El poder popular elimina la prohibición general del aborto en Irlanda

Tina MacVeigh

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El viernes 25 de mayo de 2018, la población de Irlanda votó masivamente a favor de eliminar la 8ª Enmienda de la Constitución irlandesa. Se produjo la inversión de la historia, la semana pasada el 66% votó a favor de eliminar la Enmienda: el 67% había votado a favor de incluirla en 1983.

Las mujeres en Irlanda llevan 35 años viviendo bajo la sombra de la 8ª Enmienda. Ésta no sólo ha constituido la efectiva prohibición del aborto por cualquier motivo, equiparando la vida del feto a la de la mujer, sino que también ha encarnado décadas de vergüenza y criminalización de las mujeres por parte del Estado y de la iglesia.

Durante estos 35 años, los movimientos feministas de base han hecho campaña a favor de la anticoncepción, del aborto, del derecho a la información sobre el aborto, del derecho a viajar a otros países para abortar cuando todavía era ilegal en Irlanda. Este fin de semana, el gobierno conservador de Irlanda se presentó como el protagonista de esta victoria, a pesar de que tan sólo en 2014 aprobara la condena de 14 años de cárcel para las mujeres que comprasen o tomasen píldoras abortivas, y a pesar de que en septiembre de 2017 nuestro Taoiseach (Primer Ministro) declarara públicamente sus reservas acerca de introducir una nueva ley sobre el aborto.

Vale la pena recordar que sólo se ganó esta victoria gracias al movimiento de base. Tras la muerte de Savita Halappanavar en octubre de 2012, decenas de miles de mujeres y hombres salieron a la calle en manifestaciones y huelgas buscando un cambio. La demanda de este movimiento explosivo y renovado fue la derogación de la 8ª Enmienda. La “Derogación” se convirtió en un poderoso símbolo de la liberación de las mujeres y del derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos. Una vez que se anunció el referéndum en enero de 2018, las mujeres normales y corrientes de todo el país crearon grupos locales a favor de la Derogación y se organizaron en sus comunidades y lugares de trabajo: muchas de ellas nunca habían sido políticamente activas antes. Mujeres valientes que habían viajado para abortar, o parejas que habían viajado por razones médicas, rompieron el silencio al hablar y contar sus horribles historias; la realidad de exportar al exterior nuestro problema de embarazos no deseados.

Esto es lo que derrotó a los conservadores fanáticos, al poderío de la institución eclesiástica, a los activistas bien financiados “pro-vida” (la mayoría de cuyos fondos provienen de Estados Unidos), a la Orden Naranja y al Alt-Right. Fue el poder del pueblo, y ese poder se manifestaba en un voto que trascendía la demografía, la geografía, el género y la clase social. ¡Qué victoria!

¿Qué significa esta victoria? Significa que el parlamento irlandés, el Dail, legislará nuevas normas sobre el aborto, que probablemente cubrirán hasta las 12 semanas del embarazo.

Por el momento, el aborto sólo está disponible cuando la vida de la mujer está en peligro. Las mujeres todavía se enfrentan a hasta 14 años de prisión por intentar practicar un aborto.

La impresionante victoria de Irlanda en el referéndum también hará más difícil seguir negando los derechos básicos de las mujeres del norte de Irlanda y representa un rayo de esperanza para las mujeres de todo el mundo, especialmente en países donde existen regímenes altamente represivos y otros como Polonia y los Estados Unidos, donde ha habido intentos de retroceder en los derechos adquiridos a través de la lucha popular.

Sin embargo, aunque nos hemos ganado el derecho a la atención de la salud reproductiva y al aborto en Irlanda, hoy las mujeres todavía nos enfrentamos a muchas barreras para tener una verdadera autonomía y elección corporal.

Muchas mujeres siguen sin hogar, sigue existiendo una diferencia salarial entre hombres y mujeres; existen barreras para la salud y el cuidado de los niños, para la educación y para la posibilidad real de elegir. Seguimos estando poco representadas en la vida social, económica y cultural.

Tras esta victoria del poder popular, la lucha debe comenzar por un sistema sanitario de calidad en el que las mujeres podamos acceder al aborto cuando lo pidamos. Las y los activistas tendremos que luchar con uñas y dientes para que el Estado invierta adecuadamente en hospitales para mujeres, en clínicas de salud sexual y en servicios especializados respecto al aborto. También tendremos que seguir luchando por una Irlanda que otorgue a las mujeres un verdadero derecho a elegir, el derecho a decidir tener una familia o bien a no continuar un embarazo.


Tina MacVeigh es concejala de People Before Profit en el Ayuntamiento de Dublín y militante de la Socialist Worker Network

 

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