La guerra contra las personas trans

Las propuestas legales con el objetivo de facilitar una transición más fácil para las personas trans en Gran Bretaña han chocado con ataques desde la derecha, y tristemente, desde sectores de la izquierda. Laura Miles argumenta que los y las socialistas deberían apoyar una contraofensiva contra estos sectores.

El Día de las Personas Transgénero el pasado 20 de noviembre de 2018 recordó que ese año 369 personas trans habían sido asesinadas en todo el planeta. En 2017 fueron 325, un aumento con respecto a 2016. Estas cifras no contemplan el alto número de estas personas que se quitan la vida cada año.

El asesinato de la mujer trans Naomi Hersi en 2017 fue el primero asesinato de ese tipo en Gran Bretaña desde 2014. La mayoría de las víctimas son mujeres trans, aunque también hay hombres trans o personas identificadas como no binarias. Como Naomi la mayoría son negras o de minorías étnicas, y pobres. Alrededor del 60% se dedica al trabajo sexual, un indicativo de la marginalidad y pobreza de mucha gente trans.

El incremento de los delitos de odio contra las personas LGTB+ es un reflejo de los ataques políticos contra la gente trans y los derechos LGB. Los ataques verbales y desde los medios de comunicación alientan los ataques físicos. En Brasil, durante la campaña presidencial de Jair Bolsonaro, una mujer trans fue asesinada y otra seriamente herida por matones de extrema derecha, seguidores del actual presidente brasileño. Para la gente LGTB+, las personas negras, las mujeres y la izquierda, son tiempos siniestros los del Brasil de Bolsonaro.

Transfobia y homofobia está creciendo junto al asenso de la derecha y de la extrema derecha en numerosos países. En la Rusia de Putin la gente trans no puede tener carnet de conducir porque son considerados enfermos mentales. En Hungría tenemos ataques fascistas contra las manifestaciones del Orgullo y el gobierno de extrema derecha de Viktor Orbán ha prohibido los estudios de género, argumentando que la “ideología de género” es un complot marxista para socavar los valores tradicionales. En Turquía las marchas del Orgullo Trans son prohibidas y atacadas por la policía y matones. A principios de 2017 fue asesinada la activista trans de nacionalidad turca, Hande Kader.

Donald Trump prohibió a las personas trans formar parte del ejército y desde entonces ha echado para atrás las protecciones federales que la gente LGTB+ tiene en sus puestos de trabajo. Su último y más pernicioso ataque fue redefinir el sexo como “el status de una persona como hombre o mujer basado en su constitución biológica desde o antes del nacimiento”. Si eso pasa a la legislación significaría negar la existencia de la gente trans e intersexual.

Trump también nombró al tránsfobo y oponente a la “ideología de género” Roger Severino como jefe de la Oficina Federal por los Derechos Civiles. Para Severino y los extremadamente conservadores de la alt right (derecha alternativa, “nueva” extrema derecha en Estados Unidos), la ideología de género constituye una estrategia de la izquierda radical para erradicar las diferencias entre hombres y mujeres.

La misma “amenaza marxista” fue invocada en Australia en 2017 para que eliminar el programa Escuelas Seguras, el cuál fue concebido para hacer que la vida escolar fuera más segura para los estudiantes LGTB+.

Junto con la islamofobia y el etiquetado de la izquierda como antisemita, los derechos trans y la ideología de género se han convertido en objetivos para las personas que odian la diversidad, el multiculturalismo y las actitudes liberales hacia los derechos de la gente gay y trans. Es una guerra ideológica en la cual la extrema derecha quiere evitar que la gente se identifique con los grupos oprimidos. En lugar de eso, promueve la identidad basada en la nacionalidad, la “raza” y los valores familiares tradicionales.

Propuestas para modificar la GRA

En el Reino Unido, aunque la Ley de Reconocimiento de Género (GRA, sus siglas en inglés) de 2004 fue un avance, hace tiempo que los defensores de las personas trans critican la excesiva medicalización del proceso para obtener el certificado de reconocimiento de género que permite a la gente modificar su certificado de nacimiento.

En Gran Bretaña, la reciente ola de transfobia llegó tras la publicación, por parte del Comité Parlamentario de la Igualdad y de la Mujer, de 30 recomendaciones en apoyo de las personas trans en enero de 2016. Las recomendaciones fueron resultado de un estudio de las vidas de las personas trans. La respuesta inicial del gobierno fue bastante positiva.

Dos recomendaciones en particular —introducir la autoidentificación para obtener el Certificado de Reconocimiento de Género (GRC, sus siglas en inglés) y la introducción de una categoría no binaria en la base de datos oficial— encontraron una estridente oposición de los tránsfobos de derecha, pero también de una minoría de feministas y socialistas que tienen críticas hacia la gente trans.

Los críticos argumentaban que las propuestas implicaban la eliminación de la categoría “mujer”, abriendo los espacios de mujeres a “personas trans con cuerpos de hombre” y exponiendo a niños y niñas que cuestionaban su género al acoso de un malvado “lobby transgénero”. Eso parece una reminiscencia del bulo de que los hombres gays son depredadores pedófilos.

La realidad para la gente joven trans y no binaria que busca apoyo es que se tarda unos meses sólo para obtener una primera cita en el limitado número de clínicas de identidad de género. Incluso entonces la intervención se limitará al asesoramiento con el posible uso de bloqueadores de la pubertad, no la cirugía, permitiendo que la persona joven tenga tiempo para tomar una decisión informada sobre si quiere seguir con la transición o no. No es la intervención que es mala o dañina, sino la no-intervención. Se ha demostrado que la intervención salva vidas.

La gente trans siempre hemos tenido que defender nuestra existencia y contrarrestar el tsunami de ataques tránsfobos y comentarios equivocados sobre nuestras vidas.

La supuesta amenaza que representamos las personas trans para los espacios de mujeres se basa en desinformación en el mejor de los casos, y alarmismo tránsfobo en el peor. La Ley de Reconocimiento de Género no habla de acceso a espacios de mujeres. Una cláusula de la Ley de igualdad de 2010 permite la exclusión de mujeres trans de los “espacios de mujeres”, pero muy pocas organizaciones de mujeres piden la aplicación de esta cláusula: la mayoría de estas organizaciones son inclusivas con las personas trans.

El plazo de consultas del gobierno sobre las recomendaciones parlamentarias se cerró en octubre de 2018. Grupos transfóbicos y redes sociales a través de las cuales estas personas se organizan, como Mumsnet, coordinaron el envío de comentarios negativos. La preocupación entre la gente trans es que el gobierno rebaje o retrase las propuestas de cambio, especialmente dado que ahora toda la atención está enfocada en el Brexit.

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Tránsfobos y críticos de las personas trans

Algunos de los tránsfobos de la derecha religiosa, particularmente en Estados Unidos, trabajan dentro de organizaciones seculares como Manos a Través del Pasillo (en inglés, Hands Across The Aisle, HATA). Ellos disfrazan su intolerancia y oposición a la legislación sobre la identidad de género de liberalismo, argumentando que estas leyes eliminan derechos civiles.

En Gran Bretaña, la organización Un lugar para las Mujeres – Reino Unido (en inglés, A Woman’s Place UK, WPUK), formada por feministas críticas con las personas trans, mayoritariamente por activistas de los sindicatos PCS (del funcionariado) y NEU (de la enseñanza), han hecho campaña contra la autoidentificación de las personas trans y el reconocimiento no binario, clamando que eso debilita los derechos de las mujeres y la no existencia de espacios para las mujeres no trans (mujeres cis género) incrementa el riesgo de violencia machista y acoso.

Ellas han apoyado y difundido artículos del periódico sensacionalista de derechas, el Daily Mail, material de webs tránsfobas como Moda Transgénero. Dicen que quieren un “debate” pero nunca invitan a personas que defienden los derechos de la gente trans a hablar en sus actos.

A pesar de la ausencia de casos constatados de ataques de mujeres trans contra mujeres cis en baños públicos, hay multitud de ejemplos de abusos y acoso contra mujeres trans, así como contra mujeres cis que, según sus atacantes, no encajaban suficientemente con un estereotipo femenino.

Algunos han apuntado al reciente caso de la prisionera trans Karen White. White, encarcelada por asaltar a mujeres, fue erróneamente asignada a una prisión de mujeres donde atacó a cuatro presas. En realidad, más que el peligro que puedan representar las personas trans en el sistema penitenciario, el caso ilustra un error en el proceso de evaluación. En cualquier caso, no se puede estigmatizar a todas las mujeres trans por el comportamiento de una persona perturbada y violenta.

Incremento de la transfobia

Lo que empezó en 2015 con unas pocas feministas en contra de los derechos de las personas trans ejerciendo presión en el Comité de las Mujeres y la Igualdad, se convirtió rápidamente en un asunto con gran repercusión mediática. En julio de 2018 un grupo tránsfobo secuestró la marcha del Orgullo de Londres y distribuyó octavillas transfóbicas.

Algunas secciones de los medios de comunicación habían sido tan hostiles que, en octubre de 2018, la oficina de Igualdad del gobierno criticó sus “especulaciones erróneas”.

Hubo controversia en algunas agrupaciones del Partido Laborista acerca de las listas de potenciales candidatas electorales compuestas únicamente de mujeres (“All-women shortlists”: una medida dirigida a superar la subrepresentación de mujeres en el parlamento). Cuando el liderazgo del Partido Laborista hizo la aclaración —muy bienvenida— de que estas listas seguirían incluyendo a mujeres trans, hasta 300 feministas transfóbicas abandonaron el partido el 8 de marzo de 2018, Día Internacional de las Mujeres.

Han aparecido algunos artículos de apoyo en la prensa y algún programa positivo como el drama de tres partes Butterfly, de la cadena de televisión ITV, sobre una niña trans. Pero otros programas han contribuido a la propaganda anti-trans, como el programa de la cadena Channel 4, Niños trans: Es hora de hablar, emitido en noviembre de 2018.

Ha habido alegaciones —en general infundadas— acusando a activistas trans de haber silenciado y negado la libertad de expresión de figuras críticas con las personas trans como Germaine Greer y Linda Bellos. La verdad es que las personas transfóbicas y/o críticas con la gente trans han tenido más espacio en los medios de derechas y desafortunadamente en medios de izquierdas como el Morning Star, antiguo diario del Partido Comunista de Gran Bretaña.

A pesar de la atmósfera a veces enfermiza en las redes sociales, es importante recordar que las personas hostiles a la gente trans son una pequeña minoría. Sus visiones no son compartidas por la mayoría de feministas y grupos de mujeres.

Cuando el periódico The Guardian publicó un editorial aceptando muchos planteamientos transfóbicos, el equipo editorial estadounidense del Guardian escribió una carta abierta distanciándose de su posición. Igualmente, cuando a principios de 2019 WPUK planeaba hacer un tour por Irlanda, un gran número de feministas, socialistas y grupos de mujeres publicaron una carta abierta dejando claro que no eran bienvenidas.

La ley GRA de Irlanda de 2015 es más avanzada que la del Reino Unido porque incluye la autoidentificación (al igual que hacen otros países). No hay informes de que esto haya implicado consecuencias negativas de hombres depredadores sexuales, debido a que la GRC les ha permitido entrar en espacios de mujeres.

La realidad, por supuesto, es que las personas trans pueden cambiar toda su documentación excepto el certificado de nacimiento sin tener un GRC. Tener un certificado ofrece algo de protección legal frente a la revelación no deseada (“outing”), pero es bastante irrelevante en situaciones sociales puesto que no es una licencia para entrar en espacios de mujeres. De todas maneras, ¿quién haría de policía en estos casos, y cómo?

Lecciones irlandesas

Los últimos años en Irlanda han demostrado lo erróneo que es contraponer los derechos de las mujeres y los derechos trans.

La visión divisoria y pesimista de que los derechos de las personas trans y no binarias socavan los derechos conseguidos por las mujeres le hace el juego a los argumentos de la derecha. Eso permite a gente hostil a los derechos de las mujeres presentarse como pro-feministas cuando insisten en la “irreprochable realidad” del género binario y la base biológica del sexo.

Al contrario que los argumentos esencialistas de la derecha, y de la izquierda crítica con las personas trans, la verdad es que incluso el sexo, y no sólo el género, es no binario. En un reciente artículo en The New York Times, la bióloga Anne Fausto-Sterling argumenta que el sexo es mucho más complejo que una simple diferenciación binaria de cromosomas (“Why Sex Is Not Binary”, traducido como “Por qué el sexo no se limita a ser mujer u hombre”).

Fausto-Sterling piensa que los intentos de legislar de manera rígida las definiciones binarias de macho y hembra son erróneos tanto desde un punto de vista moral como científico. Durante décadas, ella y otros biólogos, como Keith Moore, han argumentado que no hay un único componente biológico para situar a las personas en una de las dos categorías sexuales. Hay múltiples componentes del sexo —cromosómico, gonadal fetal, gonadal genital, hormonal, sexo reproductivo interno, hormonal de la pubertad, sexo morfológico de la pubertad— los cuáles se interrelacionan a través de unas redes de genes contrapuestas las unas a las otras. Eso debería dejar ya claro que un test genético simple tiene poca validez real. Las afirmaciones al contrario se basan más en la ideología y la política que en la ciencia.

En la práctica aquellos socialistas y feministas que respaldan los argumentos que niegan que las mujeres trans son mujeres y que los hombres trans son hombres, dan una cobertura de la izquierda a los reaccionarios que quieren hacer retroceder tanto los derechos de las personas LGBT+ como los de las mujeres.

Dividir las luchas de las mujeres y de la gente trans hace que ambas sean más débiles. La experiencia irlandesa muestra lo contrario. Las mujeres y la gente trans luchando junta pueden ganar avances y defender sus derechos.

Los exitosos logros de la ley irlandesa GRA y del matrimonio entre personas del mismo sexo en 2015, permitieron una clara victoria del referéndum para la reforma del aborto en 2018. Esta campaña involucró a feministas, sindicalistas, socialistas, activistas LBG y trans luchando de manera unitaria.

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Las raíces de la opresión

Los y las marxistas ofrecemos un argumento coherente sobre el origen material de la opresión bajo el capitalismo. Podemos también destacar que históricamente han existido vínculos entre la lucha por el socialismo y la lucha por los derechos LGBT+.

Criticamos las teorías de identidad (como la teoría de privilegios) porque éstas quitan importancia a clase social y a la lucha de clases y promueven estrategias de resistencia individuales en vez de colectivas.

Igual que la sexualidad, nuestra identidad de género es una realidad con fuertes raíces, no un “capricho” o una “sensación”: emerge a través de complejas interacciones entre nuestro sentido de identidad, nuestro físico y como nosotros percibimos ambos, como nos perciben los demás y nuestras circunstancias materiales.

Los y las socialistas debemos apoyar incondicionalmente los derechos de la gente oprimida para expresar su sexualidad y su identidad de género. Por tanto, cuando la derecha ataca la teoría de identidad, deslegitimando las luchas contra la opresión, la gente de izquierdas nunca debería copiar argumentos contra los derechos de las personas trans, abriendo así la puerta a los ataques de la derecha. Tristemente eso ha estado ocurriendo sobre los derechos trans en algunos casos recientemente.

No sólo eso, algunos críticos con las personas trans promueven una doble vara de medir. Como la derecha, ellos niegan la realidad de la identidad de género. (“identidad no es material”, según ellos). Pero ellos no niegan la realidad de las preferencias sexuales aunque no se hayan encontrado diferencias cruciales entre sexualidad e identidad de género. Otro doble rasero es que aceptan el control de las mujeres sobre su propio cuerpo, pero niegan el mismo derecho a las personas trans.

¿Ahora qué?

La solidaridad incondicional con las personas oprimidas significa el apoyo inequívoco a la autoidentificación trans y al reconocimiento no binario.

Es alentador que casi todos los sindicatos británicos, además de la central sindical, el TUC, han votado abrumadoramente a favor de apoyar la autoidentificación de las personas trans.

Si el gobierno conservador se niega a adoptar plenamente las propuestas para mejorar la situación de las personas trans, necesitaremos una nueva campaña, la cuál tiene que involucrar a nuestros sindicatos. Incluso si las propuestas son apoyadas por el gobierno e implementadas, la transfobia no va a desaparecer. A través de nuestras secciones sindicales y las organizaciones socialistas necesitamos fortalecer nuestros enlaces con los activistas trans y no binarios. Debemos apoyar activamente los eventos del Orgullo Trans, las protestas y las vigilias.

La opresión a las mujeres y a la opresión a la gente trans son endémicas de las relaciones de clase capitalistas y de la familia nuclear. Son consecuencia de la manera en que los bienes y los servicios son producidos y distribuidos injustamente, y de las interacciones entre la opresión y la explotación en nuestra sociedad.

Para conseguir la liberación trans y de las mujeres necesitamos frentes unitarios, aquí y ahora, que promuevan una lucha conjunta. Más allá de eso, tanto la gente trans como las mujeres tenemos intereses objetivos en construir organizaciones políticas capaces de promover la transformación revolucionaria de la fuente de nuestras opresiones, el capitalismo.


Laura Miles es militante del Socialist Workers Party (SWP), organización hermana en Gran Bretaña de Marx21.net, sindicalista y activista trans. Es autora del libro Transgender Rebels (Rebeldes Transgénero) que será publicado por la editorial Bookmarks.

Este artículo apareció en inglés en la revista Socialist Review, del SWP.

Traducción de Santi Amador de Marx21.net.

 

 

 

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