Elecciones en Catalunya: una victoria agridulce para la independencia

David Karvala

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El titular de las elecciones al Parlament catalán es que los partidos independentistas conservan su mayoría. Tras meses de represión —con la aplicación del 155, líderes políticos en prisión y amenazas judiciales contra decenas de dirigentes más, cientos de sitios web clausurados…— es un gran logro.

El Partido Popular que ha liderado esta represión —con el apoyo activo del PSOE y Ciudadanos— perdió más de la mitad de su ya escaso apoyo y obtuvo solo el 4% de los votos y 3 (al final 4) escaños.

Pero hay otros aspectos negativos.

Ciudadanos fue el partido más votado, ganando en muchos barrios obreros de mayoría castellano hablante del extraradio de Barcelona, que antiguamente votaban al PSUC o, más recientemente, al PSC. También hubo traspaso de votos del PP, de gente que vio a Cs como a la mejor arma contra la independencia.

Cuando se creó, Cs se presentó como de centro izquierda, pero contrario a la independencia y leal a España. La pose progre ha desaparecido a favor del neoliberalismo absoluto, pero su españolismo es más fuerte que nunca. Esto les ha valido el respaldo de José María Aznar y también el de algunos fascistas. Algunas personas de izquierdas etiquetan a Cs como fascistas, lo que es un error, pero como un partido españolista y populista de derechas, es indudablemente un ambiente favorable para la extrema derecha.

Equidistantes

Los comunes sacaron malos resultados. En 2015, la coalición anterior, Catalunya Sí Que Es Pot obtuvo 11 escaños. Desde entonces, un complejo proceso de fusiones que ahora abarca al grupo de Ada Colau ha dado lugar a Catalunya En Comú, que en teoría es un partido más amplio. Pero en vez de crecer, han caído a 8 escaños. La razón principal de esta caída es, sin duda alguna, su negativa a tomar una posición acerca de la independencia. Algunos de sus miembros están a favor de la independencia, otros rabiosamente en contra, mientras que muchos prefieren no discutir el tema.

Ante el golpe antidemocrático del artículo 155, no se puede decir “ni DUI ni 155”, como si fueran malos por igual. No ayudó que Juan Carlos Monedero, del triunvirato fundador de Podemos, declarara dos días antes del 21D que “el 155 seguramente había que aplicarlo”, culpando también al independentismo por la represión (e igual que Pablo Iglesias, por el auge del fascismo).

El problema con los Comunes no es que no sean independentistas; es que en la práctica no toman una posición clara contra el nacionalismo español y por el derecho a decidir. Albano Dante-Fachin, el ex líder de Podem Catalunya, sí tomó esta posición y fue efectivamente expulsado cuando la dirección de Podemos en Madrid le aplicó su propio 155.

En todo caso y con esta falta de compromiso, a los comunes se les ve demasiado catalanistas para la gente españolista, y demasiado constitucionalistas para la gente independentista. La supuesta mayoría silenciosa que no quería ni DUI ni 155 no apareció.

Contienda independentista

Además de la batalla entre independentismo y españolismo, hubo una contienda entre los partidos independentistas.
El partido independentista más votado fue Junts Per Catalunya, la candidatura de Puigdemont. Con una lista formada principalmente por independientes —como Jordi Sánchez, ex presidente de la ANC— en realidad JxCat es un nuevo cambio de marca de Convergència, el viejo partido de Jordi Pujol, involucrado en años de recortes, privatización y corrupción.

Se esperaba que Esquerra Republicana de Catalunya superara a JxCat. Esto no ha sucedido, posiblemente porque mucha gente independentista pensó que la tarea actual es defender la república declarada el 27 de octubre, cuyo presidente es Puigdemont. Esto ignora el hecho de que el gobierno de Puigdemont no sólo fue reprimido; sino que se negó a resistir ante la represión. La república en realidad no existe, todavía tiene que ser construida… y el partido de Puigdemont ya ha demostrado que intenta evitar las batallas que sin duda harán falta. No obstante, el apoyo personal a Puigdemont —que por supuesto es un personaje impresionante— y las ilusiones en una república ya existente hicieron que muchos votos de ERC e incluso de la CUP fueran a JxCat.

Es de destacar que ERC condujo una campaña bastante de izquierdas, con llamamientos a la movilización, a favor de la justicia social, los derechos de las mujeres, contra la homofobia y el racismo. Najat Driouech, número diez de ERC en Barcelona, ​​será la primera diputada con hijab en el Parlament; otro nuevo diputado de ERC será Ruben Wagensberg, organizador clave de la masiva manifestación pro refugiados del pasado febrero.

La CUP-Crida Constituent

Finalmente, la Candidatura de Unitat Popular – Crida Constituent (CUP-CC) cayó de 10 a 4 escaños. Nuevamente, se debió a diferentes razones. Ya se ha comentado el factor Puigdemont. Además, su excelente resultado en 2015 fue en parte fruto de que entonces mucha gente de ERC votó a la CUP, en protesta por la coalición de Esquerra con la derechista Convergència.

Pero la pérdida de escaños también se debe a que la CUP no logró mantener suficiente perfil independiente como fuerza anticapitalista. Se mantuvieron firmes en muchos asuntos clave, pero muchas personas, especialmente en barrios obreros, los vieron como parte del bloque nacionalista catalán, en lugar de como una fuerza arraigada en la clase trabajadora que también apoya la independencia. El problema es que esta percepción es parcialmente correcta. Recientemente, muchas personas de la CUP han hablado de la necesidad de trabajar más en la “periferia” de Barcelona; algunas ya lo hacen, otros militantes de la CUP realmente no han entendido cómo conectar con la gente de estas zonas. Pero un problema fundamental es que el territorio en el que una izquierda anticapitalista fuerte debería sentirse como en casa se vea precisamente como la “periferia”; un territorio extranjero adonde hay que ir para buscar votos.

Dicho esto, que una candidatura claramente anticapitalista gane el 4,5% de los votos y 4 escaños no es poca cosa. A pesar de sus contradicciones, la CUP es una fuerza de izquierda muy importante en los movimientos sociales y en los Comités de Defensa de la República (CDR). Más allá de continuar —con menos fuerzas— su trabajo en el Parlament, la CUP puede y debe desempeñar un papel clave en la construcción de la lucha en la calle y —quizás su mayor tarea pendiente— en los lugares de trabajo.

Rajoy ya ha dicho que a pesar de que los partidos independentistas hayan obtenido la mayoría, no les permitirá aplicar los programas por los que la gente les ha votado.

La lucha desde abajo

Queda por ver si JxCat y ERC siguen luchando por la independencia. Pero ahora está claro que su plan anterior de lograr la ruptura con el Estado español, y comenzar el proceso constituyente para crear una Catalunya nueva y diferente, no se puede hacer como una medida administrativa acordada con Madrid. Se requerirá lucha desde abajo.

En eso, los CDR y otros espacios de movimientos y organización desde abajo, basados ​​esencialmente en la clase trabajadora, serán esenciales. La política de clase y el internacionalismo, no como una excusa para no hablar de independencia, sino como un elemento clave de la lucha por la independencia, tendrán que fortalecerse.

Ésta no es una batalla que la izquierda internacional pueda permitirse observar y comentar desde fuera. El verdadero desafío de la izquierda internacionalista con respecto a Catalunya es construir solidaridad con nuestra lucha y también luchar contra sus propios gobiernos. Los problemas a los que nos enfrentamos —el neoliberalismo, la represión, el hecho de no poder controlar nuestras propias vidas…— existen en todas partes. La lucha por el derecho de Catalunya a decidir su futuro no es una cuestión nacionalista estrecha, hoy es parte de la lucha internacional por un mundo diferente.


David Karvala es miembro de la red anticapitalista Marx21.net y uno de los organizadores de la iniciativa internacional de solidaridad con Catalunya, WithCatalonia.org

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