La batalla de Francia

Charlie Kimber

Se avecina una gran batalla en Francia, que algunos medios de comunicación comparan con la huelga de los mineros británicos de 1984-5.

Reúne las demandas de privatización de la Unión Europea (UE) y la política antiobrera del gobierno francés.

El presidente francés, Emmanuel Macron, está lanzando un ataque frontal contra la plantilla de la red ferroviaria estatal, SNCF. Se le considera la sección mejor organizada de la clase trabajadora francesa, y ha infligido amargas derrotas a gobiernos anteriores.

En declaraciones al diario Le Monde, el politólogo y encuestador Jereme Sainte-Marie aconsejó a Macron. “Para él, sería mejor que la reforma de la SNCF pareciera una batalla real”, dijo. “Si la victoria es demasiado fácil, la rentabilidad política sería menor. Sería mejor si fuera como la huelga de los mineros a Thatcher, una heroica lucha contra la temida fantasía del monstruo sindical, que finalmente gana.”

El primer ministro de Macron, Edouard Philippe, ha dicho que el gobierno impulsará los cambios rápidamente mediante un decreto ejecutivo especial y si es preciso sin pasar por el trámite parlamentario.

Pero las y los trabajadores no se están acobardando ante la batalla. Hay una gran manifestación de la plantilla del ferrocarril el 22 de marzo para coincidir con una gran huelga del sector de la administración pública, enseñanza y otros, con el apoyo de gente jubilada y estudiantes. SUD Rail, uno de los sindicatos ferroviarios más combativos, ha convocado una huelga ese día.

Luego, de abril a junio, todos los sindicatos ferroviarios anunciaron que harían huelga en dos días de cada cinco, un total de 36 días de huelga.

Incrementar las ganancias

Axel Persson, un conductor de tren en la estación de Trappes en París, dijo a Socialist Worker: “Esta es una lucha crucial que podría definir el futuro de los trabajadores franceses. El gobierno y la administración de SNCF quieren un cambio fundamental en los ferrocarriles. El primer capítulo es cerrar líneas que no se consideran lo suficientemente rentables. En segundo lugar, habrá subidas de tarifas para aumentar las ganancias. En tercer lugar, eliminarán para todos los nuevos trabajadores los acuerdos colectivos que se aplican ahora”.

Axel explicó que, si tienen éxito, los planes de Macron abrirán el camino para la privatización: “El gobierno asumirá la deuda de SNCF y las compañías privadas absorberán secciones de trabajadores en condiciones y salarios mucho peores que los actuales”.

Macron quiere deshacerse del Estatuto de los ferroviarios. Ha existido de una forma u otra desde 1912. Se desarrolló más plenamente después de la gran huelga ferroviaria de 1920: “Fue actualizado en 1938 después de que los ferrocarriles se convirtieran en propiedad estatal mayoritaria y luego nuevamente después de la Segunda Guerra Mundial”, dijo Axel. “Protege a los trabajadores y les otorga los derechos básicos que todos deberían tener”.

“Una vez que hayas pasado las pruebas, no puedes ser despedido, excepto por motivos disciplinarios graves, como poner en peligro a las personas o golpear a alguien”.

Los despidos masivos y los despidos comunes en otras industrias no han pasado en los ferrocarriles. “Los conductores pueden retirarse de la edad de 52 (aunque con una pensión reducida) y otros empleados a los 57”, dijo Axel. “¿Y por qué no deberían? La gente trabaja lo suficiente y durante el tiempo suficiente.”

“El asalto de Macron no es el primer ataque al estatuto ferroviario. Pero podría ser el más significativo. Quiere implementar cambios más profundos que otros gobiernos recientes”. Su apuesta es que va a ganar y esta será una gran señal para los demás de que ha quebrado la resistencia de los trabajadores del ferrocarril y, por lo tanto, puede vencer a cualquiera.”

Ya el 10 por ciento de la plantilla de SNCF y el 25 por ciento de las nuevas contrataciones están fuera del estatuto. Y no garantiza una vida fácil. Se usa como una excusa para los bajos salarios. Macron quiere generalizar y acelerar el debilitamiento de las condiciones que ya se han producido.

Una de las excusas de Macron para el asalto es una directiva de la UE. El Cuarto Paquete Ferroviario de la UE requiere que todos los estados miembros pongan los servicios ferroviarios de pasajeros a la competencia para 2019. Esto es un recordatorio del verdadero papel que desempeña la UE.

Pero Macron no necesita estímulos. Después de haber sido elegido como la gran nueva esperanza “centrista” el año pasado, ha incrementado el gasto militar, endurecido las leyes racistas y aplicado una política antiobrera que provocó grandes manifestaciones en septiembre pasado y a huelgas en 4.000 centros de trabajo.

Una de sus armas clave es la división entre la gente trabajadora. Su mensaje es que los trabajadores del ferrocarril tienen mejores condiciones que los demás, por lo que deben ser reducidos a un nivel inferior. Los profesores tienen más vacaciones que otros, por lo que éstas deben ser reducidas.

Oliver Besancenot, del partido anticapitalista NPA, dijo: “Si como trabajador, empleado, desempleado o jubilado, comenzamos a pensar que otro trabajador, simplemente porque tiene algo que nosotros no tenemos, es una persona privilegiada, entonces más pronto o más tarde, seremos víctimas del mismo tipo de tratamiento.”

Las personas que trabajan en enseñanza, en sanidad, en la administración pública y otros sectores se enfrentan a nuevas medidas dirigidas a permitir miles de despidos.

Hasta ahora, los únicos recortes de empleos que han logrado imponer consistían en no reemplazar a los trabajadores que se iban.

Además, Macron quiere un uso mucho más amplio de los contratos temporales, de los trabajadores de ETTs , y el “pago por mérito” que individualiza a los trabajadores y vincula sus salarios a “resultados”.

Los sindicatos tienen que luchar. El principal sindicato ferroviario es la CGT que ha amenazado con “un mes de huelgas” pero, hasta la fecha, no ha traducido esa amenaza en una lucha real.

Resistencia

Junto con otros sindicatos ferroviarios, ahora ha convocado un día nacional de manifestaciones para este jueves, 22 de marzo.

Este 22 de marzo ya se está perfilando como un gran día de resistencia. Siete de los nueve sindicatos del sector público han convocado una huelga de un día contra los ataques que enfrentan.

Los activistas ferroviarios de la CGT presionaron para iniciar huelgas lo antes posible. Cuando Axel habló con el Socialist Worker, acababa de llegar de una reunión que había votado a favor de la huelga, no sólo de la manifestación, el 22 de marzo.

Las federaciones locales pueden convocar sus propias huelgas sin el permiso del sindicato nacional.

Los trabajadores deberían recordar la gran lucha en 2016 contra la ley de trabajo del Presidente socialista, Hollande.

Esta ley preparó el camino para los ataques de Macron, y vio meses de huelgas y protestas. Pero al final la CGT y otros líderes sindicales terminaron la lucha en lugar de extenderla. No se puede permitir que esto ocurra nuevamente. La jornada del 22 de marzo debe ser el comienzo de algo mucho más grande.

La clase trabajadora puede ganar a lo grande, como lo ha hecho antes

En 1995, los trabajadores ferroviarios desempeñaron un papel central en la humillación del gobierno del primer ministro Alain Juppé, que tenía un plan similar al de Macron. Fue la mayor ola de huelgas y protestas desde 1968.

William Rees-Mogg, ex editor del periódico del establishment, The Times, lo llamó “el evento más amenazante en Europa occidental durante la década de 1990.”

Seis meses antes, el gobierno conservador francés había llegado al poder con la confianza de que podría aplastar la resistencia sindical. El llamado plan Juppé implicó recortes masivos en los servicios públicos.

La lucha comenzó con los estudiantes. Lograron victorias significativas y esto se extendió a otras áreas. Creció la presión sobre los líderes sindicales para luchar, y convocaron un día de acción el 10 de octubre. Hubo huelgas impresionantes en el sector público y alrededor de medio millón de personas salieron a las calles.

Finalmente, los sindicatos presionaron para convocar más huelgas y protestas el 24 de noviembre de 1995.

No solo 800,000 personas se unieron a las manifestaciones; un factor fundamental fue que activistas sindicales en los ferrocarriles fueron lo suficientemente fuertes como para convocar una huelga general. Ésta provocó que numerosas zonas del país quedaran incomunicadas.

Unos días más tarde, la huelga ferroviaria se extendió a los autobuses y metro de París, y luego a una minoría de la plantilla de correos, gas, electricidad y telecomunicaciones.

Las asambleas masivas diarias en las industrias en huelga mantuvieron la batalla, y diferentes grupos de huelguistas comenzaron a reunirse en las asambleas de distrito.

A principios de diciembre, el gobierno estaba en retirada. Las huelgas se extendieron. El 5 de diciembre, 160.000 personas se unieron a una airada protesta en París. La manifestación antihuelga convocada por el gobierno atrajo a sólo 1.500 personas.

Unos 1,3 millones se manifestaron por toda Francia el 7 de diciembre. Continuaron las huelgas indefinidas en el ferrocarril, los autobuses, el metro, el correo y en otros lugares. El gobierno comenzó a hacer concesiones y luego retiró partes clave del plan Juppé.

El gobierno cayó en 1997. La memoria de 1995 atormenta a los gobiernos franceses. Macron no debe obtener una victoria que lo borre de la conciencia de la clase trabajadora.


Este artículo fue publicado en Socialist Worker, 18 de marzo de 2018

 

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