Entrevista a Jordi Cuixart: “Lo que molesta al Estado es que la ciudadanía cuestione el status quo vigente”

Entrevista a Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural, realizada por David Karvala para Socialist Worker (GB) y otras publicaciones hermanas de Marx21. La entrevista se produjo cuando el Tribunal Supremo español devolvió a Cuixart a la cárcel tras un breve periodo de tercer grado.

CA ES

1. Llevas más de dos años y medio como preso político. ¿Cómo lo llevas?

Cuando asumes la condición de preso político, la cárcel se convierte en un altavoz de lucha. Y luchar por la libertad no deja de ser un privilegio, porque sabes que defiendes una causa colectiva y porque miles de hombres y mujeres lo han hecho a lo largo de la historia antes que tú, en condiciones infinitamente peores que las nuestras. Te sientes, modestamente, una parte minúscula de una cadena infinita de personas que han hecho mucho más de lo que tú podrás hacer nunca, pero a la vez te sientes parte. “Bajo un gobierno que encarcela injustamente, el verdadero lugar para un hombre justo es la prisión”, dice Thoreau. Y yo estoy aquí por ejercer derechos humanos como la libertad de expresión o el derecho a protesta, hoy perseguidos y condenados en el Estado español. Y hacerlo siempre desde la lucha no violenta y la desobediencia civil.

En octubre de 2017, el primer día que mi pareja y hermanas me visitaron en el locutorio de Soto del Real, les dije que se prepararan para un período de 10 años. La condena de 9 años no fue una sorpresa, porque en el Tribunal Supremo ya sabíamos que habría un juicio político, que buscaban escarmentar públicamente la disidencia política que representa el movimiento por la autodeterminación de Catalunya. Un juicio de Estado concebido desde el derecho penal del enemigo, tal y como estamos acostumbrados a ver en países como Turquía, fuera de la UE. Por eso acusamos a este Estado en lugar de defendernos de un delito que no hemos cometido: la fiscalía y la abogacía compartían la acusación de rebelión junto a la extrema derecha de Vox.

2. ¿Qué lecciones sacas de la experiencia del referéndum y del fallido intento de declarar la república en octubre de 2017?

Yo soy el presidente de Òmnium Cultural, la principal entidad cívico-cultural del Estado español con 185.000 socios y 60 años de historia. Y, como sociedad civil, nosotros ejercimos el derecho de protesta contra los poderes del Estado, en una manifestación contra el poder judicial el 20-S de 2017, así como la libertad de expresión para defender y llamar a la participación a los ciudadanos en el referéndum de autodeterminación del 1-O, organizado por el gobierno catalán pocos días después.

Y esto lo dicen el Grupo de detenciones arbitrarias de la ONU, Amnistía Internacional, Front Line Defenders, la Organización Mundial contra la tortura o el PEN Internacional, que han exigido mi libertad. Defendimos y defendemos la legitimidad del acto de desobediencia civil masiva que hicieron más de 2 millones de ciudadanos, defendiendo con el propio cuerpo urnas y papeletas prohibidas por el Estado, responsable de 1.000 heridos por la brutalidad policial.

El Estado no tolera que se le cuestione, aunque sea mediante sus propios mecanismos y a la que ha visto que miles de ciudadanos decían basta, ha actuado con violencia, tanto institucional como en la calle mediante la policía. Uno de los grandes aprendizajes es éste, saber que el Estado no tiene límites para preservar el poder sobre la ciudadanía, incluida la Corona. El grado de violencia institucional y abuso de poder al que están dispuestos a llegar todavía no lo conocemos, pero sí que hemos podido detectar una cosa: si bien hemos recibido muchas muestras de apoyo de los pueblos hermanos del Estado, y algunos hoy también sufren la represión, unos poderes del Estado y un sistema mediático al servicio de la unidad política de España al precio que sea, contribuyen al mismo tiempo a anestesiar a una parte muy importante de la población.

En relación a la vía represiva: Ni la cárcel ni el exilio pueden limitar la legítima aspiración de defender derechos humanos fundamentales o de ejercer el derecho a la autodeterminación y, si así lo desea una mayoría, construir la República catalana. Este derecho ya está reivindicado desde Lenin y Marx —“un pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre”— hasta el Nobel de la Paz Woodrow Wilson. La lucha no violenta y la desobediencia civil son unos de los mejores instrumentos que tiene la gente para cambiar situaciones injustas.

3. El Gobierno actual del PSOE y Podemos se ha puesto la etiqueta del “más progresista de la historia”. ¿Cómo evalúas su actuación respecto a la lucha catalana?

La indignación de la sociedad catalana estos días es aún mayor tras ver como el gobierno de Pedro Sánchez acaba de facilitar la fuga del rey emérito Juan Carlos I, cuando la corrupción ya es insostenible, y pactando en secreto con su hijo, el rey Felipe VI. Siempre hemos valorado el apoyo de Podemos a los presos políticos catalanes y la defensa del Derecho a la autodeterminación de Catalunya. Defendiendo que la represión nunca supondrá una resolución de un conflicto político. Podemos tiene un gran reto por delante; la ley mordaza que habían prometido derogar ejemplifica una herramienta de represión brutal, como la reforma laboral; si realmente son progresistas y de izquierdas, que deroguen ambas leyes como se comprometieron a hacer.

El problema es que el poder político, económico, mediático o judicial en España es heredero de diversas inercias franquistas, es fruto de una transición democrática con conquistas sociales que creíamos consolidadas, pero a la hora de la verdad se ha mostrado que había una clara voluntad de mantener el antiguo régimen y sus privilegios. Fíjese con la actitud del Rey emérito, más propia de comienzos del siglo pasado que no del actual.

Desde el inicio de la transición, los poderes de Madrid han renunciado a ofrecer un proyecto real y sincero a los catalanes, tanto desde el punto de vista plurinacional como federal, de un Estado que realmente defienda el bienestar y futuro digno para todos, de todos los pueblos de España, también de todos los ciudadanos de los Países Catalanes. Para empezar, es necesario que el Estado reconozca que hay un conflicto político, más allá de los encarcelamientos y los miles de encausados… hoy se está muy lejos.

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4. Se te conoce por destacar la parte social de la lucha nacional. ¿Cómo responderías a alguien que piensa que la independencia sólo supondría un cambio de banderas, y no comportaría mejoras sociales para la mayoría?

Si fuera por cambiar sólo una bandera os aseguro que yo no estaría en la cárcel. Nosotros queremos la República catalana por convicciones democráticas y de justicia social. No entendemos la lucha nacional sin la lucha social porque son dos caras de la misma moneda. Yo fui insumiso al servicio militar obligatorio y tanto me daba que fuera por la Monarquía española como por la República catalana. Lo hice por profundas convicciones pacifistas y antimilitaristas. A raíz del Covid-19 hemos visto a militares uniformados actuando de portavoces del gobierno para luchar contra una pandemia sanitaria…

La monarquía parlamentaria donde vivimos sufre una quiebra social, económica y democrática evidente. Vivimos en un Estado español que rescató con 60.000 millones a la banca, cuando desde entonces ha habido más de 600.000 mil desahucios; o bien ahora también con un gobierno pretendidamente de izquierdas que mantiene una política migratoria que niega el derecho a la vida, guardias civiles que han sido absueltos tras asesinar a 15 personas en el Tarajal. Y contra los tópicos que dibujan una Catalunya como una región rica, 1 de cada 4 vecinas nuestras sufre pobreza o riesgo de exclusión social. La emergencia social es una fractura social intolerable y también como entidad la combatimos; estamos fortaleciendo la red ciudadana y el empoderamiento de la ciudadanía, el Proyecto Lliures (Libres) iniciado en el año 2016 con entidades del tercer sector y la Banca ética responde a esta necesidad; con el Covid llueve sobre mojado, pero también la respuesta ciudadana ha sido mucho más contundente.

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5. Nuestro primer contacto fue cuando ayudaste a difundir y participaste en la manifestación de UCFR en marzo de 2016. ¿Cómo ves la amenaza del racismo y la extrema derecha en el ámbito internacional, y también en cuanto a la pequeña pero creciente extrema derecha catalanista?

En las protestas contra nuestra sentencia que mencionaba, jóvenes catalanes de origen magrebí fueron doblemente reprimidos por el color de su piel, con deportaciones y prisiones preventivas de hasta 8 meses que luego han quedado en nada. Barcelona protagonizó la manifestación pro refugiados más masiva de Europa, como había hecho antes en contra de la guerra de Irak.

El antirracismo es también una lucha compartida, que no entiende de países. El catalanismo cultural y político bebe de las esencias de la diversidad de la sociedad catalana y una versión etnocéntrica no creo yo que tenga ningún tipo de posibilidad de éxito. Yo soy hijo de murciana y más del 70% de los catalanes tenemos nuestro origen familiar fuera de Catalunya, pero esto no ha sido nunca un escollo sino lo contrario, la lengua y cultura catalanas han sido también uno de los principales ejes vertebradores de la cohesión social en el país. El hecho migratorio en nuestro país es mucho más estructural que estrictamente coyuntural y, por tanto, un motivo de orgullo y autoestima inmensos. Las nuevas oleadas migratorias son y serán de ciudadanos extracomunitarios, el gran reto es que nadie tenga que renunciar a nada para sentirse parte de un proyecto nacional construido sobre la base de la tolerancia, el respeto a la diversidad y el sentimiento de pertenencia colectiva; esto es la catalanidad del S.XX y XXI y no pienso que esté en riesgo, sino todo lo contrario. La literatura catalana es todo lo que se escribe en catalán en cualquier lugar del mundo y cultura catalana es todo lo que se haga en los Países Catalanes, no nos perderemos en debates estériles.

Vox tiene 52 escaños en el Congreso español, pero lo más preocupante es que marca la agenda a menudo al gobierno del PSOE y ya no hablemos de la derecha sociológica española… Éste es uno de los problemas más graves que tenemos actualmente. La legitimación por parte de muchos medios de comunicación de los postulados totalitarios e intolerantes de la extrema derecha española, sea dentro del partido que sea.

6. ¿Cómo ves la relación entre el movimiento independentista catalán y la población española normal y corriente? ¿Cómo se podría mejor la situación?

Como dije en el juicio del Supremo, nunca lograrán confrontarnos entre pueblos ni ciudadanos. Somos solidarios y corresponsables de cualquier defensa de los derechos humanos en cualquier parte del mundo. Hoy de Dani Gallardo que hace 8 meses que está en prisión preventiva sólo por participar en una manifestación en Madrid contra nuestra sentencia.

Debemos conocernos mejor unos a otros. Muchos medios de comunicación, partidos e instituciones reman en sentido contrario porque quieren que la gente se enfrente los unos contra los otros. El “a por ellos” es eso: enviar policías de diferentes rincones de España a pegar a los catalanes. La instrucción no tiene nada de inocente. Gente de a pie pegando a sus hermanos. Aquí no podemos escatimar ningún tipo de esfuerzo en explicarnos, cada día, más y mejor y sin desfallecimiento. El retroceso democrático en Catalunya afecta de la misma manera en Vallecas, Oviedo, Cáceres o Murcia, porque el trasfondo, lo que realmente molesta a los poderes del Estado, es la simple hipótesis de que la ciudadanía cuestione el statu quo vigente y que se pongan en riesgo, sus privilegios.

7. El movimiento independentista se ve muy dividido actualmente y, sobre todo, creo yo, sin estrategia. Y ahora tenemos la crisis del virus. ¿Qué propuestas planteas tú, o vosotros como Òmnium, de cara al próximo período?

Nosotros no tenemos una hoja de ruta política tradicional, no nos corresponde hacer, ni decir, lo que deben hacer los partidos, pero como entidad sí seguiremos trabajando para fortalecer la cohesión social desde el mundo de la cultura y la educación, siempre ha sido nuestra obsesión y hoy lo es más que nunca. También seguiremos ejerciendo los derechos fundamentales hoy condenados por el Tribunal Supremo porque sabemos que es la mejor manera de protegerlos, y obviamente seguimos trabajando para que Catalunya pueda ejercer y hacer efectivo su derecho a la autodeterminación.

Hoy por hoy sabemos que un referéndum pactado con el Gobierno español, como hicieron Escocia y el Reino Unido, es imposible. Y ciertamente, el soberanismo ha de consensuar una estrategia compartida para dar respuesta al objetivo que compartimos, respetando la pluralidad y diferencias que enriquecen al movimiento, pero sin olvidar que nos enfrentamos a un Estado que no nos regalará nada. Porque ninguna conquista social ha sido nunca ganada sin lucha ni sacrificios. Nosotros nunca actuaremos “de parte” de nadie, tenemos muy claro que esto no va de ganar elecciones autonómicas ni cuotas de poder, sino de ejercer derechos hoy vulnerados y de mejorar las condiciones de vida de todos.

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8. ¿Por qué este tema les debería importar a activistas anticapitalistas internacionales, y qué pueden hacer para ayudar?

Nosotros libramos un combate democrático en unas condiciones muy favorables si las comparamos con otras causas legítimas y otros presos políticos de todo el mundo. Pero que en 2020 la Unión Europea permita la condena penal de los derechos fundamentales de protesta y expresión, el encarcelamiento de activistas en nombre de la integridad territorial de un Estado miembro es una situación que, cinismo del relato oficial de Bruselas a parte, tiene consecuencias para el conjunto de la ciudadanía europea y del mundo y por extensión, para sus activistas que luchan para mejorar la sociedad. Desde Extinction Rebellion para luchar contra la emergencia ambiental, del movimiento feminista para derribar el patriarcado o del movimiento por una vivienda digna como representa la PAH en España, donde denunció las consecuencias de la sentencia que nos mantiene encarcelados.

Porque una trinchera que se abandona es una trinchera que perdemos todos, y cuando un gobierno pisa derechos y libertades impunemente y sin resistencia social, el riesgo de que otros gobiernos hagan lo mismo es evidente. Ya sufrimos bastante el impacto global de Trump, Bolsonaro o Orban.

Como se despidió Leone Ginzburg de su compañera Natalia, poco antes de ser fusilado: “Tengamos coraje”.


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Fotos de cabecera y final: ©Dani Codina/Òmnium

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