Cómo ser John Berger

Artículo escrito especialmente para marx21.net · Versió en català

Manel Barriere Figueroa
@manelbarriere

“Yo quería ser pintor y he llegado a Picasso”. Con esta declaración el artista malagueño daba muestras de una conciencia de sí mismo que tal vez conjugaba soberbia y melancolía a partes iguales. Por un lado saberse en la cumbre del éxito convertido en el genio del arte del siglo XX, por otro, vivir en una torre de marfil lejos del alcance del común de los mortales y de ese incipiente deseo de infancia y juventud. En 2013 se publicó en español un libro de John Berger titulado Fama y soledad de Picasso, un título que expresa de forma elemental esa dualidad aparentemente contradictoria. Sin embargo, la obra original en inglés, así como su versión española de 1990, se titula en realidad Éxito y fracaso de Picasso. Las diferencias entre uno y otro título van más allá de los matices.

A pocos días de la muerte de John Berger, después de haber leído ya varios artículos laudatorios de su figura y su obra, no puedo evitar recordar el momento en el que conseguí una reproducción de la primera edición de este fabuloso libro escrito en 1965. Hace algo menos de 10 años visitaba con mi compañera la casa museo de Pablo Picasso en Málaga. Ella es profesora de dibujo en la UCM y gracias a sus credenciales pudo fotocopiar el libro allí mismo para luego regalármelo debidamente encuadernado. Desde entonces, Berger ha sido profusamente publicado al ritmo al que él mismo seguía escribiendo, casi hasta sus últimos días, y si bien no se le puede considerar un autor famoso, el alcance de su obra también se ha multiplicado.

Hay dos palabras, entre tantas otras, que sirven para esbozar lo que la obra de John Berger ha significado y significa para mí: marxismo y compromiso, conceptos que en la obra del autor londinense se entrecruzan, se funden y se identifican el uno con el otro. Su libro sobre Picasso provocó reacciones adversas y fue calificado hasta de mal gusto. No solo se atreve a considerar un fracaso parte de la trayectoria del que ha sido tal vez el artista más valorado del siglo XX, sino que empieza hablando de la riqueza del pintor, de cómo esa riqueza le encumbró y le distanció del impulso revolucionario de sus etapas anteriores, especialmente la cubista. Picasso, reflexiona Berger a partir de una anécdota según la cual éste intercambió el dibujo de una casa por la casa de verdad, es el único pintor de la historia que ha conseguido hacer realidad lo que pinta. Más aun, el libro analiza desde una óptica económica las causas que llevaron al aumento astronómico del precio de las obras de arte, que después de la Segunda Guerra Mundial se convirtieron en objetivo para pequeños y medianos inversores. Dos mitos, la del gran genio moderno y la de la grandeza elitista del arte derribados en unas pocas páginas.

Como marxista, Berger fue un individualista. Nunca se afilió a una organización ni abordó en sus escritos cuestiones estratégicas. Como intelectual, tampoco se arrimó a escuelas ni academias ni a ninguna de sus institucionalidades. Se dice de él que fue un alma libre, que abordó todos los géneros, novela, cuento, crítica, ensayo, poesía, que nos enseñó otra manera de mirar más humana y crítica; se resalta especialmente su compromiso con la gente de abajo, con las víctimas de la descomposición del mundo, con quienes sufren la barbarie del capitalismo contemporáneo. A mí me gusta verle, también, de otra manera.

En una conversación televisiva con Susan Sontag, Berger habla del acto de contar historias, y lo define como un refugio, un espacio donde guarecerse de las experiencias de la vida. Ese entorno, que adquiere la categoría de hogar, se convierte a través de la narración de esas experiencias en otro tipo de refugio, que nos protege del olvido, la desmemoria y la indiferencia. Para mí John Berger es por encima de todo un narrador de historias, un escritor comprometido con la construcción y el cuidado de ese refugio. Por eso sus escritos van más allá del género y podemos emocionarnos con un ensayo e ilustrarnos con una novela o un poema. Pero el refugio de John Berger no tiene nada que ver con esa cumbre en la que se aisló Picasso, porque es un espacio colectivo que no existe sin la experiencia ni sin la generosidad de compartirla. Un espacio para la esperanza.

Tal vez la mayor lección de quien nos ha dejado muchas e imprescindibles, sea la necesidad de seguir construyendo y cuidando ese espacio que el capitalismo devora día tras día. Cuando no cesan las imágenes de las personas refugiadas muertas de frío en los campos nevados de la frontera europea, no queda duda por dónde empezar.

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