El bolchevismo y el islam: los derechos religiosos en la revolución rusa

Dave Crouch 

El socialismo y el anticapitalismo tienen mucho para aprender sobre cómo el partido bolchevique se acercó a la gente musulmana del imperio ruso.

La Revolución rusa de 1917 tuvo lugar en un imperio que albergaba a 16 millones de musulmanes – un 10 por ciento de la población. El derrumbamiento del zarismo radicalizó a los musulmanes, que exigieron la libertad religiosa y los derechos nacionales que les negaron los zares.

El 1° de mayo de 1917, tuvo lugar en Moscú el primer congreso panruso de musulmanes. Después de acalorados debates, el congreso votó por los derechos de las mujeres, haciendo que los musulmanes de Rusia fueran los primeros en el mundo en liberar a las mujeres de las restricciones típicas de las sociedades islámicas de ese período. Al mismo tiempo, los líderes musulmanes conservadores eran hostiles al cambio revolucionario. ¿Cómo respondieron los marxistas rusos, los bolcheviques?

Ateísmo

El marxismo es una visión del mundo materialista, y por lo tanto es completamente ateo. Pero precisamente porque entiende que la religión tiene raíces en la opresión y la alienación, los partidos políticos marxistas no exigen que sus miembros o partidarios también sean ateos. De manera que el ateísmo nunca fue incluido en el programa de los bolcheviques. De hecho, alentaron a los musulmanes de izquierda a que entraran en los partidos comunistas (PCs). El líder bolchevique León Trotsky daba cuenta en 1923 que en algunas antiguas colonias cerca del 15 por ciento de los miembros del PC eran creyentes en el Islam. Él los llamaba ‘ reclutas revolucionarios básicos que vienen y golpean a nuestra puerta’. En partes de Asia Central, el número de miembros musulmanes era cercano al 70 por ciento.

Los bolcheviques tuvieron una política muy diferente hacia el cristianismo ortodoxo, la religión de los brutales colonos y misioneros rusos. La política del partido en Asia Central, apoyada por Moscú, declaraba que ‘la libertad de prejuicios religiosos’ sólo era un requisito para los rusos. De manera que, en 1922, más de 1.500 rusos fueron expulsados del PC de Turkestán debido a sus convicciones religiosas, pero ni un solo turkestaní.

Esto fue parte de la política bolchevique por intentar reparar los crímenes del zarismo en las antiguas colonias. Los líderes bolcheviques como Lenin y Trotsky entendieron que ésto no sólo era justicia básica, sino que también era necesario limpiar el terreno y permitir que las divisiones de clase en la sociedad musulmana se expresen.

Después de la revolución de 1917, los colonos rusos en Asia Central se habían pasado a los bolcheviques, pero habían usurpado la consigna de ‘poder obrero’ y la utilizaron contra la población local preponderantemente campesina. Por dos años la región estuvo separada de Moscú por la guerra civil, y así estos autoproclamados ‘bolcheviques’ tuvieron mano libre para continuar persiguiendo a los pueblos indígenas. Como resultado, estalló el movimiento de Basmachi, una revuelta islámica armada.

Lenin habló sobre la ‘gigantesca e histórica’ importancia de reparar todos los agravios. En 1920 pidió ‘enviar a campos de concentración en Rusia a todos los antiguos miembros de la policía, el ejército, las fuerzas de seguridad, la administración, etc que fueron productos de la era zarista y que pululaban alrededor del poder soviético [en Asia Central] porque veían en él a la perpetuación de la dominación rusa’.

Los monumentos sagrados islámicos, los libros y objetos saqueados por los zares fueron devueltos a las mezquitas. El viernes – el día de celebración musulmana – fue declarado como el día legal de descanso en toda Asia Central. Se creó un sistema judicial paralelo en 1921, donde había cortes islámicas que administraban justicia de acuerdo con las leyes de la sharia. El objetivo era que la gente tuviera una opción entre la justicia religiosa y la justicia revolucionaria. Se estableció una Comisión especial de Sharia en el Comisariado soviético de Justicia.

Algunas sentencias de la sharia que contravenían la ley soviética, como la lapidación o el corte de las manos, fueron prohibidas. Las decisiones de las cortes de la sharia que involucraban a estos asuntos tuvieron que ser confirmadas por órganos de justicia de mayor jerarquía.

Algunas cortes de la sharia se burlaban de la ley soviética y se negaban a otorgar divorcios a petición de una esposa, o igualaban el testimonio de dos mujeres al de un solo hombre. De manera que, en diciembre de 1922, un decreto introdujo nuevos juicios en las cortes soviéticas si una de las partes lo pedía. Así y todo, entre el 30 y el 50 por ciento de todos los casos judiciales eran resueltos por cortes de la sharia, y en Chechenia la cifra trepaba al 80 por ciento.

También se estableció un sistema de educación paralelo. En 1922 los derechos de ciertas propiedades waqf (islámicas) fueron restauradas a la administración musulmana, con la condición de que se usaran para educación. Como resultado, el sistema de madrassahs – escuelas religiosas – fue extenso. En 1925 había 1.500 madrassahs con 45.000 estudiantes en el estado caucásico de Daguestán, mientras sólo había 183 escuelas estatales. Por contraste, en noviembre de 1921, más de 1.000 escuelas soviéticas tenían unos 85.000 alumnos en Asia Central – un número modesto en relación a la matriculación potencial.

El Comisariado Musulmán en Moscú vigilaba la política de Rusia hacia el Islam. A musulmanes con pocas credenciales comunistas se les concedieron posiciones de dirección en el comisariado. El efecto era escindir al movimiento islámico. Los historiadores concuerdan con que una mayoría de los líderes musulmanes apoyaron a los soviets, convencidos de que el poder soviético significaba la libertad religiosa. Había serias discusiones entre los musulmanes sobre la similitud de los valores islámicos con los principios socialistas. Las consignas populares de aquel tiempo incluían: ‘¡Larga vida al poder soviético, larga vida a la sharia!’; ‘¡Religión, libertad e independencia nacional!’ Los partidarios del ‘socialismo islámico’ llamaban a los musulmanes a poner en pie soviets.

Alianzas

Los bolcheviques hicieron alianzas con el grupo pan-islámico kazajo Ush-Zhuz (que se unió al PC en 1920), con las guerrillas pan-islamistas en el Jengelis, y los Vaisitas, una hermandad sufi. En Daguestán, el poder soviético se estableció en gran medida gracias a los partidarios del líder musulmán Ali-Hadji Akushinskii.

En Chechenia los bolcheviques se ganaron a Ali Mataev, cabeza de una poderosa orden sufi, quien dirigía el Comité Revolucionario Checheno. En el Ejército Rojo los ‘escuadrones de la sharia’ del mulá Katkajanov agrupaban a decenas de miles.

En el Congreso de Bakú de los Pueblos del Este en septiembre de 1920, los líderes bolcheviques rusos lanzaron un llamado a una ‘guerra santa’ contra el imperialismo occidental. Dos años después, el IVº Congreso de la Internacional Comunista apoyó las alianzas con el pan-islamismo contra el imperialismo.

Moscú empleó deliberadamente tropas no-rusas para luchar en Asia Central – destacamentos tártaros, bashkires, kazajos, uzbekos y turkmenos pelearon contra los invasores anti-bolcheviques. Los soldados tártaros en el Ejército Rojo excedían el 50 por ciento de las tropas en los frentes oriental y del Turkestán en la guerra civil.

El Ejército Rojo era sólo un aspecto de los esfuerzos cabales para asegurar que los pueblos indígenas por sí solos controlaran las nuevas repúblicas autónomas en las antiguas colonias.

Primero esto significó expulsar a los colonos rusos y cosacos – en el Cáucaso y Asia Central se alentaba a los colonos a que volvieran a Rusia, y en algunos lugares fueron desalojados por la fuerza. El idioma ruso dejó de dominar, y los idiomas nativos volvieron a las escuelas, al gobierno y a la publicidad.

Se introdujo un programa masivo de lo que se llamaría ahora ‘acción afirmativa’. Se promovió gente que provenía de los pueblos indígenas a las principales posiciones en el estado y en los partidos comunistas, y se les dio preferencia en el empleo por encima de los rusos. Se establecieron universidades para educar una nueva generación de líderes nacionales no-rusos.

Sin embargo, los esfuerzos por garantizar la libertad religiosa y los derechos nacionales constantemente eran socavados por la debilidad económica. El aislamiento de la Revolución rusa hizo que una pobreza desesperada arrastrara al régimen. Ya en 1922 el subsidio desde Moscú a Asia Central tuvo que recortarse y muchas escuelas estatales tuvieron que cerrar. Los maestros abandonaban sus trabajos debido al no pago de sueldos. Esto hizo que las escuelas musulmanas fueran la única alternativa. ‘Cuando usted no puede conseguir pan, no se atreve a descartar el sustituto,’ decía el comisario para la educación Lunacharsky.

Las cortes de la Sharia sufrieron la remoción de todos sus fondos entre fines de 1923 y comienzos de 1924. Pero los factores económicos ya eran un impedimento para que los musulmanes trajeran sus agravios a la corte. Si una mujer joven se negaba a un matrimonio arreglado o polígamo, por ejemplo, tenía escasas oportunidades de poder alimentarse, porque no había trabajo y ningún otro lugar donde vivir.

Para colmo, la burocracia stalinista ya estaba estrangulando la revolución. Cada vez más atacaba lo que llamaba ‘desviaciones nacionalistas’ en las repúblicas no-rusas y alentó un renacimiento del chovinismo ruso. Desde mediados de los años veinte, los stalinistas comenzaron a planificar un ataque en toda la regla contra el Islam bajo la bandera de los derechos de las mujeres. La consigna de la campaña fue khudzhum – que significa ‘ataque’ u ‘ofensiva’.

Los khudzhum comenzaron su fase de acción de masas el 8 de marzo de 1927 – en el día internacional de las mujeres. En reuniones de masas, a las mujeres se las llamaba a quitarse el velo. Grupos pequeños de mujeres nativas subían al podio y tiraron sus velos en hogueras. Este plan grotesco puso al marxismo de cabeza. Habían quedado lejos los días en que las activistas bolcheviques mujeres se cubrían con un velo para hacer trabajo político en las mezquitas. Estaba a un millón de millas de la instrucción de Lenin de que ‘nos oponemos absolutamente a ofender la convicción religiosa’.

Inevitablemente, hubo una repercusión negativa contra el khudzhum. Miles de niños musulmanes, sobre todo las muchachas, fueron retiradas de las escuelas soviéticas y renunciaron a la Liga Juvenil Comunista. Las mujeres sin velo eran atacadas en la calle, incluyendo feroces violaciones y miles de matanzas.

La ofensiva contra el Islam marcó el principio de una pronunciada ruptura con las políticas socialistas de Octubre de 1917. Cuando la Unión Soviética lanzó un programa de industrialización forzada, los líderes nacionales y religiosos musulmanes fueron eliminados físicamente y el Islam fue llevado a la clandestinidad. El sueño de la libertad religiosa fue enterrado en el Gran Terror de los años treinta.

La posición de Socialist Review se enmarca en una tradición que rechaza totalmente el enfoque stalinista hacia el Islam. Pero en los primeros años de la revolución, los bolcheviques lograron ganarse a los musulmanes para la lucha por el socialismo. Podemos aprender de ellos e inspirarnos en sus logros.


Este artículo fue publicado en Socialist Review, revista del Socialist Workers Party (GB), en diciembre de 2003.

 

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