El estigma estalinista sobre las izquierdas

Bárbara Teruggi

Reflexiones de esta activista, nacida en Argentina y residente en Catalunya, acerca del “estigma estalinista sobre las izquierdas”, o “como ciertas izquierdas no se atreven a marcar distancias con los estados mal llamados estados socialistas”.


“La qüestió és, on és la força per aconseguir el canvi? Apel·lacions morals? El que no ha funcionat en el tema nacional”.  David Karvala

Adjunto a esta pregunta, y al intercambio de lecturas sobre el problema de las izquierdas, venía el artículo titulado “La larga sombra del estalinismo”.

En primer lugar, comentar que el artículo me ha hecho pensar bastante. Partamos de la perspectiva que yo tenía en la cabeza hasta ahora:

Con un conocimiento de andar por casa de la propuesta de Marx, creo que todo lo que hay hoy en día en gobiernos que se añaden el apellido socialista me parecen falsos, y más capitalistas de puertas afuera que otra cosa, además de encabezados por líderes muy autoritarios y paternalistas para con sus habitantes, de modo que siempre me viene el siguiente pensamiento:

“El marxismo suena muy bien, pero cuando lo sacas de los libros y lo aplicas a la realidad, no funciona más allá de pequeños ecosistemas sociales (por ejemplo un pueblo).”

El artículo vino a confirmar mi pensamiento en cuanto a los gobiernos como el de la URSS (aunque en el presente, en Rusia, si acaso lo único que han hecho es dejarse de llamar socialistas, al menos han dejado de mentir en ese sentido), como el de la República Popular China, Venezuela, La República socialista de Rumania de Ceaușescu, República Popular Democrática de Corea (con su otra parte ultra capitalista separados por un muro), La DDR que se podría haber quedado en D… bueno… todos lugares de pura distopía.

Digamos que si tuviera que englobar estos estados que se ven como revolucionarios, como una ficción, podría ser Rebelión en la Granja (recurso fácil, pero el retrato es bastante poderoso).
Por el contrario, los que vivimos en países abiertamente capitalistas seríamos más bien como… Un Mundo Feliz (sobre estimulados con todo tipo de engañifas y consumo salvaje).

Desacuerdos

La gran pregunta es, por qué vemos hoy en día, en muchas izquierdas que claman por una revolución, que al final acaban o bien disgregándose en micro partidos porque no son capaces de ponerse de acuerdo (frente popular vs frente único), o bien siguen unidas pero siempre hay una cúpula que decide por todos los demás, incluso lo que ha de votar en asamblea (con lo cual, tampoco es que sea muy democrática la cuestión).

Tirando de lo que le ocurrió al POUM durante la Guerra Civil, quienes fueron objetivo de una campaña de descrédito por parte del PCE y el PSUC, hoy en día, y sin irnos mucho más lejos de casa, vemos como pasa lo mismo con una de las izquierdas que venía a comérselo todo y, para mí al menos, distan mucho de lograr su objetivo.

Podem Catalunya, Catalunya sí que es Pot, Catalunya en Comú Podem —a saber cuántos nombres más usarán— se presentan como un espacio plural y transversal, donde todo se decide entre todos, pero al final los que acaban dictando las normas son Podemos Estatal desde Madrid e ICV en Catalunya.

Esta manera de hacer, en realidad desde arriba, se puede entender con ejemplos como aquella especie de 155 interno impuesto a los responsables electos de Podem Catalunya, cuando osaron sugerir que habría que hablar con las izquierdas independentistas para actuar acorde al movimiento del 1 y el 3 de octubre. Para más inri hoy en día, un año después, vemos como otro trozo de esta “melange” también acaba desmarcándose en el grupo Som Sobiranistes, que dicen que sólo quieren fundar el movimiento para devolver a los Comunes al espacio plural que eran antes, pero, lamentablemente, creo que finalmente acabarán siendo otra micro izquierda, ya que ICV y Podemos estatal marcan la senda a seguir. De hecho la propia Elisenda Alamany los tachó de estalinistas.

¿Asambleario?

También hay que ver cómo Podemos estatal ha ninguneado a sus propios círculos, que, teniendo como premisa que esta formación era de corte asambleario, donde se podían hacer propuestas y debatirlas en un fuero común, la cosa no acabó de cuajar. Recuerdo por aquellos días en los que recién habían emergido en las europeas, que comencé a darme una vuelta por las páginas de los círculos de Podemos (no sé si siguen existiendo a día de hoy), en muchos se quejaban de que la cúpula no los tenía en cuenta. La cúpula, sí, hay cúpula, desde que nacieron, prácticamente son los mismos los que parten el bacalao.

Un caso que me llamó muchísimo la atención fue que uno de estos círculos había realizado una propuesta con cara y ojos sobre la Renta Básica Universal, nada más y nada menos que uno de los puntos estrella de su programa para presentarse a sus primeras europeas, desde la página de dicho círculo corrían reclamos de atención por parte de la dirección estatal, que no les estaba pasando ni la hora. Lo cual nos lleva a una pregunta que se responde sola:

“¿Alguien más ha sabido algo sobre aquella famosa promesa?”

Por otra parte, llegar a poner a sus militantes en la tesitura de tener que votar si Pablo Iglesias e Irene Montero podían seguir o no ostentando sus cargos después de haberse comprado una casa de +600K€, me pareció un espectáculo que dejaba mucho que desear en una formación política.

Y así podemos extrapolar estas divisiones y cismas a muchos países, sobre todo en Latinoamérica, el resultado es que la gente de a pie que no está muy puesta en el tema se pierde, y no sabe ya quien está dónde ni qué ofrece. Pero la derecha suele estar MUY unida, si más no, para repartirse los votos por lotes para luego hacer coaliciones, que sólo se rompen si alguno de los partidos quiere sobresalir un poco más y le hace la cama al que está de titular.

El resultado, lo vimos en Italia, lo vimos en Argentina, lo vimos más penosamente en una Francia donde la izquierda casi quedó pintada al óleo, y lo estamos viendo en Brasil, donde lamentablemente las encuestas vaticinan lo peor, si no ocurre un milagro este 28 de octubre.

Vendiendo

Quizás, lo que veo es que las izquierdas que no están de acuerdo con los gobiernos de corte estalinista no se atreven a señalarlos públicamente, como sí se hace con el fascismo. Es como si fuera más difícil hacerlo, dado que dichos gobiernos están vendiendo la idea de que se basan en las teorías socialistas, quizás habría que quitarles la careta delante de todo el mundo y dibujar una raya divisoria entre lo que supone el verdadero socialismo y lo que son en realidad esos gobiernos usurpadores de identidad.

Al principio puede ser que se nos traten de fascistas, capitalistas, cualquier insulto que se les ocurra (como siempre hacen los defensores a ultranza de estos gobiernos, incluso gente que ni siquiera ha puesto un pie en dichos países, y dice que se vive libremente). Puede ser que nos digan de todo, pero todo gran cambio empieza desde abajo, fomentando la cultura de la desintoxicación en todos los fueros posibles (desde lo más tonto como una charla de bar en la que puede haber muchas orejas activas alrededor, hasta un discurso en una manifestación).

Poco a poco se irá creando un círculo más grande en el que los valores reales de la izquierda y la pluralidad se respeten y se sigan a rajatabla.

Si de algo hay de lo que aprovecharse de esta globalización es de su poder para transmitir el mensaje lo más lejos posible y que el movimiento resuene en todas partes. (No todo tenía que ser para los capitalistas.)

Ahora todo son movimientos y personas sueltas que pensamos lo mismo, pero ¿por qué no fomentar la reunión?  El boca a boca es muy poderoso.

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