y algunos otros holandeses semi-famosos sí difunden esta teoría y los locos del virus también retuitean las cuentas de QAnon con gran frecuencia. Durante la manifestación negacionista del 16 de agosto, el eslogan de QAnon “WWG1WGA” (“donde vamos uno, vamos todos”) se incluyó en el texto de la convocatoria para la manifestación.

A pesar de su carácter absurdo, QAnon parece ser una puerta de entrada eficaz a otras ideas de extrema derecha. Precisamente porque la teoría es tan flexible, puede atraer a nuevos grupos al movimiento de extrema derecha, como personas espirituales, personas susceptibles a las teorías de la conspiración, hippies y otras figuras marginales pequeñoburguesas. Eso es parte de la explicación del hecho de que las manifestaciones de los coronaescépticos son una mezcla tan extraña de tipos flotantes, neonazis y hooligans del fútbol. Pero, extraña mezcla o no, es de esta manera que las protestas callejeras de extrema derecha comienzan a adquirir un carácter más amplio y masivo.

“Las vidas blancas importan”

Esto no ha pasado desapercibido para los grandes partidos neofascistas y de extrema derecha. PVV —el partido de Geert Wilders— y FvD —Foro por la Democracia, más claramente fascista— intentan dar apoyo a los negacionistas sin asociarse demasiado con teorías de conspiración demasiado absurdas. Thierry Baudet, dirigente de FvD, ya indicó en junio que apoya el movimiento “entre bastidores”.

Mientras tanto, el movimiento de derecha en general está tratando de capitalizar el éxito de los coronaescépticos movilizándose también por otros temas. Con este fin, se utilizó el asesinato de Bas van Wijk de la manera más descarada. Dos días después de ese asesinato, el principal periódico neerlandés De Telegraaf escribió que el autor tenía la piel oscura, tras lo cual todo el movimiento de extrema derecha —la web alt-right sensacionalista GeenStijl y TPO; los partidos PVV y FvD y también los “locos del virus”— tomó medidas para exagerar y enmarcar el incidente como una expresión de “odio a los blancos”. Antes de que terminara el día, se planeó una manifestación sobre el tema: “las vidas de los blancos importan”.

Afortunadamente, esa acción no dio el resultado esperado. Los familiares de Bas van Wijk se pronunciaron en contra de los intentos de hacer un mal uso de su muerte con fines políticos. Al final, a lo sumo unos pocos cientos de personas asistieron a la manifestación, incluido Rob Roos de FvD, algunos neonazis de Outpost, y el rapero Baas B, que aparentemente está tan confundido como su socio, Lange Frans.

Estrategia

El método de la extrema derecha sigue exactamente el guion de los disturbios de Chemnitz en 2018, donde los medios de la extrema derecha alemanes incitaron a manifestaciones que terminaron en pogromos en la ciudad. Migrantes y periodistas fueron atacados en las calles y un restaurante judío incendiado.

Un día después de la acción fallida, FvD publicó un anuncio racista en el que las protestas de Black Lives Matter, el asesinato de Bas van Wijk y los disturbios en Schilderswijk se enmarcaban como parte de una guerra contra la población “blanca” y aludían a la limpieza étnica como solución. No hay duda de que la extrema derecha volverá a intentar en el futuro organizar protestas callejeras racistas.

Lange Frans termina su último videoclip con la predicción de que “será … hermoso este verano”. La extrema derecha tiene el viento a su favor y se siente fuerte. Según la web Trouw, ahora hemos llegado al punto en el que casi una décima parte de la población holandesa es susceptible a las teorías de la conspiración sobre el coronavirus. Lo cierto es que este verano la extrema derecha ha dado un gran paso para involucrar a sectores más amplios de personas en su movimiento y difundir las más repugnantes teorías de la conspiración.

Sin embargo, no es automático que la extrema derecha siempre tenga éxito cuando toma la iniciativa. El coronavirus demostró una vez más cómo la destrucción capitalista de la naturaleza conduce a desastres y cómo el colapso neoliberal del sistema de salud es la peor preparación posible para ello. El gobierno permitió que el coronavirus se saliera de control por priorizar los intereses corporativos y desde entonces ha destacado en políticas contradictorias, inconsistentes y semi-blandas, mientras los partidos de izquierda inicialmente guardaron silencio. Por otro lado, decenas de miles de personas salieron a las calles contra el racismo en junio, pero debido a que las acciones no tuvieron continuidad y también fueron altamente despolitizadas, su impacto social fue limitado. Mientras la izquierda deje el campo de juego tan abierto, la extrema derecha seguirá saliéndose con la suya con sus mentiras y teorías de conspiración.


Artículo publicado en socialisme.nu, web de nuestro grupo hermano en Países Bajos, Internationalen Socialisten.


[1]    La traducción literal sería “los locos del virus” y es el nombre coloquial para designar en los Países Bajos a los negacionistas, antivacunas… Entre ellos destaca Willem Engel (fundador del grupo Viruswaarheid), que afirma que llevar una mascarilla “no está lejos” de la estrella amarilla que llevaban los judíos durante la ocupación nazi.

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