Represión violenta contra el movimiento de los chalecos negros en París

Marie Fauré

Es Ca

El pasado viernes 12 de julio, cientos de personas sin papeles o “sans-papiers” del colectivo “chalecos negros” ocuparon el Panthéon, monumento emblemático de la República francesa en París.

Reclamaban papeles y vivienda para todos, y un encuentro con el primer ministro Edouard Philippe, anunciando que no saldrían del edificio hasta que el último de ellos tuviera papeles. Gritaban lemas como “solidaridad” o “Somos sin papeles, sin voz, sin cara para la República francesa. Venimos a las tumbas de sus hombres ilustres para denunciar sus profanaciones”.

Este movimiento — que agrupa a 34 centros de acogida de la región Ile-de-France, la asociación Derechos Davant y el colectivo ¡La Chapelle en pie!— va más allá de la lucha por la regularización: explican que es una lucha abierta contra “el sistema que crea personas ilegales”.

Recibieron el apoyo del NPA (Nuevo Partido Anticapitalista), de la FI (Francia insumisa) y de algunos cargos electos de los ecologistas. Mientras, la derecha y la extrema derecha cargaban con mensajes violentos y racistas (Marine Le Pen: “Su único futuro debería ser la expulsión.”)

No es la primera vez que el movimiento de los chalecos negros organiza una acción de reivindicación. Desde el mes de diciembre de 2018, se multiplican las ocupaciones de lugares simbólicos para denunciar la situación de las personas migradas y la utilización que de ella hace el sistema. Un ejemplo fue la ocupación de la terminal del aeropuerto de Paris-Roissy en el mes de mayo, para denunciar la colaboración de la compañía Air France en las expulsiones. En junio, ocuparon la sede del grupo de restaurantes colectivos Elior, en el barrio de la Défense en París, para denunciar el “business” que realiza la empresa con los trabajadores clandestinos.

Una vez más, la policía nacional francesa reprimió la acción con mucha violencia, en la línea de sus actuaciones desde el mes de noviembre 2018 contra el movimiento de los chalecos amarillos.

Los antidisturbios cargaron contra los manifestantes, con violencia física y comentarios racistas, como “tú eres blanco, no te detenemos”, o haciendo controles de identidad a miembros del colectivo, sabiendo perfectamente que no tienen papeles. Dificultaron intencionadamente la intervención de los servicios de emergencia, dejando a personas heridas en el suelo durante casi una hora antes de poder recibir asistencia médica. La intervención policial terminó con 37 personas detenidas y más de 40 heridos que necesitaron su traslado al hospital.

Esta violencia contra los chalecos negros no es un hecho aislado. Al contrario, demuestra una política del Estado contra la “la inmigración clandestina”, con persecución de los centros de acogida, detenciones, intervenciones en centros de solidaridad o de barrio, por todo el país. Francia está cada vez más sometida a un racismo de Estado y una criminalización de los movimientos populares y sociales, abriendo el camino a actuaciones violentas de la policía, herramienta de represión al servicio de los dirigentes.


Marie Fauré es militante de Marx21.

 

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