Trotski: concierto de provocaciones para libro inquieto [Versión completa]

  • Prólogo extendido a León Trotsky: Guía Anticapitalista, de Esme Choonara:
    En el folleto publicado, se incluye un prólogo algo más corto, también proporcionado por el mismo autor. Éste es “el montaje del director”, la versión completa del texto. [Nota de redacción]

Frank García Hernández[1]

a Juan Antonio, mi amigo y camarada de la andaluza ciudad de Camas; a Hoxha, uno de mis compañeros de clandestinaje nocturno: que reparta este libro por Todus y Zapya[2]; y a José Julián: que no existe el marxismo, sino los marxismos. Pensando en los tres, escribí este prólogo.

Recomendaciones para escuchar el concierto

Nadie se lee los prólogos. Todos nos saltamos las primeras páginas que estorban la llegada del libro en sí. Esta vez, se recomienda al lector que lo vuelva a hacer: nada le debe detener ante la vida del revolucionario León Davídovich Bronstein, alias Trotski[3]. Pero el escritor invitado está en la obligación de cumplir la tradición y molestar —prólogo mediante— al lector.

Más allá de los tres gruesos volúmenes[4] que escribió Isaac Deutscher y de la propia autobiografía[5] de Trotski, existen otras decenas de textos que pretenden narrar la vida del segundo hombre en importancia de la Revolución rusa. Pero, similar a la síntesis biográfica que alcanza Esme Choonara, sugiero tres títulos de reciente producción y, por tanto, más actualizados.

En orden cronológico, comienzo recomendando la biografía Trotsky, publicada en el 2015 por la editorial norteamericana Reaktion Books y perteneciente a su vez a la colección Critical Lives, que coordina dicha editora. Este libro, entre otros méritos, destaca por tener una amplia selección iconográfica. A la vez, su autor, el ensayista estadounidense y militante socialista Paul Le Blanc[6], centró el contenido en los periodos de la lucha contra Stalin. Es decir, Trotski dirigiendo primero —dentro de la dirección del Partido Comunista Ruso (bolchevique)— la Oposición de Izquierda y más tarde la Oposición Unida, seguido por su expulsión del PC, el destierro en Kazajstán y su último exilio, donde fundará la IV Internacional.

El segundo texto al que me refiero se editó en México, por la Editorial Fontamara en 2017 y forma parte de una compilación de ensayos[7] del historiador peruano Gabriel García Higueras. El autor la tituló León Davídovich Trotsky (1879-1940): Escorzo de una biografía. Es un breve ensayo de poco más de 120 páginas donde resalta la objetividad del investigador, un caso raro y valioso, pues no pocos textos se ven viciados por la idealización política o la vulgaridad estalinista.

Continuando el orden cronológico, seguiría entonces con el año 2019 y con el título En Memoria de León Trotski, editado también en México, esta vez por la Casa Museo León Trotski-Instituto de Derecho de Asilo. Su autor es Alan Woods, el historiador y dirigente de la Corriente Marxista Internacional, quien, sin perder nunca el rigor teórico, entrega una publicación enfocada desde una visión más divulgativa y militante que los textos antes mencionados. Tenemos entonces aquí un libro que guarda más puntos de contacto con el texto de Esme Choonara que los anteriormente descritos. Quizá por eso, pensando en el público cubano neófito en lo concerniente a Trotski, fue que se imprimió con la intención de traerla a La Habana y ser presentada en el 1er. Encuentro Internacional Académico León Trotsky.

Por último, fuera ya de la lista inicial y la “formalidad”, se puede recomendar el cómic Trotski para principiantes, del historietista mexicano Rius; que, aunque sin lugar a dudas resulta la biografía más divertida de todas, es necesario advertir que su autor sentía simpatías por la URSS muy cercanas al Kremlin.

Primer movimiento: Allegro de Invierno

Desde que nace Trotski, pareciera que está destinado a la revolución. El día exacto de su nacimiento: 7 de noviembre, será cuando en 1917 los bolcheviques tomen el Palacio de Invierno y triunfe el poder soviético. El año de su natalicio es 1879: los números invertidos de 1789, el año de la Revolución francesa.

La muerte de Trotski en México es también el final de la peregrinación de este judío errante, subversivo, comunista, dirigente político, algo epiléptico[8], estratega militar, intelectual, amante ocasional de Frida Kahlo, periodista, fundador de Internacionales, y que terminó atravesando tres continentes, en una época donde los aviones sólo servían para la guerra y los trenes eran unos lagartos metálicos. La casa donde murió, por demás, estaba en una calle llamada Viena, la ciudad por donde comenzó su exilio. Era como si quedara por siempre atrapado en un viaje: de las Europas al Nuevo Mundo y otra vez empezar, sin poder volver nunca más a su tierra.

El comienzo de su primer exilio, en 1902 y con solo 23 años, es un prólogo a lo que será su vida. Justo antes de cruzar por primera vez la frontera rusa, comenzaba su historia a mostrarse complicada: sus camaradas exiliados lo esperan en Zurich, pero a la hora de comprar el pasaje, en la misma terminal de trenes, Trotski se percata que sólo tiene dinero para seguir hasta Viena; o se queda en Rusia donde lo persiguen. Llega a la capital austríaca, corre del andén directo a la redacción del periódico socialista Arbeiter Zeitung. Tiene la peregrina idea de que el director de dicha publicación —el famoso dirigente socialdemócrata Víctor Adler, a quien no conoce y Adler ni siquiera ha oído de él— le ayude a llegar a Suiza. Por demás, se le olvida que es domingo, y que Adler no estará en sus oficinas. Sin embargo, como es una revista disciplinadamente austríaca, tiene la suerte de que hay alguien trabajando en el local, pero también, como quien le recibe es un disciplinado trabajador austríaco, este no le quiere dar la dirección de su jefe y menos aún, que le molesten el descanso dominical. Pero Trotski, insistente como buen ruso[9], finalmente llegará a la casa de Adler, quien lo termina enviando a Zurich.

En Zurich estará muy poco, pues continuará a Londres, buscando el periódico de Lenin: Iskra. Desde la capital británica, será enviado por Vladímir Ulianov a impartir charlas en Bruselas, Lieja y varias localidades de Alemania, razón por la cual terminará residiendo en París, ciudad a la que en un principio, le hará un rechazo que él describirá como producto del conservadurismo de “el bárbaro que lucha[10]” contra lo nuevo.

Otra vez en Londres, rompe con Lenin en el Segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (P.O.S.D.R.) de 1903, que también había tenido sesiones en Bruselas: un cónclave histórico, pues de él nacerían las tendencias bolcheviques y mencheviques. En 1904 Trotski andará por Ginebra y Münich, alejado de la emigración rusa, ya que en ese mismo año ha roto también con los mencheviques, viéndose más tarde obligado por razones económicas a mudarse a Viena. Viendo que en la Rusia de 1905 comienza a nacer una situación revolucionaria, decide irse a Petrogrado, y en algún momento también se radicará en Finlandia, entonces parte del imperio zarista, estableciéndose en el pueblo bucólico de Rauha. Vivirá su primera revolución: la de 1905, dirigiendo y fundando el Soviet de Petrogrado, para después, en 1907, volver a ser deportado al norte de la Siberia, más allá del círculo polar.

Se fuga, y vía Suecia, vuelve a Viena en octubre de 1907 donde se establece por casi siete años. Entre finales de 1912 y hasta ya avanzado 1913, vive la experiencia de ser corresponsal de guerra en Serbia, Bulgaria y Rumania, país este donde conocería a Christian Rákovski[11], un comunista necesario y casi silenciado. Las crónicas de ese viaje, según Isaac Deutscher, son “ensayos (…) inestimables sobre los Balcanes antes de 1914[12]” y hoy, de una necesidad de publicación casi urgente. Para 1913, León Bronstein regresa a Zurich. Pero, inquieto, lo encontraremos mudándose a París en noviembre de 1914. Desde allá, coordinará en 1915 la 1ra. Conferencia Internacional Socialista, conocida también como Internacional zimmerwaldiana[13] que reunirá a toda la socialdemocracia opuesta a la Primera Guerra Mundial. Este hecho, más los artículos de su periódico Nashe Slovo que publicaba junto a Alexandra Kollantai[14], Karl Rádek[15], Anatoli Lunacharski[16] entre otros camaradas, y su anterior revista Golos, cerrada por el gobierno, le provoca el destierro de Francia en septiembre de 1916. Al ser rechazado por la mayoría de los países europeos, cruza los Pirineos rumbo a España, donde cae preso en Madrid. Las autoridades, queriéndose librar de él, lo pretenden deportar a La Habana, lugar a donde Trotski se negará rotundamente a ir: al parecer sus relaciones con Cuba siempre estuvieron destinadas al conflicto. Finalmente, logra embarcarse a New York[17], llegando el 13 de enero de 1917 y, una vez derrocado el zar en marzo de ese mismo año, parte de Estados Unidos hacia Rusia, siendo detenido durante su viaje en Canadá para arribar a Petrogrado el 17 de mayo de 1917. Será Trotski el segundo hombre de la Revolución bolchevique, y en medio de la mal llamada Guerra Civil de 1918 a 1921, entra en 1920 —no estando muy de acuerdo con ello— con el Ejército Rojo en Polonia, intentando tomar Varsovia. Durante el periodo de la Oposición de Izquierda, en 1926, por cuestiones de salud se va a Berlín. Una vez derrotado por Stalin, éste lo deporta a Kazajstán, llegando a Alma-Atá el 25 de enero de 1928, radicándose poco más de un año en la capital de este país, que ya entonces formaba parte de la Unión Soviética. Lo expulsa la burocracia de la URSS para no volver nunca más, y vivirá en Turquía desde febrero de 1929 hasta julio de 1932. En ese interregno, un grupo de estudiantes socialistas daneses lo invitan a Copenhague y estará en el país nórdico de noviembre a diciembre de 1932. De julio de 1935 a junio de 1937 vive en Francia, continuando su exilio en Noruega de donde marcha, ya para siempre, a México, donde llegará el 9 de enero de 1937 y morirá el 21 de agosto de 1940, en el Hospital de la Cruz Verde de la capital azteca, a las 7 y 25 pm. En resumen, que este autor sepa, Trotski visitaría, queriendo unas veces y la mayor parte no tanto, al menos, 20 países.

Cree el aldeano vanidoso que su aldea es el mundo, decía José Martí[18]. Y esto era algo que caracterizaba a Stalin: “sin el menor conocimiento de idiomas extranjeros, no había quien lo apartase del solar ruso[19]”, sentenciaba Lev Davídovich. Y estas limitantes nacionalistas Stalin las terminó imponiendo en su política, inicialmente, conduciendo a que en marzo y abril de 1917 ordenara desde el Pravda —junto a Kámenev— que los bolcheviques apoyaran el Gobierno Provisional y el regreso de los soldados a la guerra. Para más tarde, aplicar el socialismo en un solo país y disolver —entre otros más grandes horrores—, la Internacional Comunista en 1943, año en el cual desecharía a La Internacional como himno de la URSS, instaurando una marcha donde se le alababa a él y a la “Unión inalterable de repúblicas libres que unificó para siempre la gran Rusia[20]”.

Por su parte, Trotski supo que, en una época donde era difícil el acceso a la información —mucho más que hoy—, hablando una lengua limitada a lo que se consideraba la periferia europea; con escasos textos de Marx traducidos al ruso —y los que existían, de dudosa calidad—; radicada la gran parte del núcleo socialista de la época en la Europa central y occidental, donde primaban los idiomas alemán, francés e inglés; ante estas realidades, Trotski entendió que para convertirse en un revolucionario que pretendiera una verdadera transformación en Rusia, era necesario insertarse en la multiculturalidad, acceder a la mayor cantidad de producción intelectual y política posible, y dejar atrás el chovinismo eslavófilo. El tomar a Marx como guía y desarrollar una mentalidad que desbordaba los límites rusos —entonces casi feudales—, fue lo que conllevó a que Trotski viera la Revolución mundial como una condición imprescindible para el triunfo del socialismo.

Segundo movimiento: Allegro vivace

Pero a Trotski, además de perseguirlo el imperialismo, lo repudian todavía hoy buena parte de las organizaciones llamadas marxistas-leninistas, y, por si fuera poco, no sólo lo han censurado durante casi sesenta años en Cuba, sino que su asesino, Ramón Mercader, se exilió en La Habana estando Fidel Castro dirigiendo la isla. Aún mayor confusión generará saber que el famoso intelectual francés, Pierre Bourdieu diría que “Fascismo y comunismo se reconcilian mortalmente en el estalinismo[21]”. Es decir, en la ideología de Stalin: el que tras la muerte de Lenin gobernó en la Unión Soviética. Todo esto puede hacer que un lector que comienza en estos campos se pregunte si Trotski en realidad era comunista, pero también el lector debiera pensar cuan revolucionario puede ser censurar a otros comunistas.

Las razones de esta polémica, y parte de sus resultados —vistos desde la teoría que desarrolló Tony Cliff, donde la URSS no era socialista sino Capitalismo de Estado—, están recogidas en las páginas del libro de Esme Choonara, y no en este prólogo. Desde aquí, sólo se lanzan provocaciones para que, si el lector pensó que con leer esta biografía lo ha entendido todo, sepa que en realidad el objetivo que tuvo la autora no fue que se conformaran con lo leído, sino que fueran a por más.

El principal motivo de que este título —incluso en inglés— haya encontrado una excelente recepción en lectores hispanohablantes, no radica sólo en que Trotski resulta siempre atractivo y necesario, sino que el texto de Choonara está libre de la vulgarización en que se tiende a caer cuando, en pocas páginas, se intenta narrar algo complejo. Algo que sí sucedía con las dogmáticas síntesis biográficas que publicaban las editoriales soviéticas, las que, en el mejor de los casos, eran sobre Marx, Engels o Lenin, y en el peor de ellos, sobre los Secretarios Generales de las llamadas “democracias populares[22]” de Europa del Este, díganse, los Honecker[23], Jaruzelski[24] o Ceaușescu [25].

He aquí el gran mérito de Choonara y, estoy seguro, de que lo que más dolor de cabeza le habrá causado es: cómo hacer un texto sencillo sin ser banal ni esquemático.

Otra de las grandes valías que presenta este libro es que termina siendo un generador de grandes inquietudes. Choonara no sólo nos trae la biografía de un personaje histórico, sino que nos la presenta como la biografía de un revolucionario de la historia. De tal manera, el lector que comienza en estos rumbos —que es a quien esencialmente está dirigido—, se verá enredado, además de la lucha contra Stalin, también dentro de la Revolución rusa. Descubrirá, entre otras cosas, que aquí se habla de la persona que encabezando el Comité Militar Revolucionario —y no Lenin, ni mucho menos Stalin—, dirigió entre el 6 y el 7 de noviembre la toma del Palacio de Invierno. Verá que éste es el bolchevique que en enero de 1918 fundara el Ejército Rojo, logrando articularlo de manera que la Rusia soviética derrotase —armada con los soldados que venían de sufrir la Primera Guerra Mundial—, no sólo a la contrarrevolución interna, sino también la invasión de 14 países.

Pero sería muy reduccionista decir que este libro es sólo útil para quienes empiezan. Este libro es, por la cantidad de información —y además, información ubicada en contexto—, una de esas piezas referenciales que aclara de manera rápida dudas al detalle, dudas las cuales se nos pierden en los voluminosos ensayos y que Wikipedia en cierta medida nos puede solucionar, pero con el viso de la supuesta imparcialidad liberal y el reduccionismo que siempre sufre toda enciclopedia.

Originalmente, el libro forma parte de la colección Rebel’s Guide to… —publicada por la editorial británica Bookmarks—, y que agrupa pequeñas biografías de imprescindibles revolucionarios, los cuales no siempre son asumidos por la militancia comunista como debiera ser, y cuya ausencia se nota en las políticas de la izquierda marxista.

Tanto en dicha colección como en nuestro caso, la biografía lleva en la portada un dibujo de Trotski realizado por el artista ruso cubo-futurista, Yuri Annenkov. Este retrato, más que por su alta calidad artística, resalta por ser uno de los pocos dibujos que le hicieran a Trotski mientras formara parte de la dirección de la Rusia soviética. Algo que contrasta con el burdo culto a la personalidad desarrollado por el realismo socialista promovido por Stalin[26].

De tal forma, el lector hispanoamericano tendrá la oportunidad de leer ahora un nuevo título en español de la colección Rebel’s Guide to…, y a su vez, la ansiedad de esperar que se publique en nuestra lengua otro ejemplar de ella. Quizá, la dedicada a Jenny Marx —revolucionaria que muchos hemos olvidado—, escrita por la miembro del consejo de redacción de la revista británica International Socialism, Camilla Royle.

En español, la biografía de Choonara engrosa la colección de Guías Anticapitalistas, de la cual ya podemos leer el libro Lenin. La colección —que ahora renace—, es la continuación de la que inició la editorial En Lucha, con títulos entre los cuales destacaban no sólo “los clásicos”: Marx y Lenin, sino también “los clásicos de los herejes”: Rosa Luxemburgo y Gramsci.

Al renacer estas Guías… y al tener un público hispanohablante, deberían no sólo enfocarse en estos u otros revolucionarios europeos, sino que sería atractivo, justo y necesario, que se publicaran ciertas vidas anticapitalistas latinoamericanas. Individuos con quienes, se pueden guardar no pocas diferencias, pero que tuvieron un papel en la historia no precisamente aplaudido por la burguesía.

Por otra parte, esta colección tiene el gran mérito de entregar al lector herramientas para construirse un anticapitalismo revolucionario. El anticapitalismo, si no se encauza por la vía marxista, sufre de tendencias meramente ingenuas. Dígase, aquellas que atacan al sistema limitándose a romper una vidriera o pintar un grafiti; militando sin tener la respuesta —la revolución mundial— que hay que darle al problema —el capitalismo—. Postmodernismo mediante, estos personajes negadores de todo poder, incluso, de toda organización, renuncian a llamarse a sí mismos militantes, titulándose únicamente “activistas”. Tratan así de enfatizar simbólicamente, su constante ruptura con todo lo que pueda tener un vínculo con el comunismo, al que ellos siempre identifican como la versión totalitaria del estalinismo, negando así toda solución marxista.

Trotski, por el contrario, no sólo con su vida, sino con una teoría concisa, ofrece a quienes se acercan a la lucha anticapitalista los instrumentos para entender que el comunismo no es Stalin y que Stalin no es el salvador del comunismo. He aquí el propósito principal de Esme Choonara y, por tanto, de esta colección de biografías: crear conciencia de clase para organizar la lucha de clases.

Tercer movimiento: Allegro non tropo

La culpa de que exista esta biografía de Trotski en español la tiene un camarada llamado David Karvala[27]. Pero, el origen de todo nace, sorprendentemente, en La Habana, en una Cuba donde aún hoy no se ha publicado ningún libro de León Trotski, y donde la dirección política del país todavía no le tiene mucho cariño al viejo líder bolchevique.

Sin embargo, contrario a todo pronóstico, se terminó celebrando en la isla, entre el 6 y el 8 de mayo de 2019, el 1er Evento Académico Internacional León Trotski. A éste asistió el también camarada y amigo Héctor Puente Sierra —por entonces yo no lo conocía—, miembro del Comité Central del Socialist Worker’s Party[28] británico, quien llegó supuestamente sólo representando la revista teórica International Socialism. Esta publicación guarda nexos directos con la editorial Bookmarks y, por tanto, con él desembarcó por primera vez en La Habana la versión inglesa, la original, del libro de Esme Choonara, autora que por demás, fue a quien primero se designó como representante de International Socialism. El libro, por todo lo que ya se ha mencionado, tuvo la atención, no sólo del estudiantado universitario que asistió como público al evento, sino la de sus compañeros, entre quienes lo distribuyeron más tarde.

Como coordinador general de dicho evento, la reacción positiva ante el libro me llamó mucho la atención. De manera que, tras ser invitado a Barcelona por David Karvala, y asistiendo nosotros a una reunión con la editorial Sylone, les sugerí a estos editores —también amigos—, que publicaran en español el libro de Choonara, el mismo que Héctor había llevado a La Habana. Karvala lo escuchaba todo.

Hace más de dos meses, Karvala me dio la buena noticia de que habían decidido comenzar la traducción al español del texto de Choonara. Pensé en el impacto que tendría en Cuba, ya que, como será una versión digital, se podrá divulgar fácilmente entre un público al que le cuesta mucho trabajo acceder a textos de, o sobre, Trotski. Pero las situaciones de continua lucha revolucionaria en que se vive, me hicieron pensar que la traducción se iría postergando, hasta que llegasen tiempos menos convulsos —si llegaban—.

Hoy, una pandemia recorre el mundo y nos encierra a muchos en casa. Algunos sabemos que se avizora una gran crisis del capitalismo, y con un impacto terrible en la economía cubana. Entonces es cuando Karvala me da la excelente noticia de que no sólo se logró la traducción, sino que el libro se publicará en digital; y por si fuera poco, me pide prologarlo.

Pero esto produce que me acuerde de mi primera visita a Londres, que gestionó impresionantemente Héctor Puente. Me habían dicho que Esme asistiría a una conferencia[29] que impartí en la mañana con Alex Callinicos[30], de quien era yo su invitado, pero Esme no pudo estar. Yo no quería seguir viaje hacia Manchester sin conocerla y pregunto preocupado por ella: el octubre británico es traicionero y puede provocar gripes peligrosas. Entonces, su hermano Joseph[31] me dice que Esme no puede venir: ha tenido que hacer horas extras en el hospital donde ella trabaja como enfermera.

Eso fue en el otoño del 2019, y la excelente noticia de la edición en español de este título me llega ahora, en el momento en que Londres tiene más de una centena de muertos por el coronavirus. Me descubro entonces, sentado en mi escritorio, prologando el texto de Esme Choonara, mientras ella está salvando vidas en un hospital, rompiendo con su ejemplo los esquemas de la división social del trabajo que los emancipados intelectuales marxistas, con nuestros rezagos pequeñoburgueses, ayudamos a perpetuar.

Entre salones sobresaturados por culpa del manejo capitalista de la salud pública, y no tanto por la letalidad del virus, está dando la batalla por la vida de otras y otros, Esme Choonara: la autora de esta biografía de León Trotski.

Entonces es cuando yo, sociólogo e historiador, me avergüenzo de escribir este prólogo.

…desde Los Quemados, barrio obrero de la periferia de La Habana, día del aniversario 150 del natalicio de Lenin y a menos de dos semanas de cumplirse el primer año de celebrarse el Evento Académico Internacional León Trotski.


Notas

[1]    Frank García Hernández (La Habana, 1982): Historiador y sociólogo. Especialista en la historia de los trotskismos cubanos. Coordinó el 1er Evento Académico Internacional León Trotski celebrado en La Habana en 2019. Forma parte del comité organizador de la segunda edición de este encuentro a celebrarse en Brasil en noviembre de 2020. – Nota de red.

[2]    Redes sociales utilizadas en Cuba. – Nota de red.

[3]    La ortografía que este autor ha empleado al escribir el sustantivo propio Trotski —y no Trotsky, como es más común—, se debe a que en ruso no existe la letra Y, sino que el sonido “i” se recoge en una sola letra, la que nosotros entenderíamos como I Latina. Los conocidos ejemplos como Uritski, Lunacharski, Ospenski, son comunes. Trotsky no es más que un intento por pronunciar en inglés dicho apellido. En los textos en alemán el nombre del revolucionario ruso se lee Trotzkij. El autor, sin embargo, respeta la ortografía empleada por el resto de los autores.

[4]    Isaac Deutscher escribió la más detallada biografía de León Trotski, estoy hablando de El profeta armado: Trotski (1879-1921), El Profeta desarmado: Trotski (1921-1929) y El profeta desterrado: Trotski (1929-1940), publicadas respectivamente en 1954, 1959 y 1963.

[5]    Me refiero a Mi Vida. Intento autobiográfico redactada por Trotski en la isla turca de Prinkipo en 1929, durante los inicios del destierro al que le condenó Stalin. Recomiendo al lector una exquisita edición publicada en 2016 por Ediciones IPS, en conjunto con el Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky y la Casa Museo León Trotsky-Instituto de Derecho de Asilo. Dicha edición cuenta con otros textos incorporados, entre ellos Sobre el planeta sin visado de Alfred Rosmer y el testamento del mismo Trotski.

[6]    Le Blanc, profesor del Colegio La Roche, tiene en su autoría —junto al historiador residente en Canadá Bryan Palmer— una necesaria historia del trotskismo norteamericano en dos volúmenes. Paul Le Blanc militó en la International Socialist Organization hasta la disolución de la misma.

[7]    García Higueras, G., Trotsky en el espejo de la historia. Editorial Fontamara. México 2017

[8]    Confiesa Trotski que “La propensión a desvanecerme ante un dolor físico fuerte o un gran malestar era herencia de mi madre. Esto motivó a un médico norteamericano a sacar la conclusión de que tenía epilepsia.” Mi Vida. Intento autobiográfico. Museo Casa León Trotsky, Centro de Estudio, Investigación y Publicaciones León Trotski. Buenos Aires, 2016 pág. 341.

[9]    En realidad, Trotski nació en Ucrania, pero al parecer el viejo líder bolchevique no le daba mucha importancia a esto.

[10]   Trotski, L. Obra citada pág. 183

[11]   Dirigente bolchevique Kristian Rákovski (Bulgaria, 1873- Rusia soviética, 1941) en su más famoso texto Los peligros profesionales del poder, resume a la burocracia de la siguiente manera: “Cuando una clase toma el poder, algunos de sus miembros deben convertirse en agentes de este poder. Así surge la burocracia”. Es decir, la burocracia dirigente en sí no es el problema, ella no es más que un sector de la sociedad —o, según Cliff, de clase—: el problema es el curso político que tome esta burocracia. La cita de Rákovski proviene de la edición publicada en México por Brigada Cultural y que incluye una síntesis biográfica del autor. Se puede descargar gratis en el sitio web de la misma editorial: http://www.brigadaparaleerenlibertad.com

[12]   Deutscher, I. El profeta armado (1879-1921). Ediciones Era, México, 1966 pág. 192

[13]   Debido a que se celebrará en la ciudad suiza de Zimmerwald. Más tarde, estos marxistas se volverán a reunir en Keinthal. Este amago de Internacional servirá para reunir a los futuros miembros de la Internacional Comunista.

[14]   Alexandra Kollontai (1872-1952). Bolchevique que se destacó en el área de la diplomacia soviética. Miembro del Comité Central del POSDR (b) desde agosto de 1917. En 1921 encabezó junto a Alexander Schliápnikov la llamada Oposición Obrera desde donde reclamaba mayor poder político para los sindicatos. Como embajadora en México y manteniendo un perfil bajo, logró salvar su vida de las persecuciones estalinistas, siendo la única miembro del Buró Político de 1917 que sobreviviera a la Segunda Guerra Mundial y sin ser purgada por Stalin.

[15]   Karl Rádek (1885-1937) Prominente bolchevique, miembro de la Oposición de Izquierda hasta 1929 cuando abandona a Trotski. Sin embargo, nada de esto impidió que muriese en 1937 bajo extrañas circunstancias mientras, después de ser purgado, estuviera preso en un gulag.

[16]   Anatoli Lunacharski (1873-1933). Junto a Uritski uno de los primeros miembros del círculo de Trotski. Fue Comisario de las Artes y la Educación. Protegió a los artistas de las vanguardias soviéticas. A pesar de que desde 1922 comenzó a plegarse a Stalin, fue destituido en 1929 y enviado como embajador a España. En el viaje de Moscú a Madrid murió en extrañas circunstancias.

[17]   De su estancia en New York, el historiador norteamericano Alex Steiner tiene una excelente investigación iconográfica, donde recoge imágenes de la época —confrontándolas con las actuales—, de los lugares donde estuvo Trotsky.

[18]   José Martí (1853-1895). Héroe nacional cubano. Fundador del independentista Partido Revolucionario Cubano. Figura emblemática de la poesía modernista. Murió combatiendo en Cuba contra las tropas colonialistas españolas el 19 de mayo de 1895.

[19]   Trotsky, L. Historia de la Revolución Rusa. Volumen 1. Editorial Federico Engels, Madrid 2007 pág. 251.

[20]  Fragmento de la letra del himno soviético.

[21]   Bourdieu, P. Intervenciones 1961-2001. Ciencia social y acción política. Editorial Hiru, Hondarribia, 2004 pág. 171

[22]   Término político construido por el estalinismo para designar el sistema político de los países de la Europa oriental que se habían proclamado socialistas.

[23]   Erich Honecker (1912-1994), Secretario General del Partido Socialista Unificado Alemán (SED por sus siglas en alemán) de la República Democrática Alemana (RDA por sus siglas en español y DDR por sus siglas en alemán, también conocida como Alemania Oriental). Honecker se caracterizó, entre otros aspectos, por darle una fuerte participación directa a la policía política en la vida cultural y civil del país. Honecker se encontraba en el poder cuando la caída del Muro de Berlín. Tras la desaparición de la RDA se le intentó llevar a juicio —de dudosa transparencia—, razón por la cual se asiló primero en la Unión Soviética y después en Chile, falleciendo en Santiago, la capital de ese país sudamericano.

[24]  Wojciech Jaruzelski (1923-2014), Secretario General del Partido Obrero Unificado Polaco. En 1981 dio un autogolpe de Estado e impuso la Ley Marcial, reprimiendo con fuerza a los sindicatos —encabezados por el sindicato Solidaridad— que se habían organizado al margen y en contra del sistema, los que, además, llevaban semanas de huelgas masivas, principalmente, en la ciudad obrero portuaria de Gdansk. En 1989 el sindicato Solidaridad llegó al poder y Jaruzelski fue llevado a juicio, también de dudosa objetividad. Poco tiempo después, Solidaridad tomó rumbo hacia el más duro neoliberalismo.

[25]   Nicolas Ceaușescu (1918-1989). Primer Secretario del Partido Comunista de Rumanía. En diciembre de 1989 en la ciudad de Timisoara, ordenó disparar sobre estudiantes que se manifestaban en su contra. A raíz de este crimen, una rebelión cívico-militar lo depuso. Fue fusilado junto a su esposa Elena Ceaușescu el 25 de diciembre de 1989.

[26]  Sobre este tema, recomiendo el libro de Borís Groys, Obra de arte total Stalin, publicado en Valencia por la editorial Pre-Textos en 2008.

[27]   David Karvala es un persistente revolucionario. Tuvo un papel activo en la construcción del grupo de la corriente socialismo internacional (IST en sus siglas en inglés) en el Estado Español y en Catalunya, que se llamó sucesivamente Socialismo Internacional, Izquierda Revolucionaria y En Lucha. Tras la liquidación de En Lucha —cuando un ala mayoritaria lo disolvió en Anticapitalistas, entonces una corriente no oficial de Podemos; y en Catalunya, en la CUP, de la izquierda independentista—, Karvala, entre otras personas, se propuso la tarea de volver a construir un grupo de la IST; ahora toma la forma de la red anticapitalista Marx 21 en la que él milita. Jugó un papel clave en crear el movimiento amplio contra la extrema derecha, Unidad Contra el Fascismo y el Racismo. Por si fuera poco, es autor de títulos como Rusia 1917 o El antifascismo del 99% y ha coordinado los libros No pasarán… aunque lleven trajes y Combatir la islamofobia. Karvala nos debe un libro que compile —en español— sus no pocos artículos sobre diversos sucesos de la Guerra Fría, texto que este autor estaría encantado de prologar —y por supuesto, leer—, entre otros motivos, porque sé que tendríamos unos cuantos diferentes puntos de vista.

[28]  El SWP es el heredero actual del Socialist Review Group, fundado por Tony Cliff a principios de la década de 1950, cuando las y los militantes que defendían la teoría del Capitalismo de Estado fueron expulsados de la Cuarta Internacional. Tras varios años bajo el nombre International Socialists, pasó a llamarse el Socialist Worker’s Party en 1977.

[29]  La conferencia, que se realizó en Birkbeck University de Londres, estuvo precedida por una charla sobre las izquierdas de América Latina impartida por el profesor de historia contemporánea, Andy Brown.

[30]  Alex Callinicos forma parte de la dirección del SWP, así como de la coordinación de la corriente internacional, la IST. Es a su vez, director de su revista teórica, International Socialism. Catedrático del King’s College de Londres y director de su Centro de Estudios Europeos. Entre sus libros destacan Trotskismo, Contra el postmodernismo y Las ideas revolucionarias de Karl Marx. Salvo el texto Trotskismo, imprescindible para comprender la historia del movimiento trotskista internacional —y que es delicioso leer junto al libro del mismo nombre de Daniel Bensaïd—, los otros dos títulos —Contra el…, y Las ideas…— tienen ediciones en español, ambas pudiéndose descargar gratis en diferentes sitios de internet.

[31]   Joseph Choonara, economista, columnista de Socialist Review y miembro de la dirección del SWP. Entre sus obras destaca la necesaria A Reader’s Guide to Marx’s Capital, publicada en Londres por la editorial Bookmarks en 2017.

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