Cuerpos en estado de alarma

Ibrahima Dabo y Laura Ribera

ES CA

Crecimos en los frondosos bosques de la región de la Casamance (Senegal) en estado de alarma mientras escapábamos de las metralletas y corríamos para no ser capturados por los rebeldes. El cuerpo siempre lo teníamos en alerta. Nuestra precaria vida nos ha hecho estar continuamente en este estado; ¿cómo se alimentarán nuestras familias? ¿Cómo podemos acceder a un trabajo digno? Nuestros cuerpos han recorrido las calles y callejones de todo Senegal luchando por dignificar nuestro futuro. Algunas personas decidimos marcharnos a otros países. Durante dos años en Marruecos difícilmente recordamos dormir una noche seguida, siempre en estado de alarma, esperando que las fuerzas policiales hicieran redadas en las casas donde vivíamos los sin papeles. De nada sirvió intentar solicitar una visa para entrar en el Estado español, algunos cuerpos del sur global tenemos las fronteras permanentemente cerradas. Es un estado de alarma que se perpetúa en el tiempo.

En el Estado español conocimos una nueva realidad, durante años hemos sido los sin papeles, los desposeídos de todo. Caminamos con miedo a ser parados por las fuerzas policiales y siempre con la urgencia de encontrar un lugar donde vivir, un lugar donde parar la manta un rato, un lugar donde no ser molestados. Y no somos los únicos, los cuerpos migrados en estado de alarma conviven con personas sistemáticamente al margen de este sistema cuyas vidas sufren las consecuencias de estar siempre en la periferia y en la exclusión.

Estos días todo el mundo habla de emergencia global -europea- y los medios al servicio del sistema sólo repiten eso. Crisis, pandemia, confinamiento… corriendo arriba y abajo para asegurar las provisiones de comida y productos “esenciales” para pasar los días en casa. El gobierno del Estado español declara el estado de alarma y todo el mundo parece estar en tensión. Algo nuevo para quien siempre se ha beneficiado de este sistema, nuevo para los cuerpos que -casi- nunca han vivido en estado de alarma.

¿El estado de alarma puede ser, por primera vez, colectivo? La histeria que socialmente vivimos puede servir para reinventarnos. Los cuerpos estos días frágiles tiemblan ante un sistema que pone a los beneficios por delante de las personas y que ahora afecta a muchas más, aunque nunca ha dejado de hacerlo. Individualismo, egoísmo, irresponsabilidad colectiva son algunos de los frutos del capitalismo. Repensar la base de la fragilidad de vuestros cuerpos temporalmente en estado de alarma es esencial para hacer frente no sólo a esta situación sino a las futuras crisis que el sistema producirá: económicas, climáticas, bélicas…

Tenemos que darnos cuenta que el estado de alarma actual afectará a la clase trabajadora y es esencial que frente a esto podamos pensarnos como colectivo. La precariedad es parte de este sistema y ahora aún estará más extendida y afectará a más gente.

Acercaos a aquellos cuerpos que hace años que vivimos en estado de alarma y repensémonos juntos. Si situaciones “excepcionales” nos refuerzan para ampliar la base de nuestro entendernos colectivo como clase trabajadora, entonces podremos ser capaces de revertir el estado de alarma permanente en el que en realidad vivimos.

Dossier Coronavirus

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