Una investidura que no debía ser

Marx21

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Finalmente, cerca de seis meses después de las elecciones del 21 de diciembre de 2017, el parlament catalán ha investido a Quim Torra como el 131º presidente de Catalunya. Hacemos un balance de las disputas y los retos.

No teníamos que estar aquí

Si el gobierno español hubiera respetado el referéndum y los partidos unionistas hubieran hecho una campaña de “vota no” —en lugar de “no votarás”—habríamos tenido un resultado inapelable… que seguramente habría sido un “Sí” más ajustado pero con más participación. (Por eso hicieron boicot en lugar de hacer campaña por el “No”.)

Si no se hubiera aplicado el 155, suspendiendo al gobierno; si el poco independiente sistema judicial no hubiera enviado al gobierno a la cárcel o al exilio; en breve, si se hubiera respetado la democracia… Si hubiera sido así, ahora Carles Puigdemont aún sería presidente, y los gobiernos español y catalán estarían negociando los términos de la independencia de manera civilizada. Y no habríamos tenido las elecciones del 21 de diciembre ni todo este debate sobre la investidura.

Pero no ha sido así. Reprimieron el referéndum y golpearon a las personas que querían votar, aplicaron el 155, impusieron nuevas elecciones… y volvieron a perder.

Los tribunales, siguiendo las demandas del PP, impidieron la investidura de Puigdemont, Jordi Sánchez, Jordi Turull… y al final Puigdemont propuso a Quim Torra.

Ningún partido que haya apoyado estos ataques a la democracia puede dar lecciones ahora ante la investidura de Quim Torra. Hemos llegado aquí por culpa de las fuerzas que se han opuesto, no sólo a la independencia, sino al mismo derecho a decidir.

La derecha catalanista hace más promesas que no puede cumplir

Pero se hicieron las elecciones, y todos los partidos decidieron participar, así que se debe aceptar el debate político sobre los resultados. Para ser más exactos, la derecha catalanista no puede insistir en su derecho sagrado a gobernar, cuando ni ellos lo han defendido en los momentos clave.

Artur Mas se echó para atrás en un momento clave, cuando el Estado español puso pegas al referéndum del 9 de noviembre de 2014.

Puigdemont es mucho mejor que Artur Mas, por supuesto (las personas que tildaron a la izquierda anticapitalista de traidores y agentes del CNI por negarse a investir a Mas ya no se acuerdan de ello, se supone). Sin embargo, en los momentos clave —como el 10 de octubre, sin ir más lejos— Puigdemont también se echó para atrás.

¿Qué hace pensar que Torra se mantendrá firme en un momento crucial?

No es una cuestión moral o individual, sino de clase. Como dijimos hace dos meses: “Las reticencias de los dirigentes de Convergència (Pedecat, etc) en momentos cruciales reflejan los intereses de la clase a la que quieren representar, la burguesía catalana”. Puigdemont, Torra, y otros políticos semejantes quieren la independencia, quieren romper con el Estado español… pero por encima de todo, quieren mantener su visión del orden. Por ello Torra insultó al movimiento 15M (“ese grupo de tontos de los indignados”) por la protesta de rodear el parlamento el 15 de junio de 2011. Dijo que “ni en Uzbekistain (sic) pasa esto… es intolerable, democráticamente hablando” y comparó la acción con el golpe de estado militar del 23-F.

El Estado español ha dejado claro que una salida tranquila y negociada es imposible, así que hará falta una salida mediante la movilización. Y la derecha catalanista no quiere este tipo de movilización, y es igual las promesas que hagan o los compromisos que firmen; esto está en su naturaleza de clase.

No son sólo unos tuits

Como sabemos, un tema destacado en el debate han sido los tuits de Quim Torra, con copiosos insultos hacia “los españoles”. Ha borrado los tuits y ha pedido disculpas. En efecto, Torra dijo “Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir”.

Pero no son sólo unos tuits. Uno o dos tuits se podrían explicar como fruto de una rabia pasajera, pero una serie de escritos a lo largo de muchos años son otra cosa. Es toda una visión del mundo, que combina un etnicismo biológico con otras ideas reaccionarias de todo tipo. (Hay enlaces a algunos de los artículos al final.)

Alguna gente ha intentado relativizar el tema, insistiendo en que sus palabras iban contra el Estado español, no contra las personas españolas, pero queda claro que muchos de sus mensajes se dirigen contra la población castellanohablante de Catalunya. Un gran acierto de la mayoría del movimiento soberanista ha sido su rechazo a las visiones etnicistas. El lema de que toda persona que viva o trabaje en Catalunya es catalana tiene mucha aceptación. Los escritos y tuits de Torra que se han difundido no reflejan esta visión en absoluto.

Aparte de ser moralmente rechazable, esta visión es desastrosa para el proyecto independentista. No se puede construir una Catalunya independiente contra el sector castellanohablante de la población. En Estonia, gracias al hundimiento de la URSS, lograron la independencia sin mucho apoyo de la población rusohablante del país, pero aún arrastran conflictos por el tema, casi 30 años después.

Las posiciones que defiende Torra van en la dirección contraria a la que necesitamos, que es la del diálogo y comprensión mutua, en base a los intereses compartidos por la gente trabajadora de Catalunya, sin importar su lengua principal, que puede ser el catalán, castellano, urdu, árabe, punjabi, amazigh…

La hipocresía de la derecha españolista

Dicho esto, algunas de las personas que denuncian las declaraciones de Quim Torra llevan la hipocresía a extremos inimaginables. Hablamos de Albert Rivera de Ciutadans, un partido que hace años que colabora de mil maneras con fascistas: en una coalición electoral; teniendo candidatos y dirigentes procedentes de la extrema derecha; en manifestaciones conjuntas; en acciones en la calle para arrancar lazos amarillos… Hablamos de Xavier Garcia Albiol, señalado por el Consejo de Europa por haber promovido la xenofobia y dirigente de un partido que se niega a condenar el franquismo. Y trágicamente, incluso del PSE que ha convocado manifestaciones conjuntamente con 14 organizaciones de extrema derecha.

Estas fuerzas no tienen base moral para criticar las declaraciones desagradables de Quim Torra.

Pero los movimientos y las personas que llevamos años luchando contra el racismo sí tenemos el derecho a cuestionar sus declaraciones. De hecho, tenemos el deber de hacerlo, y aún más las personas que defendemos la independencia. Si no denunciamos argumentos basados ​​en la “raza” cuando los presenta un catalanista, caemos en la misma hipocresía que la derecha españolista.

¿Tendremos un gobierno de extrema derecha?

Torra ha demostrado tener muchas ideas reaccionarias, pero estas toman la forma de artículos de prensa y tuits, no consta ningún intento de llevarlas a la práctica. Equiparar estas declaraciones con el nazismo, como ha hecho algún tuitero, es una banalización peligrosa. (Ver la declaración de Unitat Contra el Feixisme i el Racisme.)

El fascismo no consiste sólo en unas actitudes desagradables; es un movimiento político que busca acabar con toda la democracia (limitada) existente, y destruir completamente al movimiento obrero. (Por el mismo motivo, es un grave error argumentar que la represión estatal supone que ahora vivimos bajo el fascismo. Ver “Por qué el Estado español no es fascista”.)

Pensar que las ideas de por sí constituyen una fuerza política refleja el idealismo filosófico. Éste aparece a menudo, como en el argumento: “hemos decidido que queremos una república, así que ésta existe”. Del mismo modo: “Torra ha hecho comentarios reaccionarios, así que tenemos una presidencia de extrema derecha.”

Alguien incluso ha comparado la situación con Hungría, donde Viktor Orbán y su partido FIDESZ —que comenzó como un grupo de jóvenes profesionales y liberales, Facebookeros en versión de 1989— aplican políticas xenófobas. La comparación demuestra la gran diferencia entre estas dos situaciones. El partido de Orbán —de extrema derecha populista— tiene mayoría absoluta en el parlamento; la segunda fuerza es el partido fascista, Jobbik.

En cambio, el movimiento soberanista es mayoritariamente progresista. De los tres partidos soberanistas, CUP es anticapitalista, ERC es socialdemócrata pero en general mucho más firme ante el racismo que muchos “partidos socialistas” europeos, e incluso Junts Per Catalunya incluye a personas progresistas y antirracistas. (Esto subraya la insensatez de haber decidido —entre toda esta gente— investir a Quim Torra.) Aunque Torra quisiera aplicar políticas xenófobas, lo tendría muy difícil.

De hecho, este balance de fuerzas dentro del movimiento, y sobre todo el rechazo que se ha creado en torno a sus declaraciones reaccionarias, supone que tendrá que mostrar mucha más sensibilidad sobre temas de racismo de la que solía tener CiU cuando gobernaba. (Además, este artículo muy interesante señala una posibilidad: “puede que [Torra] haya cambiado… el proceso nos ha cambiado un poco a todo el mundo”.)

Tendremos que permanecer vigilantes y sobre todo exigentes en estos temas; bajo ningún concepto debemos ponernos a la defensiva, pensando que tenemos una administración de extrema derecha.

La solidaridad internacional

Un factor importante para conseguir los derechos democráticos de Catalunya será la solidaridad internacional. Toda la experiencia hasta ahora indica que esta solidaridad vendrá casi exclusivamente de la izquierda y de los movimientos sociales progresistas.

Empezamos tarde, pero ahora llevamos meses dialogando con gente de toda Europa y del mundo y un punto clave es explicar que la gran mayoría del soberanismo es progresista; internacionalista y antirracista.

La investidura de Torra representa un grave retroceso en este trabajo. Sus comentarios reaccionarios se han difundido ampliamente —el Estado español ha sabido sacar provecho de ello— y tendremos que hacer frente a las preguntas que se nos plantearán. No tenemos ninguna opción sino la de decir la verdad; toda la verdad, reconociendo que hizo las declaraciones horribles, pero que no representan al conjunto del movimiento y que muchas de las críticas que han recibido reflejan hipocresía, no un antirracismo auténtico.

Proceso constituyente desde abajo

Volvemos a lo fundamental. La derecha catalanista ha demostrado que en el momento crucial dará un paso atrás en la lucha por la independencia. La lucha por una nueva sociedad ni se la plantea. Es decir, con la derecha, no vamos a ninguna parte.

Esta investidura ha sido un error. Difícilmente podrían haber encontrado un candidato menos indicado. A pesar de ello, ERC votó a favor, en una especie de síndrome de Estocolmo que sufre con el Pedecat/JxCat.

La CUP- Crida Constituent hizo una declaración diciendo que “no apoya la investidura y mantiene las cuatro abstenciones”… pero todo el mundo sabía que las abstenciones significaban hacer posible la investidura. En el debate interno de la CUP —es un espacio que se esfuerza mucho para mantener las formas democráticas— una minoría importante defendía el “no” a la investidura de Torra, pero por mayoría se acordó la abstención.

De hecho, la decisión tiene cierta lógica, desde el punto de vista de la CUP. Durante estos 6 meses han insistido en que votarían a favor de la investidura de Puigdemont. Al final, éste ha optado por Quim Torra, que políticamente no es tan diferente.

Un pequeño detalle es que en el debate de investidura Xavi Domènech, de los Comunes, criticó a la CUP y ERC por no haber planteado una candidatura de izquierdas, dando a entender que los Comunes la habrían votado. Le respondió en un tuit Natalia Sánchez de la CUP, diciendo que lo podría haber propuesto durante estos 6 meses y no lo hizo. Es obvio que las izquierdas deberán acercarse más, y esto supone hacer un trabajo real y conjunto sobre los principios compartidos, no hacer declaraciones cruzadas para el consumo de los medios y las redes.

En todo caso, la clave no es a quién investir como presidente; hay pocas posibilidades de avanzar por la vía institucional, con Puigdemont, Torra o quien sea. Por un lado por las dudas entre los principales partidos independentistas. Por el otro debido a la presión sobre las instituciones catalanas desde el Estado español, que se mantendrá. La última declaración de la Moncloa (con fecha del 12/05/18) dice que “este Gobierno estará muy vigilante de los actos del candidato y de su posible Gobierno. Cualquier ilegalidad será reparada y cualquier vulneración de nuestro marco constitucional será respondida”.

¿Cuál es la alternativa? Si queremos la independencia para lograr un cambio social, tenemos que ir por otra vía. Debe ser la de la movilización, con propuestas como el proceso constituyente, para debatir y luchar por los cambios que queremos en una república. Una vía así no entusiasmará a la derecha catalanista, por supuesto. Pero sí tiene la posibilidad de implicar a gente trabajadora de mucho más allá del movimiento independentista actual.

En lugar de intentar mantener el bloque con la derecha catalanista, implica trabajar para formar una nueva mayoría basada en la clase trabajadora; es decir, reconstruir desde abajo, como escribimos hace dos meses. No es una opción fácil ni rápida, pero las soluciones fáciles del independentismo mágico han demostrado que no funcionan; nos han llevado a la investidura de un presidente nada mágico. La gente que ha luchado años o meses por el derecho a decidir y la que defendió los colegios electorales el 1 de octubre se merece más. Toda la gente trabajadora de Catalunya se merece más.


PD: Algunas de las citas, y los artículos enteros

Sobre los Almogávares: “Y que no nos salgan los buenos progresistas de turno a recriminar una conquista que fue fiel a lo que se puede esperar de una conquista —y de una venganza—”

Quim Torra, Fa 700 anys, a Atenes, 29/04/2011

Sobre el 15-M: “Ese grupo de tontos de los indignados nos lleva directamente al quinto mundo.”

Quim Torra, Un dia de fúria i de vergonya, 16/06/11

Sobre los hermanos Badia (catalanistas de extrema derecha de los años 30, por los que el fascismo catalanista organiza los homenajes actuales): “Es necesario que les agradecemos su lucha, porque ahora sabemos que era nuestra. Así estamos, todavía, teniendo que pedir que la patria se acuerde de sus mejores hombres”.

Quim Torra, Cal que els agraïm la seva lluita, perquè ara sabem que era la nostra, 25/04/11


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