9. La lucha de clases en Rusia

 

Es erróneo hablar de una época estalinista

El ascenso de la burocracia al status de clase dirigente expresa el hecho de que la misión histórica de la burocracia estalinista, establecer el capitalismo en Rusia, ha sido ya agotada a nivel internacional, pero aún no en el marco nacional. Al mismo tiempo la burocracia, al basarse en la planificación ¾un elemento de la “invasión de la sociedad socialista” que aprovecha para su misión capitalista de acumular capital¾, cubre en unas pocas décadas el camino histórico que a la burguesía occidental le costó alrededor de doscientos años recorrer. Basándose en elementos de la sociedad futura para fortalecer relaciones del pasado, la burocracia subvierte rápidamente esas mismas relaciones y, al hacerlo, prepara una nueva versión de la revolución proletaria sobre una base histórica mucho más fuerte que la de 1917.

Ya en sus primeros años como clase dominante, la burocracia adoptó las características totalitarias del viejo y decadente capitalismo; esto ya demuestra su carácter de anomalía histórica sin futuro. La burocracia se ve obligada a llevar adelante una inmensa campaña propagandística contra los burócratas, a presentarse como defensora de los trabajadores frente a la burocracia; tiene conciencia de culpa, es usurpadora y carece de legitimidad histórica.

La propiedad estatal capitalista provoca la ira de las masas. Desde el inicio de la transformación de la burocracia en clase, la espada de Damocles ha pendido amenazadoramente sobre su cabeza. Mientras que el capitalista de los siglos XVI a XIX podía prever un futuro glorioso en el que él mismo representaría a la humanidad en su conjunto, la burocracia estalinista, al cumplir hoy en día la función histórica de ese capitalista, no puede sino sentir que sus raíces están en una concatenación transitoria y temporal de circunstancias nacionales e internacionales. De ahí su totalitarismo.

El terror burocrático, que afecta a los propios burócratas, revela la posición anómala que ocupa esta criatura híbrida. En el capitalismo tradicional, la competencia entre los capitalistas asegura que cada uno de ellos tratará de ser lo más eficiente posible. En una economía socialista, la conciencia social, la preocupación por los intereses de la sociedad en su conjunto, las relaciones armoniosas entre la gente son el fundamento de la eficiencia. Sin embargo, la burocracia estalinista es tanto resultado como causa de la falta de armonía en las relaciones humanas, de los antagonismos personales y de clase, del egoísmo sin límite que domina en Rusia. Por lo tanto, la razón de ser de una economía socialista planificada —el control de los productores en interés de los mismos productores— no existe en Rusia y no puede asegurar una producción eficiente; por otro lado, la conexión directa entre la eficiencia de la empresa particular y los ingresos de sus gerentes, que se da bajo el capitalismo privado, tampoco existe. El único medio que le queda al Estado burocrático de asegurar la eficiencia es el terror dirigido contra los burócratas individuales.

El terror de la burocracia contra los burócratas tiene una función adicional. Como dice Ciliga:

“Este método original de calmar la ira del pueblo (las purgas terroristas) me recordaba al relato de Marco Polo sobre el Emperador Mongol que reinaba en Pekín en aquel entonces. Era costumbre que se entregara a la muchedumbre, una vez cada diez o quince años, al ministro más aborrecido por ésta, lo que permitía al emperador oprimir tranquilamente diez o quince años más al pueblo. Lo que yo vi en Rusia me trajo a la mente más de una vez a aquel emperador mongol.”1

Debido a que entre la burocracia estalinista y las masas se abre una brecha mucho mayor de la que nunca ha existido en la historia entre dominantes y dominados, es de primera importancia para la burocracia encontrar chivos expiatorios.

Aunque la burocracia nació con todos los signos de una clase en declive, sería demasiado simplista afirmar que cada avance de las fuerzas productivas, cada adición a la clase trabajadora, subvertirá directa e inmediatamente la posición de la burocracia. No, la realidad es mucho más compleja.

La influencia directa inicial de la industrialización y la “colectivización” sobre la relación de fuerzas entre proletariado y burocracia

El número de trabajadores en Rusia creció muy rápidamente durante el Primer Plan Quinquenal. En 1928 trabajaban tres millones de personas en las industrias manufactureras y de extracción de minerales; en 1932, la cifra ascendía a ocho millones, un aumento del 160%. La gran mayoría de los trabajadores, pues, eran individuos inexpertos recién llegados de los pueblos, aún no educados ni organizados por el proceso de producción social.

Al mismo tiempo el rápido desarrollo industrial y la consiguiente escasez de técnicos, trabajadores cualificados, funcionarios, etc., abrió las puertas de la burocracia a muchos trabajadores veteranos y, naturalmente, cuanto más experimentado e inteligente era el trabajador, tanta mayor su posibilidad de ascender en la jerarquía.

Estos dos factores, la dilución de la clase trabajadora por elementos inexpertos y la salida de ella de elementos militantes, también habían constituido un gran obstáculo para el desarrollo de un movimiento obrero independiente en las muy distintas circunstancias históricas de los Estados Unidos de hacía algunas décadas.

En Rusia los problemas del movimiento obrero durante los Planes Quinquenales son mucho mayores que los experimentados por el movimiento obrero norteamericano. Además de la terrible presión de la policía secreta, la fatiga de las masas después de tantos años de esfuerzos sobrehumanos y de la desorientación ideológica que es tanto resultado como causa de la debilidad del movimiento obrero ruso, hay que tener en cuenta otro factor: la creación por parte de la burocracia de una capa privilegiada entre los oprimidos. Ésta es una de las armas más eficaces que empuña el opresor en su control de las masas.

Cuando Napoleón dijo que los cañones más pesados no servían de nada ante los estómagos vacíos, no tenía toda la razón. Bajo ciertas circunstancias, el estómago vacío no provoca resistencia sino sumisión, como fue el caso durante los primeros años de la industrialización por la burocracia estalinista. Víctor Serge dijo:

“Una inmensa miseria surgirá de su política [de la burocracia], pero en ella, incluso los mínimos beneficios materiales serán preciosos. Bastará con ofrecer a un trabajador un plato de sopa mínimamente nutritiva y un lugar de abrigo mínimamente habitable en invierno para que se convierta en privilegiado entre la miseria generalizada… De esta manera se formará una capa de burócratas subordinados en las empresas, en las células del Partido y en los pueblos, donde la colectivización dará como resultado una nueva diferenciación entre dirigentes y dirigidos. Alrededor de los primeros gravitará una clientela ansiosa de servir; la propia miseria consolidará a aquéllos que la crearon.”2

La presión de la maquinaria policial totalitaria

No se puede sobrestimar el obstáculo que representa el aparato represivo del Estado para la organización independiente de los trabajadores rusos. La clase trabajadora se encuentra atomizada y cualquier intento de construir una organización independiente o de expresar los deseos de las masas es aplastado brutalmente. A los trabajadores se les obliga inscribirse en organizaciones dirigidas y controladas por el Estado y atestadas de espías de éste. La combinación de propaganda y terror diseñada para asegurar el monopolio propagandístico de la burocracia, impide cualquier límite a las mentiras que difunde, a la violación del alma de las masas y las impulsa hacia manifestaciones y concentraciones oficiales masivas, obligándolas a humillarse cantando loas a sus opresores. Todas estas armas en manos de la burocracia dificultan sobremanera el proceso molecular de la organización y concienciación de los trabajadores. Todo indica que incluso la experimentada y culta clase trabajadora alemana, habría tardado muchos años —décadas quizás— en destruir la maquinaria opresora nazi con sus propias fuerzas. Aun en el momento de las grandes derrotas militares de la Alemania Nazi no hubo ninguna revuelta de trabajadores en el frente interno.

(En conexión con esto, no debemos olvidar el importante efecto que tuvo la propaganda chovinista de Ilya Ehrenburg, para ayudar a los nazis a rellenar las grietas en el muro de la “unidad nacional” alemana).

El inexperto proletariado ruso cuya inmensa mayoría había llegado del campo hacía unos pocos años, entre quienes probablemente menos de un 10 por ciento conocía las condiciones bajo el zarismo, cuando las organizaciones sindicales eran legales y los partidos obreros publicaban su prensa legalmente, encontrará sumamente difícil aprender los elementos básicos de la organización e ideología socialistas en las condiciones imperantes bajo Stalin.

Las victorias militares de Rusia

Un elemento que fortaleció el dominio de la burocracia fueron sus victorias militares. Muchos factores contribuyeron a ellas. Primero, la represión absoluta de las masas permitió a Stalin destinar a fines bélicos una proporción de la renta nacional mayor de lo que habría sido posible en los países de Occidente. Por ejemplo, pudo realizar “el milagro de la evacuación de la industria rusa” trasladando a millones de trabajadores al este, dándoles cobijo en agujeros en la tierra. Segundo, la represión policial asegura la paz en casa, otra “ventaja” de la que disfruta Rusia frente a los países capitalistas democráticos. Los mismos factores aseguraron la supremacía absoluta de Alemania sobre Francia y Gran Bretaña que, finalmente, fue contrarrestada sólo mediante la cooperación del aparato industrial norteamericano (que producía cuatro veces más que Alemania) y el ruso. Mientras las victorias militares rusas eran en gran medida producto de la “paz” doméstica, de la depresión y falta de esperanza de las masas trabajadoras, se convirtieron, a su vez, en factor importante en la estabilidad del régimen estalinista. En sentido análogo, no puede subestimarse el impacto de las victorias de la Alemania Nazi en el Sarre, Austria, los Sudetes, Checoslovaquia, Polonia y Francia sobre la psicología de las masas alemanas.

La burocracia crea su sepulturero

El resultado inicial de la industrialización y la “colectivización” rusas fue el fortalecimiento de la posición de la burocracia. Después de unos cuantos años comenzó el proceso opuesto; ahora, cada paso adelante de las fuerzas productivas subvierte la posición de la burocracia.

Durante el Primer Plan Quinquenal el número de trabajadores en la industria manufacturera y minera aumentó de tres a ocho millones, es decir un incremento del 160%. Durante el segundo Plan ascendió de 8 a 10,1 millones, es decir, un aumento del 25%. El tercer Plan proyectaba un aumento a 11,9 millones en 1942, es decir, un 16,7%. A pesar de la eliminación de muchos trabajadores en las purgas, el número de trabajadores veteranos con muchos años de participación en el proceso de producción va en constante aumento.

Al mismo tiempo el acceso a la burocracia se hace cada vez más difícil a medida que se van poniendo obstáculos en el camino a la educación superior, y el paso de los mejores elementos de la clase trabajadora a la burocracia va disminuyendo.

La cristalización de la clase trabajadora debida, por un lado, a la disminución del acceso de nuevos elementos a ella y, por otro a la cada vez menor pérdida de los elementos más experimentados, es de una gran importancia.

La tarea histórica de la burocracia es incrementar la productividad del trabajo. Para llevarla a cabo, la burocracia entra en profundas contradicciones. Para aumentar la productividad por encima de cierto nivel, las condiciones de vida de las masas deben elevarse también, ya que un trabajador mal alimentado, con una vivienda deficiente y sin educación no es capaz de participar en la producción moderna. La burocracia se plantea el problema del nivel de vida de las masas de la misma forma que un campesino se plantea la alimentación de sus caballos: “¿Cuánto debo darles para que trabajen más?” La diferencia estriba en que los trabajadores, aparte de manos, también tienen cerebro. Mejorar el nivel de vida y de cultura de las masas significa también elevar su confianza, aumentar su apetito, su impaciencia ante la falta de derechos democráticos y de seguridad personal y ante la burocracia responsable de esta situación. Por otro lado, no elevar el nivel de vida de las masas significa perpetuar la actual baja productividad del trabajo, lo que resultaría fatal para la burocracia en la presente situación internacional e impulsaría tarde o temprano a las masas a revueltas desesperadas.

La burocracia incrementa la clase trabajadora sobre la base de la más elevada concentración que la historia haya conocido. Y por mucho que intente superar el abismo entre trabajo asalariado concentrado y capital concentrado, por mucho que trate de ocultarlo tras el lema de “la propiedad socialista”, la verdad es que la burocracia está trayendo a la vida una fuerza que tarde o temprano se enfrentará violentamente con ella.

El hecho de que sólo unos cuantos años después de la industrialización y la “colectivización”, cuando la clase trabajadora era joven y aún relativamente inexperta, Stalin se viera obligado a actuar en forma completamente totalitaria y a tramar un complot contra el pueblo sin precedente en la historia, indica la velocidad con que se desarrolla la lucha de clases en Rusia.

La decreciente eficacia de la propaganda estalinista

El hecho de que la eficacia de la propaganda soviética disminuye y de su falta de firmeza cuando la dura realidad de la vida demuestra su falsedad, lo demuestran dos fenómenos. Uno es la forma masiva en que los prisioneros de guerra rusos se alistaron voluntariamente en el ejército nazi; el segundo es la elevada cifra de rusos que no volvieron a su país al terminar la guerra.

Durante la guerra, medio millón de soviéticos o más sirvieron en el ejército nazi —en el Osttruppen— bajo mando alemán.3 De unos cincuenta generales soviéticos capturados por los alemanes, alrededor de diez colaboraron con Hitler contra Stalin.4 Ningún otro grupo nacional de prisioneros de guerra manifestó tal disposición a aliarse con los nazis.

Terminada la guerra, muchos soviéticos se negaron a volver a su patria. En conjunto, no eran los mismos que se unieron al ejército alemán, como lo demuestra el hecho de que estos últimos fueron repatriados a la fuerza por el ejército de la Unión Soviética, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. La cifra de personas que se negaron a volver es considerable aunque, por razones obvias, no se puede calcular con exactitud. Según fuentes oficiales soviéticas, fueron 400.000 los ciudadanos soviéticos que no regresaron a su país después de la guerra (frente a 5 millones y medio que sí volvieron).5 Ningún otro grupo nacional mostró semejante renuencia a regresar a su país, semejante preferencia por las dificultades y peligros de los campamentos para desplazados. Éste es un reflejo de la realidad soviética y un indicador de los límites de la propaganda estalinista.

Las metas sociales de la oposición anti-estalinista

Las fuerzas de la oposición anti-estalinista en la URSS, por muy desorganizadas y desarticuladas que estén, se mueven consciente o semiconscientemente hacia una meta que puede deducirse de la estructura económica, social y política del capitalismo burocrático de Estado, estructura que estas fuerzas tratan de derribar. No puede haber vuelta atrás desde una economía propiedad del Estado y planificada hacia una economía de propiedad privada y carácter anárquico. Y esto no sólo, ni siquiera principalmente, porque ya no hay individuos que reclamen su derecho legal o histórico sobre la propiedad de la mayor parte de la riqueza. La sustitución de la industria estatal a gran escala por la industria privada representaría una regresión técnico-económica. Y así, para la masa de la gente, derrocar el totalitarismo estalinista podría tener significado real sólo si la democracia política hubiera transformado la riqueza general en propiedad real de la sociedad en su conjunto, estableciendo así una democracia socialista. Esta deducción del probable programa de la oposición anti-estalinista a partir de los datos objetivos del capitalismo burocrático de Estado, está claramente apoyada por los programas de dos movimientos anti-estalinistas organizados que surgieron durante la Segunda Guerra Mundial: el movimiento Vlásov y el Ejército Resurgente Ucraniano (UPA.)

El general Malishkin, ex general soviético y uno de los ayudantes principales del general Vlásov, dijo:

“Nuestra posición … es que todas aquellas industrias que se establecieron durante el período bolchevique a expensas de la sangre y el sudor de todo el pueblo, deben convertirse en propiedad del Estado, propiedad nacional… Si pareciera preferible y fuera acorde con los intereses del pueblo, sin embargo, el Estado no pondrá ninguna objeción a la participación de la iniciativa privada, …La iniciativa privada se posibilitará no sólo en las tierras y las industrias campesinas… Nosotros creemos que la iniciativa privada debe también participar en otras facetas de la vida económica, por ejemplo, en el comercio, la artesanía, etc. … A todos los que antes participaron en el Movimiento Blanco, podemos decirles definitivamente lo siguiente: no contamos entre los nuestros con nadie que crea en la restauración en Rusia de la antigua nobleza o los terratenientes, en la restauración de los privilegios basados en el origen, la casta o la riqueza, o en la restauración de formas caducas de gobierno.”6

Que los líderes del movimiento Vlásov fueran o no sinceros es irrelevante; el simple hecho de que abogaran por la propiedad estatal sobre la gran industria —y eso desde dentro de la Alemania Nazi— es prueba de que sólo esta posición pudo atraer a los prisioneros de guerra rusos a quienes estaban interesados en movilizar.

El UPA mantuvo una posición parecida. Este grupo sostuvo una guerra de guerrillas contra los ejércitos tanto alemán como ruso al mismo tiempo que mantenía una resistencia clandestina en el interior de la Ucrania Soviética. En 1943, en sus documentos editados en Volhynia, planteaban como reivindicación principal: “Sólo en un Estado independiente ucraniano podrán conseguirse los grandes objetivos de la revolución de Octubre”.7 El UPA proponía el siguiente programa para un nuevo orden social en el Estado ucraniano:

“1) Por la propiedad nacionalizada-estatal y social-cooperativa de la industria, las finanzas y el comercio.

2) Por la propiedad nacional-estatal de la tierra; la agricultura se desarrollará o colectiva o individualmente, dependiendo de la voluntad de la población.

3) La vuelta al capitalismo significaría, en cualquier circunstancia, un retroceso.”8

Otra publicación del UPA establecía:

“La eliminación total de la lucha de clases exige la destrucción de la propia fuente de las clases, es decir, en los países capitalistas, la existencia de la propiedad privada sobre los medios de producción; y en el caso de la Unión Soviética, el monopolio político del partido estalinista, el régimen dictatorial y totalitario.”9

Y, de nuevo:

“El orden soviético … no es un orden socialista, ya que persisten en el las clases de explotadores y explotados. Los trabajadores de la URSS rechazan tanto el capitalismo como el pseudo-socialismo estalinista. Aspiran a una auténtica sociedad sin clases, a una verdadera democracia popular, a una vida libre en Estados libres e independientes. Hoy en día la sociedad soviética, más que cualquier otra, está preñada de revolución social. En la URSS, la revolución social se verá fortalecida por las revoluciones nacionales de las nacionalidades oprimidas.”10

En conclusión

En los países donde impera la democracia capitalista y, en gran medida, incluso en la Rusia zarista y los países coloniales, la lucha de clases del proletariado inicialmente toma la forma de luchas económicas parciales, “pacíficas”, “organizadas” y “planificadas”. En la Rusia estalinista, a causa de la brutalidad de la represión policial, estas luchas quedan excluidas. Allí, al igual que dentro de los ejércitos de los países capitalistas donde los soldados se encuentran permanentemente bajo el látigo de la ley marcial, el proceso molecular de cristalización de la oposición masiva a los gobernantes no desarrolla una expresión clara, directa y externa. Sólo cuando las condiciones se han hecho insoportables y las masas ven claramente la posibilidad de una victoria decisiva, pueden entablar la batalla. Hoy en día resulta aún más difícil para los trabajadores rusos lanzarse a la huelga de lo que lo fue para los soldados de la Rusia zarista, pues ellos se rebelaron sólo después de ver a las masas del pueblo en la revuelta. Las barricadas de los trabajadores dieron a los soldados confianza en la fuerza del pueblo, y eso fue lo que los impulsó a levantarse contra los oficiales. En la Rusia de hoy no existe ningún grupo social menos vigilado de lo que lo estaban los soldados del ejército zarista. Las masas se levantarán sólo cuando la rabia y el resentimiento que se van acumulando en su corazón estallen. (Una revolución proletaria en Occidente, naturalmente, puede acelerar este proceso en enorme medida). La lucha de clases en la Rusia estalinista debe inevitablemente expresarse en inmensas explosiones espontáneas de millones de personas. Hasta entonces parecerá, en la superficie, que el volcán está extinguido. Hasta entonces el poder omnipotente de la policía secreta hará imposible que un partido revolucionario penetre en las masas u organice cualquier actividad sistemática. La revolución espontánea, al destruir la bota de hierro de la burocracia estalinista, abrirá un campo nuevo a la actividad libre de todos los partidos, tendencias y grupos de la clase trabajadora. Será el primer capítulo de una revolución proletaria triunfante. El último capítulo sólo pueden escribirlo las masas, movilizadas independientemente, conscientes de los objetivos socialistas y de las formas de conseguirlos y encabezadas por un partido marxista revolucionario.

Referencias

  1. Ciliga, op. cit., p. 97.
  2. Serge, ob. cit., p. 166.
  3. G. Fisher, Soviet Opposition to Stalin. A Case study in WWII, Cambridge, Massachusetts, 1952, p. 106.
  4. Id., p. 138.
  5. Respuestas a cuestiones de interés a los ciudadanos soviéticos que viven al extranjero como personas desplazadas, (en ruso), Moscú, 1949, p. 3. Citado por G. Fisher, id., pp 111-112.
  6. Fisher, id., p. 206.
  7. Ver el periódico del UPA en Volhynia, nº 1, 1943. “Defensa de Ucrania”, citado por Vs. F. en “El movimiento clandestino ruso y ucranio”, New International, abril de 1949.
  8. Ver el libro La posición del Movimiento de Liberación de Ucrania, publicado ilegalmente en Ucrania en 1947 por el UPA, y reeditado por el exilio en Alemania en 1948. Id.
  9. Id.
  10. Id.

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