La normalidad es el problema

David Robles

ES CA

No queremos volver a la normalidad ni a la “nueva normalidad” si ésta supone mantener las mismas bases productivas, las mismas desigualdades y las mismas injusticias. No queremos una normalidad ni una nueva normalidad que suponga que el 1% de la población controle el 99% de la riqueza, que el motor de la economía sea la ganancia, que las fuerzas productivas sigan siendo fuerzas destructivas y que la fuerza de trabajo y la naturaleza sigan siendo mercancías.

La crisis no lo ha provocado el coronavirus, la crisis la ha provocado el sistema capitalista y la solución a esta crisis ni puede pasar simplemente por asegurar la liquidez de la gran banca y de las empresas, ni porque el endeudamiento público se pague en futuro con más austeridad, memorandos, condicionamientos, con recortes y más privatización de los servicios públicos.

La crisis más profunda

Nos enfrentamos a la mayor y más rápida crisis económica global vivida. La Organización Mundial de Trabajo (OIT) prevé la pérdida de más 195 millones de puestos de trabajo y el Fondo Monetario Mundial estima una caída del PIB global en torno al 3%. En el Estado español se prevé la caída en 12,4 puntos porcentuales y la deuda pública no bajará del 115% del PIB en los próximos años y todo esto se podrá ver agravado en el supuesto de rebrotes de la pandemia, quedando de manifiesto la irresponsabilidad que ha supuesto dejar en manos del libre mercado tanto la sanidad como las respuestas para hacer frente a la pandemia provocada por el virus COVID-19.

Se ha salido anteriormente de las crisis económicas socializando las pérdidas, siendo las clases populares y trabajadoras las más perjudicadas, pagando la crisis, con nuevas reformas laborales en su contra, con mayor precariedad, marginación y exclusión social. Esta crisis no puede ser usada para volver a relanzar el capitalismo, un sistema que se ha visto incapaz de mejorar las condiciones materiales de la inmensa mayoría de la ciudadanía, que ha puesto en juego la reproducción social y la vida, convirtiendo las fuerzas productivas en fuerzas destructivas y permitiendo una acumulación de riqueza nunca vista en tan pocas manos.

Tampoco el Estado del Bienestar ha sabido responder satisfactoriamente a la crisis económica y sanitaria. Tras años de políticas de austeridad, limitaciones en el gasto, recortes en los servicios públicos y privatizaciones se ha visto desbordado y a la vez atrapado en la globalización, incapaz de suministrar una respuesta contundente a la crisis.

Ni planes para salvar el capitalismo ni reformismo para salvar el Estado del Bienestar. Es necesario un nuevo sistema más justo, solidario y democrático, en base a un nuevo modelo de producción, que garantice el reparto de la riqueza, la vida digna de toda la ciudadanía, los cuidados y la reproducción de la vida en su más amplio sentido.

La respuesta del Estado español

Seguramente la respuesta social y quizás económica desde el gobierno español hubiera sido otra con un gobierno diferente al actual o sin el apoyo de Unidas Podemos. Entre las medidas adoptadas se encuentran el procedimiento simplificado de acceso a los ERTEs, la prestación por desempleo por causa de fuerza mayor, la prohibición de cortes de suministros básicos, la moratoria del pago de las hipotecas de viviendas y locales y oficinas de trabajadoras y trabajadores autónomos, las prórrogas o quitas en los contratos de alquiler, la creación del subsidio para las empleadas del hogar de alta en la Seguridad Social o la restricción de la publicidad de las casas de apuestas durante el estado de alarma.

Aunque con matices —por ejemplo, el Estado no debería de financiar ERTEs de empresas con beneficios millonarios— son medidas que refuerzan el escudo social para gran parte de la sociedad, pero nos enfrentamos a un peligro inminente. Las medidas sociales se están pagando con ayudas de la Unión Europea y un aumento de la deuda pública y no con la monetización de ésta, tampoco está prevista una reforma fiscal que aumente la presión sobre las rentas más altas y los grandes capitales. Por ello, el carácter real del gobierno se verá en función de en qué manera, durante en los próximos meses, haga frente a la presión de los mercados y a las exigencias de recortes y austeridad para equilibrar las cuentas públicas.

“En esta crisis nadie se puede quedar atrás”, no puede ser sólo un lema publicitario del gobierno español. Los y las migrantes en estancia irregular, manteros, el precariado, gran parte de las trabajadoras del hogar, la clase trabajadora informal o las trabajadoras sexuales, se han quedado atrás durante el estado de alarma. Y “la nueva normalidad” tampoco va a contar con ellos y ellas. El Ingreso Mínimo Vital, aunque puede hacer frente a parte de la pobreza extrema, sigue dejando abandonados a algunos colectivos vulnerables.

Desafiar al sistema

El resultado tras la pandemia del COVID-19 y la salida que se le dé a la ciudadanía será lo que la ciudadanía quiera, con nuestras acciones y nuestras contradicciones. Somos el sujeto y en pocos meses nos podremos enfrentar a una nueva oleada de ataques sociales como consecuencia del pago de la crisis. Pero una de las lecciones que hemos sacado en claro durante el estado de alarma y el confinamiento es que sin la clase trabajadora el sistema de reproducción del capital se para. Somos la palanca del cambio.

Se va a recrudecer la lucha de clases. Los recortes de servicios públicos, los EREs, la vuelta al trabajo sin la protección adecuada contra el coronavirus o la pérdida de derechos también es un reflejo de la lucha de clases… pero del capital contra la clase trabajadora. También lo es plantarse ante el hospital de IFEMA exigiendo Sanidad Pública, las huelgas de NISSAN o Alcoa y negarse a trabajar por falta de medidas contra el contagio o las redes de apoyo mutuo y de solidaridad.

No vamos a pagar más crisis. Y para eso es necesario articular una respuesta desde abajo. El 15M fue una de las respuestas a la crisis del año 2008. Puede abrirse pronto una oportunidad de cambio, abramos los ojos y desafiemos al sistema.


David Robles es militante de Marx21 en Sevilla.

Foto: Pepa Losada, protesta de la plantilla de la Alcoa, Lugo.

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