La trampa de la extrema derecha

Jorge Mancebo

CA ES

Esta semana, la noticia de la apertura de un nuevo centro vinculado a la extrema derecha en el barrio obrero y multicultural de Orriols, Casal Romeu, propició que más de 300 activistas del barrio y de València se congregaran en protesta al grito de “No pasarán” y “València será la tumba del fascismo” reivindicando un barrio libre de odio. La organización Valentia Forum pretende instalar su local, no casualmente, en uno de los barrios con más multiculturalidad y desigualdad económica de la ciudad.

En el acto de presentación, acompañado de miembros de España2000 y de la sede neonazi El Galeón, hermanada de Hogar Social (Madrid), puso en marcha el inicio de un nuevo proyecto identitario en la ciudad, el cual pretende ser un lugar de referencia para el movimiento ultraderechista en València, y reforzar los vínculos de la extrema derecha tradicional con las principales asociaciones “culturales” ligadas al regionalismo antivalencianista y catalanófobo. En palabras del líder de España2000, José Luis Roberto, “El Cojo”, pretende ser un local de unidad para los grupúsculos “patrióticos y nacionalistas”.

Sin embargo, esta organización, Valentia Forum, quiere mostrarse como una asociación cultural, con una biblioteca abierta y presentar el nuevo local como un espacio de debate respecto a las cuestiones políticas y culturales. Asimismo, aunque presentan esta imagen de “legitimidad”, los vínculos con los principales actores violentos del territorio no se han hecho esperar, miembros de El Galeón (Elda), los principales aliados del movimiento identitario, ya tienen un recorrido repleto de violencia y procedimientos judiciales: (radiografiados miembros de la sede El Galeón, con la anterior marca de referencia, Lo Nuestro) el semanal El Tiempo, el artículo “la nueva piel de la ultraderecha”.[1] Aunque quieren conseguir legitimar su imagen y en la ciudad de València, y sobre todo en el barrio de Orriols, esta estrategia forma parte de los movimientos llamados “identitarios”.

En la portada de la página de Facebook, Valentia Forum, podemos observar los cuatro ejes ideológicos: justicia social, identidad, soberanía y Europa de las patrias. En 2017, se firmó el llamado “Manifiesto ultra” por organizaciones de todo el Estado español como Iberia Cruor (Jaén), Acción Social (Cádiz), Málaga 1487 (Málaga), Asociación Cultural Alfonso I (Cantabria), Centro social y Nacional (Salamanca), Lo Nuestro (Murcia: actualmente inactiva, pero con la refundación de la sede neonazi “el Galeón” defendiendo exactamente lo mismo: “defensa de la soberanía nacional”, “justicia social”, “preferencia nacional” y “defensa de los valores españoles”). Un acuerdo que refleja la estrategia unitaria que estas organizaciones, con matriz nacional-socialista, con menos o más éxito, pretenden consolidar. Aunque existen diferencias entre ellas, sobre todo territoriales, una vez más, intentan crear una marca consolidada, con los cuadros que han ido arrastrando estos años.

Tal y como estamos viendo los últimos años, y apuntan varios especialistas, el terrorismo y la violencia neonazi se perpetúa y crece, abriendo el debate de compararlo con la violencia yihadista, por eso mismo hay que repasar este magnífico artículo sobre la evolución y el terrorismo neonazi los últimos años: “ocho años de la matanza de Utoya” (Ramos, 2019).[2]

Estos colectivos encienden la llama del racismo más virulento: la islamofobia como correa de transmisión principal, el antigitanismo, el antisemitismo… y todo tipo de racismo en general, fomentando un caldo de cultivo que termina con violencia y ataques mortales. Ese mismo año, hemos visto ataques masivos a mezquitas y sinagogas como el atentado de Christchurch (Nueva Zelanda), que acabó con la vida de 51 personas o en Pittsburgh (Estados Unidos) cobrándose 11 muertos, entre desgraciadamente, muchos otros más a los largos de los últimos años, dejando de ser casos aislados, sino más bien la consecuencia de la normalización del discurso de odio. Estas organizaciones comparten una retórica similar, basada en un fuerte discurso anti-immigracionista y actividades sustentadas en la preferencia nacional, especialmente en recogidas de comida. Asimismo, centran, por el momento, todas sus actividades en los barrios humildes, trabajando a medio y largo plazo buscando salir de la irrelevancia política y volver a implantar en la actualidad los anhelos de los viejos fascismos.

El “fascismo del tercer milenio”

No es novedad la apertura del local del Casal Romeu, los homólogos italianos, Casa Pound, una organización que ella misma se autodefine como el “fascismo del tercer milenio” ya han abierto cientos de locales en toda Italia, protagonizando múltiples episodios de violencia. La marca principal en Estado español, Hogar Social, está en Madrid, capitaneada por Melisa Ruíz, encausada por los ataques islamófobos de la organización neonazi contra la Mezquita M-30 y que además es el punto de conexión con los principales movimientos hermanos del resto de Europa.

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En la foto: Steven Bissuel, segundo por la izquierda, líder de Bastion Social; Sébastien de Boeldieu, en medio, responsable de relaciones internacionales de CasaPound; Melissa Ruíz, segunda por la derecha, del centro neo-nazi, “Hogar Social Madrid”, en un encuentro de CasaPound en Roma en septiembre de 2017.

La líder de la organización neonazi y referente, pregona un discurso antifeminista, xenófobo, y ultranacionalista. No es ninguna sorpresa ver mujeres al frente de estas organizaciones de extrema derecha, algunas referentes como Marine Le Pen (RN), o Alice Weidel (AfD) —mujer y lesbiana— son las principales cabezas visibles de organizaciones de extrema derecha, aunque el trasfondo de su eje ideológico forme parte de una mentalidad patriarcal, natalista y conservadora. Por lo tanto, la estrategia es anteponer la nación a los derechos sociales, enfrentando a los diferentes colectivos vulnerables bajo su idea de “nación” y un discurso de “clase” nacional, eso sí, excluyendo, reaccionario y violento, contra los procesos migratorios y las refugiadas, reivindicando que la identidad está en peligro ante la globalización.

Aunque, en el fondo, apuntan a unas élites abstractas, no es más que una estrategia para crecer y propagarse, bien lejos de protagonizar una lucha de clases real, porque sus verdaderos enemigos son las minorías y todos aquellos que no comulgan con sus ideas.

Además, y en palabras de Melisa Ruíz en declaraciones a Público, declaran que con nostalgia no se gana, asimismo abandonan todo lo que les puede identificar con el pasado, evitan dejarse ver con simbología nazi o fascista llevando una estética muy bien cuidada. En las manifestaciones podemos encontrar banderas nacionales y logos de la organización, y reivindicaciones de lemas maximalistas: “mantenerse en pie en un mundo en ruinas”, o imágenes que recuerdan a batallas heroicas como “Las Termópilas” o en el caso del Casal Romeu, vinculándolo a un guerrillero que participó en la guerra de independencia.

La estrategia de comunicación, una de las claves importantes para entender la “nueva política”, pasa por la normalización en los medios, desde las alcantarillas de los foros de internet, creando portales digitales, o consiguiendo ser altavoz en los principales medios convencionales, quien con frecuencia les dan espacios tratándolos como una opinión legítima. Y es que los herederos del fascismo (neofascistas), han aprendido del pasado, y ya hace tiempo que leen autores tradicionales de la izquierda, como Gramsci o Marx, sabiendo que el éxito político radica en la batalla de las ideas, asimismo, aprovechan las fragilidades cotidianas y estructurales y las consecuencias del modelo neoliberal, porque donde hay precariedad hay miedo; del mismo modo inseguridad, y esa es la clave para conseguir convencer, ampliar sus organizaciones, instalar discursos y relatos entre la gente humilde, y justificar la violencia y su odio contra las que más sufren.

Reivindicaciones “obreristas”

En este sentido, no nos debe extrañar verlos acercarse a reivindicaciones obreristas y a favor de los derechos de la clase trabajadora, donde les es clave propagar su discurso tóxico. Además, el discurso camaleónico que presentan, edulcorado de proclamas sociales y reivindicaciones clásicas de la izquierda, confunden a la clase trabajadora, permiten el trasvase de militantes de izquierdas a sus filas, o hace comprar a “medias” una parte del discurso, considerándolos un actor más que hay que atender. El relato perfecto de los “buenos” salvadores, tal como creció el nazismo y el fascismo: dividiendo a las clases populares, y construyendo un discurso de “seguridad autoritaria”, conservadorismo y tradicionalista.

En el corazón de la precariedad, los barrios donde más sufren la vulnerabilidad, son entendidos como contextos más frágiles al sufrimiento y la violencia del neoliberalismo, y ven una oportunidad de introducir discursos xenófobos y excluyentes, además de que el racismo social y de Estado está instalado en la estructura social, el cual ya ha matado, excluido y discriminado sistemáticamente mediante diferentes violencias: las organizaciones neonazis y racistas lo saben y sólo lanzan más gasolina al fuego, empeorando aún más esta situación. Otro punto que hay que destacar es la indiferencia y el individualismo a los que nos lleva esta sociedad, donde la inseguridad pasa a convertirse en odio, porque tenemos aprendido que nuestros derechos son individuales, y no patrimonio del conjunto de la sociedad.

El discurso que plantean estas organizaciones apela a los sentimientos y las emociones de la gente, así pues, aprovechan los escenarios dolorosos como los atentados terroristas, las catástrofes medioambientales o las desgracias convertidas en shows televisivos para darse propaganda y erigirse como la punta de lanza contra las élites, simplificando los problemas complejos de la gente humilde y construyendo una distopía entre “nosotros y ellos”. Así, les es fácil criminalizar a las refugiadas, tratando el drama como una conspiración y no apuntando a las causas de la guerra, persecuciones políticas y la miseria estructural.

Por lo tanto, la extrema derecha nos propone una guerra cultural (envenenada) ante aquellos consensos establecidos como sociedad en materia de derechos humanos, lo de la corrección política, intoxica los debates cotidianos, volviendo a replantear debates que antes no teníamos: la defensa los derechos humanos, y los avances sociales. Por otra parte, es importante analizar el lenguaje y las formas que atraviesan el trasfondo, golpeando la ética, los valores humanistas y la moralidad, introduciendo el fenómeno “políticamente incorrecto”, vendiendo una imagen de “rebeldes” y “víctimas” contra todo aquel discurso que defiende a las minorías. La trampa de la extrema derecha es clara, enfrentar y dividir a las trabajadoras: mujeres, comunidad LGTB, musulmanes, ecologistas, sindicalistas…

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Protestas contra la apertura del centro vinculado a la extrema derecha, Casal Romeu. Foto: David Segarra

Lucha vecinal y unitaria

Asimismo, el último sábado, el movimiento vecinal del barrio obrero y multicultural de Orriols convocó una concentración pacífica, con la participación de entidades y colectivos del barrio, y con activistas de València, sumando así unas 300 personas. Y es exactamente eso lo que no quieren, que la gente unida, diversa, trabajadora y humilde se movilice contra el odio, la exclusión, la precariedad y la violencia. Porque los verdaderos problemas de la gente son la pérdida de derechos y libertades en general, y en definitiva, el embate del capitalismo que oprime las vidas de la mayoría de la gente. Sin embargo, nunca resolveremos los problemas de la gente humilde sin unirnos, aceptar y reconocernos en nuestra diversidad y diferencias en nuestras visiones del mundo.

Por lo tanto, es necesario identificar al enemigo(s), y saber que las luchas entre nosotros, no son más que la ejecución de un plan y un marco, que nos propone el neoliberalismo y la extrema derecha, una trampa bien urdida. La lucha por el cierre del local Romeu ligado a la extrema derecha, será larga, pero debemos aprender de otras experiencias, como la lucha del movimiento antifascista contra la organización neonazi y paramilitar de Amanecer Dorado en Grecia, ya muy debilitada. El movimiento unitario Keerfa, uno de los principales precursores del macro-juicio por el asesinato (hace 6 años) de Pavlos Fyssas, aún llama a las movilizaciones para erradicar toda posibilidad de supervivencia de la organización y por el cierre de sus locales y todo tipo de espacios, con los principales clausurados; o el cierre del centro neonazi Tramuntana en Catalunya, organización vinculada al partido de extrema derecha e islamófobo PxC, en la que la lucha vecinal y popular impulsada por Unitat Contra el Feixisme i el Racisme (Catalunya) logró debilitarlo, hasta su cierre. Las movilizaciones y protestas amplias, el señalamiento y la movilización continuada, así como las presiones judiciales funcionan si golpeamos juntas.

Asimismo, hace falta una estrategia común, acciones unitarias de todos los sectores posibles, y trabajo conjunto para una misma causa entendiendo la situación concreta de nuestra realidad concreta. Es hora de multiplicar la solidaridad entre la gente, compartir luchas y tejer complicidades en todo lo que nos afecta, acompañarnos en nuestra proximidad y defender la vida como un bien común, de barrio en barrio, pueblo a pueblo, codo con codo. No de una frase dicha, sino como una premisa que transforme nuestra realidad y los anhelos colectivos. No hay receta mágica ni camino corto, más allá que la capacidad que tengamos para trabajar y reencontrarnos en el frente.


[1] Lagunas, J.C. (2017). “La Nova Pell de la Ultra Dreta”. El Temps, (1723). Recuperado de: https://www.eltemps.cat/article/1629/la-nova-pell-de-la-ultradreta-lonuestro

[2] Ramos, M. (2019) “Ocho años de la matanza de Utoya”. La Marea. Recuperado de: https://www.lamarea.com/2019/07/23/ocho-anos-de-la-matanza-de-utoya-la-evolucion-del-terrorismo-neonazi/


Jorge Mancebo es activista de Crida Contra el Racisme

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