Multitudinarias movilizaciones en Colombia en la jornada de Paro Nacional

Xoán Vázquez

El pasado jueves 21 de noviembre, más de dos millones de colombianos salieron a las calles en todo el país para protestar contra el “paquetazo” de medidas económicas y sociales que prepara el Gobierno de Iván Duque.

Medidas que causarán un fuerte impacto en la clase trabajadora de un país con uno de los índices de desempleo más altos de América Latina y que figura en el séptimo lugar del mundo en niveles de desigualdad.

Una jornada histórica

Convocado por la Confederación Unitaria de Trabajadores y las centrales obreras, reticentes en un primer momento a la convocatoria y partidarias de una mesa de concertación con el Gobierno, es el primer Paro Nacional desde el Paro Cívico de 1977.

Asombra el éxito de la movilización en un país sin tradición de protesta, con una afiliación sindical muy baja (el 3,7 % de los 22 millones de trabajadores activos) y que sufre desde hace años una política de exterminio de la dirigencia sindical con más de 3.500 sindicalistas asesinados.

La razón del éxito es múltiple.

En primer lugar, los paros sectoriales y territoriales previos como la huelga en las universidades públicas en noviembre de 2018 en la que participaron 500.000 estudiantes y profesores; la huelga del transporte del pasado septiembre convocada por Agremiación, de la que forman parte camioneros, taxistas, servicio intermunicipal y conductores urbanos, para protestar por la suspensión de 13 mil licencias de tránsito a conductores; las protestas en marzo de los indígenas y los asesinatos de sus compañeros, con bloqueos de la carretera Panamericana, por el incumplimiento de lo pactado en 1.300 acuerdos.

En segundo lugar, el asesinato de indígenas en la región de Cauca y la ola de asesinatos de líderes sociales y ex-guerrilleros que se ha cobrado la vida de decenas de ellos desde que Duque llegó al poder, hace 15 meses.

Cauca constituye un corredor estratégico como zona de tránsito para actividades ilícitas al unir el occidente y el oriente con el centro de Colombia. Su localización la convierte en un paso obligado para sacar la droga producida en esta zona del país. Según el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), 22 personas indígenas fueron asesinadas en este departamento el año pasado. En lo que llevamos de 2019, son ya 56 las víctimas mortales.

Por otra parte, se han llevado a cabo operaciones contra la disidencia de las FARC. En la última, en un caso que estremeció a la sociedad colombiana, al menos ocho menores de edad (algunos medios hablan de 18) murieron en un operativo de las fuerzas de seguridad contra un campamento guerrillero.

La muerte de los menores fue ocultada por el gobierno, pero salió a la luz en el Congreso, costándole su cargo al ministro de Defensa Guillermo Botero.

Pero sin duda ha sido la ola de rebelión en América Latina y el Caribe (Chile, Ecuador, Bolivia, Haití) la que ha dado un mayor impulso a la convocatoria, contribuyendo a su éxito.

De hecho, el Gobierno, desde que se hizo pública la convocatoria del paro, fue creando un ambiente de miedo a través de los medios de comunicación, anunciando infiltraciones del terrorismo y sobre todo afirmando que el paro forma parte de la estrategia del Foro de Sao Paulo, que intenta desestabilizar a las democracias de América. El ex-presidente Uribe fue un poco más lejos y acusó a Venezuela como instigadora de las protestas.

Y como parte de esa estrategia de generar miedo, Iván Duque no ha dudado en aplicar todo un arsenal represivo los días anteriores al Paro. Militarizó partes del país, acuarteló al ejército, cerró las fronteras y otorgó facultades extraordinarias a gobiernos locales para “mantener el orden” produciéndose, como denunció la Fundación para la Libertad de Prensa, allanamientos en medios de comunicación alternativos, sindicatos y organizaciones sociales y culturales.

El “paquetazo”

A pesar del esfuerzo del presidente por desvirtuar el paro, negando la existencia del “paquetazo”, lo cierto es que, como señala Fabio Arias de la CUT, las bases de la reforma laboral, tributaria y de pensiones ya están perfiladas en el Plan Nacional de Desarrollo. Buena prueba de ello es que el Centro Democrático, partido del presidente, presentó proyectos de ley de flexibilización laboral; la Ministra de Trabajo ha defendido públicamente los contratos por horas; y gremios afines al gobierno han propuesto reducción del salario para los jóvenes (éstos solo deberían recibir el 75% del salario). También proponen un salario diferencial por regiones, contratación por horas y eliminación del salario mínimo.

En cuanto a las pensiones, ha sido el propio Ministro de Hacienda el que ha afirmado en varias ocasiones que las pensiones se deberían cobrar de acuerdo con lo ahorrado. Esto podría llevar a una eliminación de la pensión cómo derecho de los trabajadores, a convertir a Colpensiones en un fondo privado y a que haya pensiones por debajo del mínimo a través de los BEPS.

Pero también hay otras propuestas gubernamentales que han recibido un total rechazo por parte de las organizaciones convocantes por los efectos que tendrían en un mercado laboral ya muy precarizado: La creación de un Holding Financiero, las privatizaciones, el tarifazo y la reforma tributaria.

La creación del Holding Financiero eliminaría el control directo del estado sobre los dineros de las empresas financieras estatales, además de la destrucción de empleo en estas entidades. El mismo efecto de encarecimiento de servicios y destrucción de empleo tendría la privatización de Ecopetrol, ISA, CENIT, electrificadoras regionales y todas las empresas dónde la participación del estado sea inferior al 50%. El tema de la subasta del espectro radioeléctrico también entra en este punto. Por último, la reforma tributaria: pretende rebajar los impuestos a las grandes empresas y multinacionales e imponer más tributos a la clase media y a los trabajadores.

Nuevas jornadas de protesta

Si el Paro Nacional del 21 de noviembre terminó con un cacerolazo en ciudades como Bogotá y Cali y con el toque de queda en Bogotá, el primero en 42 años, al día siguiente la gente volvió a las calles en diferentes zonas del país.

Con cacerolas, sartenes, pitos y tambores miles ocuparon de nuevo las calles reivindicando así una vez más los motivos del Paro. Y lo hicieron entonando, lo mismo que en otras movilizaciones en América Latina, la canción “El baile de los que sobran” del grupo chileno Los Prisioneros convertida ya en un himno.

Y es que, como dice la canción… “conozco unos cuentos sobre el futuro, el tiempo en que los aprendí fue más seguro”.


Xoán Vázquez es militante de Marx21

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