Gaza, Aquarius… solidaridad sin fronteras

Rubén James Vargas

 

Estos días ha llegado la flotilla Rumbo a Gaza al puerto deportivo de Xixón, mientras que València se prepara para recibir al Aquarius con las 629 personas rescatadas.

Rumbo a Gaza

El pasado 12 de junio, llegaron los barcos Freedom (Libertad) y Al Awda (El Retorno) al puerto deportivo de Fomento en la ciudad asturiana de Xixón. Tuvieron un viento muy bueno y llegaron un día antes de lo previsto.

Según cuenta Virginia, una tripulante, la flotilla también cuenta con otros dos barcos que recorren los canales de Europa visitando ciudades del centro del continente. Mientras se queden en Xixón, la tripulación junto a grupos propalestinos locales tendrán reuniones con ayuntamientos y con el Gobierno del Principado.

En Gijón el 14 de junio habrá una manifestación de apoyo con el pueblo palestino y la ciudad de Gaza. El viernes 15 también habrá un festival de música en apoyo a la misma causa. Los ciudadanos de Xixón y Asturias están invitados a acercarse a los navíos y conocer a la tripulación, así como su proyecto.

A día de hoy la flotilla ya no lleva bienes materiales ni medicamentos a la población de Gaza, más que los mismos navíos que serán donados para la gente de Gaza. Esto se debe a que en ocasiones anteriores las fuerzas militares israelíes han confiscado todos los bienes cuando abordaron las naves e incluso han quemado el material ante la tripulación. Peor aún, lo han entregado para el uso de los colonos israelíes en los territorios ocupados.

Rumbo a Gaza es pues una declaración, un mensaje al Gobierno israelí para que ponga fin al bloqueo y asedio de la ciudad y también otro al gobierno del Estado español para que éste ponga fin a su complicidad con la ocupación y el bloqueo de Gaza.

La llegada del Aquarius

La llegada de la flotilla a la península coincide también con la llegada del navío Aquarius a València, transportando las 629 personas rescatadas de las aguas del mediterráneo cerca de las costas italianas y maltesas, los cuales negaron el desembarco en sus puertos.

Muchas personas reciben la noticia con alegría: es positivo que por fin el Estado español reciba refugiados, más aún cuando todavía no se ha cumplido la cuota de acogida a la que se comprometió.

Pero a la vez se fomenta un discurso que viene de la derecha mas reaccionaria —y de la “no tan” reaccionaria— que dice preocuparse por cómo se podría mantener a las personas que llegan a España si hay familias españolas que viven en situación de pobreza, y personas sin techo que ya viven en situaciones de miseria.

El problema es que los colectivos que tienen este discurso son los mismos que defienden los desahucios, que apoyan la corrupción política que vacía las huchas de las pensiones, que recortan en sanidad, educación y privatizan lo público.

Entonces para los que dicen “¿por qué hay dinero para la gente refugiada y no para otras cosas?” tenemos el deber de insistir en que por supuesto que debemos luchar por mejores servicios sociales, contra los recortes, etc. pero usar esto como excusa para nos ser solidarios y acoger es impresentable. Hay que insistir: los mismos que fomentan ese miedo son los responsables de la situación precaria de miles de familias en este país.

No se trata de priorizar en función del color de piel; no estamos diciendo que la gente trabajadora blanca deba “perder privilegios” ni sacrificar derechos. Al contrario, la defensa de la acogida es parte de la insistencia en la unidad de clase para mejor defender los intereses colectivos de la misma.

Quien niega la llegada de gente refugiada está en efecto poniendo en cuestión los derechos de la gente trabajadora negra que ya está aquí. Por tanto, buscan dividir a la clase trabajadora.

Marx ya en el s.XIX habló de este problema entre trabajadores ingleses e irlandeses y de la tensión que se producía entre ellos. Los trabajadores ingleses odiaban a los irlandeses porque desde los periódicos de la época les vendían la idea de que el irlandés venía a quitarle el trabajo y su medio de subsistencia. De esta manera, el explotador intentaba distraer al explotado de cualquier lucha contra la clase burguesa y el patrón. De esta manera además, inculcaba una falsa idea de superioridad del trabajador nacido en Inglaterra sobre el trabajador migrante.

Algo similar ocurría en EEUU con los trabajadores afroamericanos y los “pobres blancos” bajo la segregación racial en ese país. Es importante entonces que la clase trabajadora “autóctona” unifique su causa con la del trabajador migrante para que juntos hagan causa común contra la clase opresora.

En conclusión, la clase trabajadora del Estado español existente tiene que hacer frente común con la gente trabajadora migrante para defender sus derechos laborales colectivamente. También debe apoyar, en la medida de lo posible, a los colectivos que luchan por levantar el asedio y bloqueo a la población civil de Gaza por parte del estado opresor de Israel y de esta manera solidarizarse con la lucha por los derechos de la clase trabajadora palestina.


Rubén James Vargas es miembro de Marx21 en Asturias

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