Entrevista a Marina Morante: “Lo único que nos queda para la construcción de la república es nuestra clase”

 

[Català]

¿Cómo valoras las últimas movilizaciones del 29S y 1O de 2018?

Para mi un hecho muy importante es que veníamos de una época de reflujo de movilización. El 1 de octubre y el 29 de septiembre fueron repuntes de movilización que animaron a la gente a volverse a organizar en los CDR. También hubo un aspecto político muy interesante: las cargas de los Mossos d’Esquadra cuando se cumplía un año del contexto de represión policial de la Guardia Civil y Policía Nacional.

Este hecho y la demanda de la dimisión de Buch nos ha puesto en otro escenario. El proceso de movilizaciones sigue, obviamente la masividad de las movilizaciones no es la misma, pero es un proceso que sigue vivo. Hemos pasado de oír a sectores de los CDR decir que los Mossos son la nostra policía a pedir la dimisión del Conseller o els Mossos d’Esquadra també son forces d’ocupació. Esto políticamente es interesante y hay que ver como evoluciona.

Otra cuestión política que es interesante es que el pasado 1 de octubre, después de los cortes de carreteras organizados a primera hora de la mañana, la mayoría de los CDR de Barcelona se desplazaron a Nou Barris para parar un desahucio. Ese desahucio fue parado porque no hubo suficiente cuerpo policial para tanta gente. Éramos cientos de personas en esa calle y era imposible efectuar el desahucio. Así es como pensamos que hay que ampliar la base social: con hechos que unen la cuestión de la autodeterminación con la cuestión social.

Pronto se cumple el aniversario del 27-O, ¿crees que la política de la dirección procesista durante este año ha servido para paralizar en cierta medida el movimiento independentista en las calles con el fin de retornar a una política autonomista?

Parte del reflujo del movimiento es a causa de la política de la dirección procesista. La gente dipositó expectativas en los partidos como Convergència (PDeCAT) y ERC, que no se han cumplido. Es decir, no es cuestión de un gesto simbólico o un tuit, sino de la materialización de la República y la firme defensa de los derechos democráticos, animando a la gente a seguir en la calle.

Tampoco se ha puesto en el orden del día la cuestión social, condición para ganar base independentista. ERC dice que ellos no están apostando por la materialización inmediata de la República porque la tarea actual es ampliar la base social republicana. En el CDR de Nou Barris somos conscientes de que hace falta más base social para construir la República, y en especial la República social que queremos. Vivo en Nou Barris, conozco el contexto social y soy plenamente consciente de eso. La cuestión es si se esta utilizando este argumento para paralizar el proceso o si se esta utilizando para plantear un proyecto social que se materializa en las calles; en defensa de lo social y las libertades democráticas. Si se hace por el segundo motivo vamos juntos, pero parece que los tiros apuntan en otra dirección. Ampliar la base social es participar de las luchas antidesahucios en los barrios obreros, no subastando 47 pisos procedentes de herencias, como hizo la Generalitat el pasado julio, en vez de hacer de ellos vivienda social.

Estamos viendo que la opción política de la burguesía catalana fue, ha sido y será la negociación con el Régimen del ’78, porque la burguesía catalana forma parte de este Régimen. Entonces, hasta que no rompamos estas expectativas será muy complicado. Lo vimos el 21 D, en las elecciones impuestas, como el foco pasó de estar en la calle a volver a los debates del Parlament, y hoy pagamos las consecuencias. Yo creo que aquí entran en juego los intereses de clase. La burguesía catalana forma parte del Régimen del ’78 y hay sectores a los cuales no les conviene una ruptura. La ruptura precisa de movilización, de huelgas masivas, de un gran seguimiento por parte de la clase trabajadora, fuera y dentro de sus puestos de trabajo. Eso no les interesa.

El 1-O y el 3-O hubo mucha gente en la calle que percibió que ya no es posible la negociación y que para avanzar hay que romper con el Régimen. Posteriormente, con la depositación de las expectativas políticas que se generaban, la actuaciones del gobierno catalán y el reflujo de la movilización, sectores de este movimiento volvieron a sus casas decepcionados y decepcionadas. Tampoco ha habido una oposición firme como alternativa de cómo seguir la movilización. El otro día Carles Riera (CUP) decía en una rueda de prensa que “seguimos apostando por la calle y por la movilización”. Está bien, pero, ¿cómo? Faltan propuestas políticas concretas, falta la proyección de ver cómo podemos ganar. La gente sale a la calle pero necesita ver y percibir que efectivamente podemos ganar.

Ante esa situación ¿Cuál debe ser a tu entender el papel de organismos como los CDR y sectores independentistas que cuestionan hoy al Govern Torra?

En el CDR de Nou Barris nos encontramos en un debate en este aspecto. Hay gente que ve la traición y está decidida a dejar de crear expectativas con los partidos, yo en eso estoy de acuerdo. Pero entonces, añaden que, como consecuencia tenemos que dejar de colaborar con ANC, Òmnium, etc. Yo creo que los CDR estamos en un momento en el que tenemos que empezar a crear un discurso propio dentro de la diversidad que son los CDR. Los CDR no son una organización revolucionaria con un programa, es un espacio relativamente amplio. Debemos centrarnos mucho más en la cuestión social, en la cuestión de la clase trabajadora.

Pero a la vez creo que tampoco podemos caer en un sectarismo puro de no colaborar más con las entidades soberanistas. Estos organismos también arrastran sectores diversos y en cierto momento táctico es necesaria la unidad de acción. Eso no comporta “casarnos” a nivel de que acciones y políticas hacemos los CDR. Todo ello teniendo en cuenta que las entidades no juegan un papel rupturista de desobediencia, eso está claro. Pero la ANC convoca manifestaciones en las que asisten miles de personas y los CDR ¿que hacemos? ¿no vamos? ¿o vamos con nuestra línea política de autoorganización popular, con nuestras líneas sociales y de desobediencia? Yo creo que tenemos que participar de estos espacios de unidad de acción. Habrá espacios donde no nos vamos a encontrar, pero para mi es importante que si convocan un acto de miles de personas, que estemos allí, con nuestras propias propuestas.

En relación a los partidos creo que tenemos que entrar en una fase de denuncia. Hemos estado en una fase más de exigencia pero con la brutalidad policial que “se metieron“ el 29 de septiembre y el 1 de octubre, desde los CDR hay que empezar a combinar la exigencia con la denuncia.

Y hay que denunciar, obviamente, sus planes antisociales. En verano Convergència puso toda su artillería en aprobar la ley de los desahucios express. Si nosotros no denunciamos activamente estos hechos, es muy complicado que ampliemos la base como, por ejemplo, en Ciudad Meridiana, donde cada semana tienen desahucios. En el CDR de Nou Barris no dudamos ni un minuto en hacer un comunicado cuando se aprobó la ley denunciando que así no se construía la república y menos aun la república que nosotros queremos.

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¿Y qué opinas de la política de las direcciones de la izquierda independentista?

Pregunta complicada. Yo colaboro activamente con la izquierda independentista, pero personalmente, aun no teniendo la receta mágica, porque nadie la tiene, en mi opinión a faltado una propuesta de qué hacer, de cuales son los pasos concretos a seguir, y que esto no sean frases hechas, sino una política real. No concibo estar por la construcción de la república social y la ampliación de la base y después investir a Quim Torra, es contradictorio.

No es consecuente con mi forma de pensar y yo creo que la izquierda independentista y anticapitalista actualmente no está teniendo una propuesta ante la gente de que hacer. Y no solo eso, sino que se abrieron muchas oportunidades y ha faltado un carácter de clase y de sacar referentes trabajadores, es decir, de ser la voz de los que dicen que nosotros no estamos por cuestiones identitarias, no estamos por cuestiones nacionales; estamos por cuestiones democráticas y por una ruptura por tener derechos sociales y nacionales.

Me ha faltado este discurso de clase y una óptica más internacional. La izquierda independentista debería haber sido la punta de lanza para la organización de hermandades con el resto del Estado español y de toda Europa, más allá de las relaciones hermanas que se tienen en Andalucía o Euskal Herria.

Desde muchos CDR, como el de Nou Barris, se ha manifestado reiteradamente la necesidad ampliar las bases del movimiento independentista. ¿Hacia que sectores debe dirigirse el movimiento para conseguir que se cumpla el mandato popular del 1-O del 2017?

Aquí primero entra el debate este de que todo el mundo habla de ampliar las bases, hasta Convergència! El problema es que ellos no lo dicen como una política consecuente, sino para impedir tirar para adelante con la república, es una excusa. Ahora bien, a parte de esto, creo firmemente que para hacer efectiva la república hay que ampliar la base social. Cuando nosotros nos referimos a esto, desde el CDR de Nou Barris, nos referimos a nuestros vecinos y vecinas que son gente de la clase trabajadora, gente precaria, migrantes, etc.

¿Esto como se hace? Se hace teniendo una óptica mucho más social ¿Y por qué nos dirigimos a esta gente? Porqué hemos visto que dentro de la defensa de una ruptura con el Régimen del ’78 entran en juego intereses de clase y hemos visto que en el fondo la burguesía catalana forma parte del mismo problema estructural, y es por eso que Quim Torra sigue pidiendo negociaciones. Hemos visto la represión del 1-O, hemos visto la represión hasta en su propio partido, aprovecho llibertat presos i preses polítiques, y siguen pidiendo negociaciones. Esto no es un problema de si está el PP o el PSOE en el Gobierno, es un problema estructural del Régimen. Entonces, si vemos que los intereses de clase entorpecen el problema y vemos que la propia burguesía catalana es incapaz de aplicar la ruptura, lo único que nos queda para la construcción de la república es nuestra propia clase.

Nuestra clase es la gente que podrá hacer efectiva la república que queremos. La república catalana en si no es garantía de nada, la república solo es algo si la construimos la clase trabajadora con su diversidad: negra, gitana y transexual. La república catalana es una oportunidad para construir. Hemos visto que dentro del marco del Régimen del ’78 es imposible, pero se nos abrió una ventana donde podemos participar y ganar otro modelo de república, hay que ganarla. Y eso solo lo vamos a hacer con la gente a la que le interesa otro modelo de república y que es la clase trabajadora. Eso es ampliar las bases, participar parando desahucios, participando en el movimiento antiracista…

Hablamos de participar activamente en huelgas de trabajadores que van surgiendo. Para nosotros es esta forma de hacer república y por eso nos pitan los oídos cuando otros también hablan de ampliar la república, porque ellos, en el fondo, no quieren ampliar república.

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Sin embargo, importantes sectores de la clase trabajadora siguen alejados de la lucha por el derecho de autodeterminación ¿Cómo crees que se les podría sumar a la lucha para hacer efectivo el mandato del 1-O?

Es lo que decía, debemos participar de las luchas que surjan. Pero si lo analizamos, la mayoría de la clase trabajadora no está inmersa en luchas obreras y sociales. Entonces creo que también es necesario combinarlo con la creación de espacios amplios que tengan un discurso social, con una visión de defensa de los derechos democráticos, que tenga el eje en porque es necesario la república más allá de cuestiones nacionales o históricas. Hay que explicar los derechos que estamos perdiendo en todos los ámbitos y lo que podemos ganar.

Por otra parte, también entra en juego que parte de la clase trabajadora actual en Catalunya es gente migrante. Entonces aquí también nos tenemos que plantear que hacer. A veces nos dirigimos a la gente inmigrante como un colectivo homogéneo y no es así. Dentro de la gente migrante también hay diferencias de clase. Yo creo que tenemos que ganar a esta gente migrante trabajadora porque cuando hablamos de ganar a la clase trabajadora no nos referimos solamente a la clase trabajadora blanca sino a toda su diversidad, y eso pasa por hacer un discurso más amplio.

Ahora se acerca el 12 de octubre, hablemos de que ha hecho la gran patria en América latina; como ha oprimido el quechua, como explotó y colonizó pueblos. Cojamos otros relatos, no nos quedemos en el 1714, esa no es la única historia de la Catalunya que tenemos hoy. La historia de la Catalunya de hoy es la antifascista, la de los mineros asturianos, la historia de Casasviejas en Andalucía y también es la historia de los pueblos hermanos en América latina o en el Norte de África. Para mi es necesaria esta ampliación de miras.

El 3-O del 2017 la izquierda sindical junto al movimiento independentista impulsó una gran huelga general y parecía estar poniendo la primera piedra para la lucha por conquistar una república independiente a la dirección procesista. ¿Porqué crees que este salto cualitativo no siguió tras la jornada del 3-O?

Yo creo que tenemos unas limitaciones sindicales importantes. Hemos perdido conciencia de la sindicalización, incluso dentro de los movimientos sociales. Pero más allá, creo que desde la izquierda sindical no se ha sabido dar el valor que tenía esta ruptura que se estaba dando desde las calles. Primero de todo, ha habido debates sobre si el sindicalismo debía posicionarse sobre cuestiones políticas. Una huelga general contra la reforma laboral siempre es una huelga política, porque hablamos de legislación y de regulación de derechos. Realmente el sindicalismo forma parte de la política y un sindicato debe posicionarse por la defensa de los derechos sociales y laborales. Y eso pasa también por la denuncia de como están retrocediendo nuestros derechos democráticos.

Y por otra parte yo creo que intrínsecamente aquí entran los limites de la izquierda española ante el proceso catalán. Yo creo que va íntimamente ligado porque la izquierda española participa en el sindicalismo alternativo y se han creado disputas internas por una comprensión errónea de lo que estaba pasando en Catalunya. Lo que pasa aquí no es una cuestión meramente nacional. Otra cuestión son las disputas internas que han surgido entre sindicatos y en el mismo seno de cada uno. Han priorizado su modelo organizativo antes que las necesidades políticas del momento. Sectores sindicales se posicionaron el 3-O, pero después estas posiciones se han ido diluyendo.

El hecho de no haberse posicionado desde el sindicalismo por la defensa las libertades democráticas ha limitado el proceso que hemos vivido y seguimos viviendo. La plataforma 3-O pasó de organizar una huelga general a quedarse diluida haciendo actos importantes como las jornadas contra la represión pero que no han sido clave en fomentar este tipo de movilizaciones, cuando el sindicalismo era pieza fundamental para ampliar esta base social que hablábamos antes dentro de la clase trabajadora. No hablamos solo del sindicalismo como parte del movimiento, sino que es pieza clave y lo necesitamos porque es fundamental para ganar para la lucha a la clase trabajadora con un discurso de clase.

Y no solo la izquierda sindical, también las grandes centrales como CCOO y UGT deberían haber hecho un papel básico. Yo se que hay bases de estos sindicatos que hacen un buen trabajo en este sentido pero como dirección no han estado a la altura. Aún ahora, nos guste o no son los sindicatos que acaban arrastrando a más gente.

Aun así, ¿crees necesaria la exigencia a la izquierda sindical para que retome el camino de la lucha por el movimiento democrático catalán?

Sí, obviamente. Son pieza clave para ampliar la base social con la clase trabajadora. Son imprescindibles y tenemos que intentar seguir tejiendo alianzas con los sindicatos alternativos. Los CDR tienen una relación cordial con el sindicalismo alternativo y hay que seguir teniéndola. Incluso creo que deberíamos tener relaciones con los sectores locales y concretos de CCOO que realmente estén dispuestos a la defensa de estos valores democráticos, que los hay.

Por último, para muchos el siguiente paso para hacer efectivo el mandato del 1-O sería pelear por abrir un proceso constituyente catalán. ¿Cómo crees que este podría conquistarse?

Desde los CDR venimos exigiendo desde hace tiempo abrir un proceso constituyente. Lo que pasa es que a mi parecer un proceso constituyente tiene que ser una cosa amplia, con sentido, significativa. Tiene que significar algo para el vecindario, no puede ser una jornada solo de asambleas abiertas. Tiene que tener un valor significativo para agarrarnos y pelear por él. Obviamente, teniendo en cuenta también las luchas que se han hecho antes. Soy consciente que desde diversas opciones de izquierda se están empezando a pensar proyectos para efectuar ese proceso constituyente. Pero este proceso constituyente tiene que ir de la mano de iniciar una ruptura con el Régimen del ’78 porque sino nos quedará un proyecto simbólico que no será significativo, en el cual, como consecuencia, la gente no se involucrará.

Para mi se podrían tomar como ejemplo procesos participativos que se hicieron durante y después de la Transición que no fueron dentro de un marco legal sino que se generaron, por ejemplo, dentro del modelo educativo de la escuela catalana y que eran significativos, porque la gente sabía que era algo que iban a crear y que iban defender. El proyecto constituyente debe ir en ese sentido y no debemos cederlo a despachos cerrados, sino que debe ser un espacio participativo y en el que esté involucrada la mayoría de la clase trabajadora. Debería ser una herramienta más de lucha que nos abra nuevos ciclos de movilización.

En este sentido, es imprescindible que tengamos más alianzas y fomentar estos procesos en el resto del Estado español. Creo que tenemos que construir una alianza de lucha real, no solo con los sectores independentistas del resto del Estado sino con movimientos amplios de base. Lo ideal habría sido que el 3-O también hubiera sido huelga en Madrid, en Andalucía, etc. Que el 8-N pudiéramos haber organizado cortes en la Plaza del Sol y así hubiéramos tenido más posibilidades de ganar.


Marina Morante es activista del CDR de Nou Barris y militante de Marx21.

La entrevista fue realizada por Arsen Sabaté para izquierdadiario.es.

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