1. La pandemia del coronavirus, Covid-19, generalmente se presenta como un “desastre natural”, un “choque externo” al funcionamiento normal del sistema capitalista. Pero esto es completamente falso. Ha habido varios brotes nuevos de coronavirus y gripe (SARS, MERS, H5N1): los epidemiólogos advirtieron que representaban la amenaza de una pandemia global. Las condiciones para estos brotes se han creado, como lo han demostrado los trabajos de biólogos marxistas, especialmente Rob Wallace, por la propagación de la agroindustria intensiva y la penetración del mercado y del capital en áreas remotas donde se desarrollan nuevos virus entre las poblaciones de animales y aves salvajes. Es un buen ejemplo tanto de lo que Marx llamó la “grieta irreparable en el proceso interdependiente entre el metabolismo social y metabolismo natural” creada por la agricultura capitalista como, más en general, de la destrucción de la naturaleza que impulsa el cambio climático. Ésta es una pandemia completamente capitalista que, de no ser combatida, se cobrará la vida de unos 40 millones de personas (según las proyecciones del Imperial College London).

2. Las respuestas de los estados a la pandemia refleja, a su vez, las prioridades del capital. En las economías capitalistas avanzadas, la austeridad neoliberal ha conllevado una planificación de emergencia mínima (o incluso, como en el caso de la Casa Blanca de Trump, el desmantelamiento del equipo responsable de la respuestas ante las pandemias) y sistemas de atención médica que han sido despojados hasta los huesos. Los gobiernos han vacilado entre una respuesta mínima diseñada para mantener la economía en marcha (como en la notoria estrategia de “inmunidad colectiva”, que permite que la infección se propague entre la población, jugando con las vidas de los vulnerables, que inicialmente intentó Boris Johnson en Gran Bretaña y todavía se está implementando en los Países Bajos y Suecia) y los bloqueos impuestos mediante métodos autoritarios. La falta de planificación y preparación previa ha hecho que sea mucho más difícil seguir la estrategia de seguimiento-test-tratamiento que se aplica en algunos países asiáticos, provocando así miles de muertes, incluidas las de las personas que trabajan en la sanidad y que luchan por mantener las unidades de cuidados intensivos, al borde del colapso, funcionando.

3. La pandemia también está provocando una gran recesión económica, probablemente mayor que la recesión de 2008-2009. Tampoco hay nada natural en esto. En realidad, lo que refleja es la naturaleza de un sistema económico regido por la lógica del lucro. Los confinamientos inevitablemente interrumpen la producción: el cierre de la economía china a principios de año se ha extendido a través de las cadenas de suministro mundiales, y la propagación de la pandemia está cerrando sectores en el resto del mundo. Pero en una sociedad diferente, esto no conduciría al creciente desempleo que vemos por todo el mundo. El pánico extremo en los mercados financieros indica la fragilidad de una economía mundial que se ha mantenido a flote durante los últimos diez años por el dinero ultrabarato del banco central y una enorme acumulación de deuda corporativa (una condición exacerbada por la decisión de Rusia y de la Arabia Saudita de lanzar una guerra de precios del petróleo). La misma transferencia en masa de inversiones a dinero en efectivo (sobre todo dólares) que vimos en el apogeo del colapso en 2007-8 ha congelado los mercados y ha hecho caer todos los precios de los activos. Los estados han intervenido en una escala aún mayor que entonces, inundando el sistema financiero con liquidez y ofreciendo innumerables formas de apoyo a las empresas, especialmente a las grandes corporaciones. Estas medidas han incluido con frecuencia formas de apoyo a los ingresos de los trabajadores que han sido despedidos, pero éstas han sido limitadas tanto en cantidad como en cobertura, excluyendo con frecuencia a los trabajadores en el creciente sector informal (por ejemplo, en la economía del trabajo precario donde los trabajadores a menudo son forzados para describirse a sí mismos como “trabajadores autónomos”) y migrantes sin papeles. Una vez más, la prioridad ha sido defender los beneficios, no las vidas y los medios de vida de los y las trabajadoras de a pie.

4. Los gobiernos utilizan con frecuencia la retórica de la guerra frente a la pandemia y apelan a un interés nacional supuestamente compartido. Pero la carga de la crisis recae sobre las espaldas de las y los trabajadores. Las y los trabajadores de la salud a menudo se ven obligados a arriesgar sus vidas sin el equipo de protección personal adecuado. Si bien algunos grupos de trabajadores pueden trabajar online desde su hogar, un gran número, especialmente de trabajadores manuales, se ven obligados a seguir trabajando, a menudo de manera más intensiva y a mayor escala, generalmente en condiciones donde es imposible practicar el distanciamiento social: en granjas, fábricas, supermercados, farmacias, almacenes, furgonetas y camiones de reparto, camiones de basura, autobuses y trenes. Los trabajadores en el sector informal, que predominan entre la población urbana en gran parte del sur global, están severamente afectados por el confinamiento, que corta sus ingresos instantáneamente, como hemos visto en la desesperada huida de millones de trabajadores migrantes de las ciudades de la India. Covid-19 ha brindado un claro recordatorio de que el mundo del capitalismo globalizado del siglo XXI todavía depende del trabajo humano; de gente trabajadora que ahora está expuesta a nuevos peligros.

5. En su propia defensa, el sistema ha recurrido al mecanismo ideológico probado y comprobado de divide y vencerás. La insistencia de Trump en hablar sobre “el virus chino” ha legitimado una miríada de ataques racistas e insultos dirigidos a las personas orientales. Los migrantes y los refugiados son particularmente vulnerables, como se ha demostrado en las horribles escenas en la frontera entre Turquía y Grecia. Los estados se empecinan en armarse de medidas y poderes represivos adicionales, que serán reacios a revertir cuando termine la crisis inmediata. Mientras que el juego de acusaciones entre Estados Unidos y China y la parálisis dentro de la Unión Europea profundizarán las rivalidades inter imperialistas.

6. La crisis del coronavirus, en otras palabras, surge de las condiciones creadas por las formas contemporáneas de acumulación de capital y sus consecuencias se traducen a través del antagonismo de clase y la competencia inter-capitalista que constituyen la sociedad capitalista. Pero los líderes oficiales de la izquierda y el movimiento obrero se han alineado con las llamadas de los gobiernos a la unidad nacional. Los políticos socialdemócratas y los líderes sindicales se han hecho eco, en gran medida, de la política oficial y han acogido con satisfacción las medidas para apuntalar la economía, a pesar de que están diseñadas para defender los beneficios y no las vidas. Pero a pesar de los efectos desmovilizadores de esta postura, grupos de trabajadores han tomado medidas, especialmente en Francia, Italia y los Estados Unidos, forzando el cierre de lugares de trabajo no esenciales y exigiendo equipos de protección donde necesitan seguir trabajando. Esta respuesta inicial de la clase trabajadora debe extenderse a través de una acción más amplia para plasmarse en un programa que se convierta en un eje de lucha.

7. Este programa debe incluir demandas como:

    • El control estatal de la economía para reasignar recursos a la atención médica, para producir el equipo necesario para tratar a los pacientes y proteger a sus cuidadores/as, y para satisfacer las necesidades esenciales de la población.
    • La provisión permanente de atención médica gratuita, según la necesidad, adecuadamente financiada por impuestos progresivos.
    • Esta reasignación de recursos debe ser financiada mediante recortes drásticos del gasto militar.
    • Las y los trabajadores esenciales deben ser aquellos que realmente hacen una contribución esencial al bienestar de la población y deben contar con condiciones seguras para viajar al trabajo y realizar los mismos.
    • A todos las y los trabajadores no esenciales que no pueden trabajar desde casa deben recibir un salario digno, independientemente de su situación legal;
    • Apoyo financiero estatal para las comunidades, con el apoyo de sus ayuntamientos, para organizar el apoyo a las personas vulnerables y asegurar la distribución adecuada de alimentos, medicamentos y otras necesidades.
    • Nacionalización sin compensación de las empresas que aumenten los precios de forma abusiva.
    • Rechazar el racismo y los intentos de hacer de los y las migrantes chivos expiatorios: cerrar los CIEs y los campos de refugiados y proporcionar a sus reclusos/as viviendas donde puedan autoaislarse; seguir (pero mejorar) el ejemplo de Portugal y otorgar el derecho de residencia a la gente migrante y refugiada.
    • Defender las libertades civiles: no dar poderes especiales a la policía; el confinamiento lo debe hacer cumplir las organizaciones vecinales.

8. La pandemia de Covid-19 ha dejado expuestos los límites del capital. Los gobiernos de derecha encabezados por Trump, Merkel y Johnson se han visto obligados a invadir dominios prohibidos por el estado bajo el neoliberalismo, suscribiendo una amplia gama de actividades económicas y requiriendo la producción industrial del equipo requerido ante la emergencia sanitaria. Aunque inadecuadas y llevadas a cabo para proteger el capitalismo y desde arriba, estas políticas demuestran que existe una alternativa a la forma dominante del capitalismo neoliberal. Esto ocurrió en el momento en que la propia pandemia —como ocurrió con las inundaciones del África Oriental y la quema de la Amazonia el año pasado, y los incendios forestales australianos a principios de 2020— revela la magnitud de la destrucción de la naturaleza por parte del capitalismo. En otras palabras, el socialismo desde abajo —en el cual las personas trabajadoras toman el control democrático del mundo y sus recursos y producen sin necesidad de obtener ganancias— es posible y necesario. No debería haber ningún retorno a la normalidad que está generando estos desastres. La pandemia es un evento aterrador que demuestra el verdadero poder destructivo del capitalismo. Pero una poderosa respuesta política desde la izquierda puede sentar las bases para otro tipo de mundo, donde la humanidad tenga un futuro.

La coordinación de la Corriente Socialismo Internacional (IST)  

01/04/2020

  1. Ver, por ejemplo, Rob Wallace, Alex Liebman, Luiz Fernando Chaves, y Roderick Wallace, “Covid-19 and the Circuits of Capital”, Monthly Review (27 de marzo de 2020); Rob Wallace, Coronavirus: “La agroindustria puede provocar millones de muertes” (entrevista del 11 de marzo de 2020; publicada en castellano en Marx21.net); y Joseph Choonara, “Socialism in a Time of Pandemics”, International Socialism 166 (primavera de 2020),