¿Por qué necesitamos un partido revolucionario?

Tony Cliff

1. La conciencia desigual en la clase trabajadora

¿Por qué necesitamos un partido revolucionario? La razón principal para esto se encuentra en dos afirmaciones de Marx. Él decía que la emancipación de la clase trabajadora debía ser un acto de la propia clase trabajadora. Al mismo tiempo afirmaba que las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época. Ambas afirmaciones contienen una contradicción. Pero esta contradicción no existe exclusivamente en la mente de Marx sino en la realidad.

Si sólo una de las afirmaciones estuviera correcta no habría necesidad de un partido revolucionario. Si fuera así de fácil, de que la emancipación debe venir exclusivamente de la clase trabajadora, no tendríamos por qué luchar por el socialismo. Podríamos  simplemente cruzar los brazos con una sonrisa en el rostro y esperar. Los trabajadores ya se liberarían solos. Por otro lado si fuera únicamente correcto que las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes, o sea que los trabajadores siempre irán a consentir las ideas de la clase dominante, entonces también podríamos cruzar los brazos. Pero en este caso tendríamos que romper en llanto ya que no podríamos cambiar nada.

Efectivamente ambas afirmaciones de Marx están correctas. La lucha de clases no sólo se manifiesta en el conflicto entre trabajadores y patrones, sino que además en luchas dentro de la clase trabajadora. Cuando los trabajadores forman piquetes no están tratando de impedir a los capitalistas de trabajar. Los capitalistas de por sí no trabajan entonces tampoco lo harían cuando hay una huelga. En un piquete se trata de que una parte de los trabajadores impida la irrupción de la otra parte a favor de los patrones.

Sobre la cuestión de la fuerza de los trabajadores, lo que Marx llamaba la dictadura del proletariado, si toda la clase se mantuviera unida y sólo hubiera un pequeño grupo de capitalistas contra los trabajadores, ¿para qué necesitaríamos una dictadura del proletariado? Si la clase trabajadora estuviera siempre unida podríamos simplemente enviar a los empresarios a su casa. Si la clase trabajadora estuviera siempre de acuerdo entre sí podríamos escupir a los empresarios y tirarlos al Atlántico.

En la realidad es así, de un lado tenemos a trabajadores progresistas y del otro trabajadores atrasados. Ya que las ideas de la clase dominante son las que predominan, los trabajadores se dividen en distintos niveles del desarrollo de conciencia. Y no sólo esto: también la conciencia de cada trabajador se encuentra dividida. Él o ella puede ser combativo cuando se trata de subir los salarios y puede odiar al patrón. Sin embargo no quiere decir que él o ella esté necesariamente contra el racismo.

Una vez compartimos casa con un trabajador de imprenta altamente calificado. Él quería tomar unas vacaciones y yo le pregunté: “¿Viajarás mañana a tus vacaciones?”, a lo que él me respondió: “No, mañana no puedo viajar, es viernes 13. Tengo que esperar hasta el sábado”. Este hombre del siglo XX tenía ideas en la cabeza que tenían mil años de antigüedad.

 

2. Contra el oportunismo y el sectarismo

Imagina estar parado en una línea de piquete y al lado tuyo hay un trabajador que hace comentarios racistas. En ese momento puedes tomar tres acciones. Le puedes decir: “Yo no me voy a parar al lado de un racista en un piquete. Me voy a la casa, por lo menos ahí nadie hace comentarios racistas”. Eso es sectarismo. Si la emancipación de la clase trabajadora es cuestión de los trabajadores entonces tengo que quedarme parado junto a ese trabajador en la línea del piquete.

La otra opción sería, simplemente ignorar el comentario racista. Alguien dice un comentario racista y uno simplemente hace oídos sordos y dice: “¡Qué bonito está el día hoy!” Eso es oportunismo.

La tercera posibilidad sería establecer una conversación con la persona sobre racismo y sobre las ideas que dominan la sociedad. Se discute y discute. Si se le convence a la persona entonces ¡muy bien! Pero si no se logra convencerlo y el bus con los esquiroles está llegando, se enlazan los brazos de todas maneras  para parar a los esquiroles. Eso porque la emancipación de la clase trabajadora es el acto de la propia clase. Eso es política revolucionaria.

 

3. El partido revolucionario: la universidad de la clase trabajadora

Veinte años antes de la revolución, la burguesía francesa no tenía un partido. Los jacobinos ni siquiera existían antes del año 1789. ¿Por qué es que nosotros insistimos en construir 20, 30 o 50 años antes de una revolución un partido revolucionario? Tenemos que hablar sobre la necesidad del partido revolucionario mucho tiempo antes de que guiemos a la clase trabajadora en la lucha o en la revolución.

Los jacobinos pudieron emerger solos durante la revolución. ¿Por qué? Porque la relación entre los capitalistas y la nobleza era otra a la relación de hoy entre los capitalistas y los trabajadores.

Es cierto que los capitalistas debían derrocar en aquella época a la nobleza y que los trabajadores hoy deben derrocar a los capitalistas. Sin embargo entre ambos eventos hay una inmensa diferencia. No es cierto que la nobleza era enormemente rica y que los capitalistas eran todos unos pobrecitos. Los capitalistas ya eran inmensamente ricos antes de la revolución. Ellos podían fácilmente decirle a la nobleza: “A ustedes les pertenece la tierra pero nosotros somos dueños del dinero, de los bancos. Si ustedes quiebran, tratarán de salvarse casándose con nuestras hijas, para así mezclar vuestra sangre azúl con nuestro dinero”. Cuando se trataba de las ideas, los capitalistas decían:”Está bien, ustedes tienen a los padres pero nosotros tenemos a los profesores. Ustedes tienen la Biblia y nosotros la enciclopedia. Vamos, ¡retírense!”

Los capitalistas eran independientes intelectualmente de las ideas de la nobleza. Sus pensamientos influenciaban a la nobleza mucho más que a la inversa. La Revolución Francesa se inició con el encuentro entre les Etats généraux (los estados generales): la nobleza, el clero y la clase media. Cuando llegaron al momento de la votación la nobleza y el clero votaron con los capitalistas no al revés.

¿Es nuestra posición similar a la de los capitalistas? Por supuesto que no. Nosotros no podemos simplemente dirigirnos a los capitalistas y decir: “Ok, a ustedes les pertenecen Ford, General Motors e ICI, y nosotros poseemos un par de zapatos”. Tampoco es así, que para no caer en la ruina, los capitalistas casarían a sus hijas con los hijos de sus trabajadores. En cuanto a tener influencia sobre las ideas es obvio que millones de trabajadores se verán influenciados por el Sun (prensa amarilla de masas británica). ¿Pero cuántos capitalistas serán influenciados por las ideas escritas en el Socialist Worker (revista del partido socialista británico, SWP)?

El partido revolucionario de la burguesía podía surgir durante el propio acto de la revolución. La burguesía no tenía que prepararse, ella ya poseía inmensa confianza en sí misma. ¿Qué sucedió el 14 de Julio de 1789? Robespierre, el líder de los jacobinos propuso que se erigiera una estatua de Louis XVI cerca de la Bastille. En ese instante todavía no intuía que tres años más tarde decapitaría la cabeza del rey Louis. ¿De dónde viene el nombre jacobinos? El nombre provenía del monasterio en donde se encontraban los jacobinos. De haber sabido que cuatro años más tarde irían a expropiar las tierras de la Iglesia no habrían adoptado el nombre de un monasterio.

La burguesía era independiente y fuerte. Nosotros, en cambio, estamos en una situación completamente diferente. Nosotros pertenecemos a una clase oprimida. Nos falta la experiencia para conducir la sociedad ya que los capitalistas no son sólo los dueños de los medios materiales de producción sino también de los medios mentales de producción. Por esta razón necesitamos un partido – el partido es la universidad de la clase trabajadora. Lo que Sandhurst (escuela militar de élite) es para la armada británica, el partido lo es para la clase trabajadora.

Marx describió en el Manifiesto Comunista que los comunistas deben generalizar las experiencias históricas e internacionales de la clase trabajadora. En otras palabras: nosotros no aprendemos sólo de nuestras experiencias personales. Mi tesoro en experiencias personales es ínfimo. Cada uno de nosotros tiene pocas experiencias propias y directas. Por esto debemos estar dispuestos a generalizar y esto lo permite justamente la organización. Yo mismo no tengo ninguna experiencia inmediata de la Comuna de Paris de 1871. En esa época yo todavía era muy joven. Por lo tanto necesito de alguien que me pueda transmitir aquellas experiencias. “Por esta razón — escribía Trotsky — el partido debe ser la memoria de la clase trabajadora”.

 

4. Tres tipos de partido obrero

Existen tres tipos de partido obrero: el revolucionario, el reformista y el centrista. El Manifiesto Comunista describe el carácter del partido revolucionario de la siguiente forma:

Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto.

Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo; teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de abocar el movimiento proletario.

El partido reformista es la segunda forma del partido trabajador. Lenin definió en un discurso suyo en 1920 frente al segundo congreso de la Internacional Comunista al partido laborista como un “partido trabajador capitalista”. Él lo definió como capitalista porque el partido no ponía en duda el marco del capitalismo. ¿Pero por qué entonces lo llamaba al mismo tiempo “partido trabajador”? No porque los trabajadores los hayan votado. En aquellos tiempos la mayoría de los trabajadores votaron por el partido conservador, que era naturalmente un partido capitalista. Lenin entendió al Labour como partido trabajador porque manifestaba el deseo de los trabajadores a defenderse contra los males del capitalismo. Si vemos las conferencias del Labour en la televisión nos damos cuenta que sus miembros poseen otras esperanzas y anhelos en comparación con los miembros de los Tories (partido conservador).

En los congresos del partido de los Tories los miembros aplauden cuando los hablantes atacan a sindicales y negros o cuando alaban a la armada y a la policía.

En los congresos del Labour las personas aplauden cuando se exigen mejoras en la salud, en la educación y en el aprovisionamiento de viviendas.

Entre los partidos revolucionarios y los reformistas existe una tercera forma: el partido centrista. Su característica principal es que trata de evadir una concretización de su posición. No es ni lo uno ni lo otro. El partido vacila entre posiciones revolucionarias y reformistas. Un caballo se reproduce como caballo y un burro como burro. Cuando un caballo y un burro se cruzan nace una mula pero las mulas no pueden reproducirse. En un partido revolucionario hay una continuidad. El partido puede crecer o contraerse pero la tradición recolucionaria prevalece. Esto no cuenta para los partidos centristas. En 1936 el POUM tenía en España 40.000 miembros. Hoy en día el POUM está completamente muerto. El partido Independent Labour Party de Gran Bretaña tenía tras las elecciones de 1945 cuatro diputados. Hoy en día no hay ningún rastro de ellos. De forma similar se podría hablar del SAP alemán. Este partido era una mezcla entre el ala derecha de Brandler de la KPD, los pacifistas de la SPD y muchos otros. En los años 30 la SAP era bastante grande, sin embargo hoy ya no existe más.

 

5. El revolucionario enseña y aprende de la clase trabajadora

El partido revolucionario tiene que guiar a la clase trabajadora bajo los aprendizajes históricos. La clase trabajadora aprende del partido, ¿pero entonces de quién aprende el partido? Es necesario entender que el partido debe aprender de la clase trabajadora. Todas las grandes ideas provienen de la propia clase trabajadora.

En el Manifiesto Comunista Marx habla de la necesidad de un gobierno de los trabajadores – la dictadura del proletariado. En 1871 él escribía que los trabajadores no podían simplemente tomarse al viejo aparato estatal para sí, sino que debían destruir el estado, o sea la burocracia, el ejército y la policía. Todas estas estructuras jerárquicas deben ser destruidas por nosotros. Debemos construir una nueva forma de estado: un estado sin un ejército activo permanente, sin burocracia, donde todos los oficiales puedan ser elegidos y reciban el mismo salario que el de un trabajador normal. ¿Marx se percató de todo esto porque trabajó aplicadamente en el museo británico? No. Él aprendió de los trabajadores parisinos que tomaron el poder en 1871 en la Comuna de Paris y aplicaron justamente aquellas medidas.

Marx aprendió de los trabajadores y de su praxis. Los estalinistas sostienen siempre que Lenin inventó la idea de los consejos obreros. ¡Por supuesto que en la literatura estalinista Lenin descubrió prácticamente todo! Los estalinistas tenían un concepto de jerarquía que se cristalizaba en una especie de religión. Nosotros conocemos la correspondencia de Lenin y cuando los trabajadores de Petrogrado formaron los primeros consejos obreros (soviets) en 1905 Lenin preguntó cuatro días después de qué serviría aquello.

Los trabajadores necesitaban durante la lucha una nueva forma de organización. Ellos aprendieron por sus propias experiencias que en tiempos revolucionarios un comité de huelga en una sola fábrica no era suficiente. Era necesaria una forma de organización – una especie de comité de huelga – que abarcara todas las fábricas. Los soviets eran justamente aquello: delegados de todas las fábricas juntándose para decidir en conjunto. Ellos simplemente lo llevaron a cabo. Lenin finalmente comprendió esto y los siguió. Así como Lenin, el partido siempre debe aprender de la clase.

¿El partido se encuentra siempre más avanzado que la clase? En general el partido se encuentra más avanzado que la clase. Sino no sería un partido revolucionario. Cuando observamos los hechos de 1914 y el inicio de la Primera Guerra Mundial nos damos cuenta de que el partido estaba mucho más avanzado que la clase: los bolcheviques eran contrarios a la guerra mientras que gran parte de los trabajadores la apoyaban.

Pero luego vino el año 1917. En los meses de Agosto hasta Septiembre de 1917 Lenin se quejaba constantemente de que el partido se desarrollaba más lento que la clase. La clase estaba más avanzada que el partido y éste debía esforzarse para mantener el nivel de avance de la clase. El motivo para aquel desarrollo es simple. Los trabajadores se encontraban atrás del partido porque por mucho tiempo les había faltado la autoconfianza. Pero las circunstancias objetivas cambiaban, las luchas se agravaban y los trabajadores aprendían y cambiaban rápidamente.

El problema de los revolucionarios radica en la necesidad de una cierta rutina para sobrevivir. Pero esta rutina te carcome. A uno le parece evidente estar más avanzado que la clase trabajadora. ¡Pero cuando los trabajadores empiezan a movilizarse nos damos cuenta cuan atrasados estamos! El partido revolucionario debe en ese momento mantenerse al mismo nivel de desarrollo de la clase. El partido no es simplemente un grupo fijo de personas. “Ellos son los revolucionarios y a partir de ahora siempre serán los líderes”. Eso es basura. Por el liderazgo hay que luchar permanentemente y hay que estar preparado a aprender cosas nuevas y a avanzar.

Esto no sólo es válido para tiempos revolucionarios. Podemos encontrar colegas de trabajo miembros del SWP (partido socialista británico) desde hace 20 años y buenos compañeros que en momentos de actividad demuestran estar mucho más atrasados en comparación con algunos compañeros que acaban de ingresar. Esto ocurre una y otra vez.

El liderazgo de una organización revolucionaria no funciona como una cuenta de ahorro del banco. El dinero en el banco te da intereses. Una liderazgo revolucionario es algo completamente distinto- tiene que ser ganado de forma nueva cada día y cada mes. Para el liderazgo vale lo que se hizo la semana pasada, lo que se hace en aquella semana y lo que se hará en la próxima. Se pueden tener todas las experiencias de un siglo entero pero lo importante es lo que se hace en la situación actual. Hay que luchar constantemente por el liderazgo.

 

6. El carácter de los partidos reformistas: pasividad y adaptación

Interesados exclusivamente en la mayor cantidad de votos, los partidos reformistas buscarán siempre al menor denominador común. Ellos se adaptan a las ideas dominantes.

¿Realmente creen que los diputados del Labour no tienen idea de la opresión que sufren los homosexuales y lesbianas? Aún así en 1983 Patricia Hewitt (del partido laborista), la secretaria de Neil Kinnocks (Labour), le pasó a la revista Sun un documento confidencial en el cual ella atacaba los ayuntamientos de izquierda que apoyaban causas LGBT. ¿Por qué ella hizo esto? Ella lo hizo porque pensó que la haría más popular. Yo poseo un volante que fue escrito por un hombre llamado John Strachey que se denominaba un marxista. En 1929 él se presentó como candidato al parlamento. Pero él tenía un problema: tenía un aspecto judío. Él entonces hizo imprimir un volante que dijera: “John Strachey es británico”, y amenazó con llevar a juicio a cualquiera que afirmara que Strachey era judío. ¿Por qué él hizo esto? Yo mismo soy judío. Cualquier militante del SWP al que tildan de judío dirá: “Por supuesto que soy judío. ¡Y estoy orgulloso de ello!”

Pero si se pretende ganar la mayor cantidad de votos, entonces hay que adaptarse a las ideas dominantes. Por lo mismo los partidos reformistas son bastante grandes pero al mismo tiempo también muy pasivos. Por ejemplo, existe un libro llamado Labour’s Grassroots (La base del partido laborista) donde se pueden leer las estadísticas sobre la edad de los miembros. En 1984 había 573 grupos de los Young Socialists (Socialistas jóvenes) y en 1990 quedaban tan sólo 15. Había tres veces más miembros mayores de 66 años que menores de 25 años. Los miembros del partido fueron preguntados cuánto tiempo ellos le dedican al trabajo del partido. El 50% respondió que no hacía nada, el 30% le dedicaba hasta 5 horas al mes y sólo el 10% dijo contribuir entre 5 a 10 horas.

La pasividad extrema es característica del partido laborista. El otro lado de la moneda es el control burocrático. Los burócratas dominan el partido.

Tampoco nos podemos olvidar de la secta. Sus miembros simplemente dicen: “Nosotros luchamos sólo junto a personas que tengan la misma opinión que nosotros. Todos los demás no nos interesan.”

Los verdaderos revolucionarios se pueden distinguir de la clase en su totalidad sin embargo son al mismo tiempo parte de esta clase. La principal pregunta de los revolucionarios es cómo relacionarse con los trabajadores no revolucionarios. ¿Cómo relacionarnos con personas que concuerdan en un 60% con nuestras opiniones y cómo logramos que ese 60% se convierta tal vez en un 80% durante la lucha?

Un sectario diría: “Tú no concuerdas conmigo en un 40%, por lo tanto no me interesas”. Como revolucionarios diríamos: “Nosotros concordamos en un 60%. Es un buen comienzo. Empecemos a trabajar juntos y a debatir sobre el 40% restante. Yo voy a tratar de convencerte.”

 

7. Centralismo democrático

¿Cómo debería ser la estructura del partido revolucionario? ¿Por qué hablamos del centralismo democrático?

Primero que nada debemos entender por qué necesitamos de democracia. Si se quiere viajar de Londres a Birmingham se necesitan un bus y un chofer. No es necesario tener una gran discusión democrática porque el viaje ya es conocido. El problema radica en el hecho de que nunca hemos experimentado la transición del capitalismo al socialismo. No sabemos como es.  Cuando algo nos es desconocido sólo hay una manera de aprender, estando unidos a la clase y aprendiendo de ella. No es que podamos solucionar cualquier problema con la democracia. No podemos votar, por ejemplo, si queremos saber si Marx tenía razón sobre su teoría de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Esto no nos diría nada – o Marx tenía razón o no la tenía. Piensa sobre ello, lee y decide.

Hay asuntos que deben ser resueltos de forma democrática. Todo lo que tiene que ver con la lucha de clases debe ser sometido a una prueba práctica. Porque simplemente nos es desconocido. Las experiencias que tengan los trabajadores nos enseñarán ya que, como sabemos, la emancipación de la clase es acto de la clase.

Hay una maravillosa descripción de Lenin sobre este asunto en la época después de Julio de 1917. Lenin tenía que esconderse, el partido estaba prohibido y su prensa se encontraba desarticulada. A los bolcheviques se les acusaba de ser agentes alemanes y Lenin no sabía cuánto se había consolidado la fuerza de reacción. Él describe una merienda con un trabajador en un escondite. El trabajador le da un pedazo de pan y le dice: “El pan está bueno. Ellos, los capitalistas, nos tienen miedo.” Lenin recordaría más adelante: “En ese momento, al escuchar al trabajador, entendí la relación de las fuerzas de clase. Yo sabía que los capitalistas estaban con miedo aún estando nosotros en la ilegalidad y con el sentimiento de haber fracasado. La victoria de la contrarrevolución todavía no estaba completa”.

¿Cómo nos damos cuenta de que los trabajadores se sienten fuertes y con ganas de luchar? No podemos crear una encuesta o una votación de huelga en la prensa burguesa. Ellos no te darán la oportunidad. Tampoco se le puede preguntar a cada trabajador.

No se puede llevar a cabo una revolución proletaria sin una amplia y profunda democracia. Finalmente la meta de la revolución es que la clase trabajadora se alce a la clase dominante para así crear el sistema más democrático de la historia de la humanidad. Es un tipo de democracia totalmente distinta a la del capitalismo en la cual se elige cada 5 años a alguien que después ni siquiera actua como representante. En el capitalismo se eligen a los diputados del parlamento pero no a los jefes. En el capitalismo no se vota si una fábrica debería cerrarse o no. No podemos elegir a los oficiales del ejército ni a los jueces. En un estado de los trabajadores todo debe estar bajo el control de los trabajadores. Todo recae en el poder de los trabajadores. Esa es la forma más extrema de la democracia.

¿Si todo lo anterior es cierto, para qué necesitamos el centralismo?

Primero que nada las experiencias de los trabajadores son distintas, por lo tanto los miembros deben recolectar y unir todas esas experiencias. Incluso dentro del partido revolucionario los miembros vivencian diferentes formas de presión. Ellos son influenciados por el estado general de las cosas y por la sección de los trabajadores a la que pertenecen.

Para superar este seccionalismo, esta experiencia limitada, hay que centralizar toda la experiencia y la división. Además necesitamos el centralismo porque la clase dominante se encuentra en gran medida centralizada. Si no mantenemos una cierta simetría con nuestros enemigos no podremos ganar.

Nunca fui un pacifista, si alguien me ataca con un palo yo voy a necesitar uno más grande. Yo no creo que una cita de Marx del Capital pueda evitar el ataque de un perro rabioso. Debemos usar armas parecidas a las de nuestros enemigos, hay que crear una simetría. Por eso no entiendo a los anarquistas que dicen que no necesitamos un estado. Los capitalistas tienen un estado. ¿Cómo vamos a destruir su estado sin usar uno propio en el intento?

Los anarquistas siempre rechazan al estado. Pero al mismo tiempo cuando ellos se encontraron en una situación de poder entraron de inmediato a un gobierno burgués. Eso hicieron en España durante la guerra civil. ¿Por qué? Porque no tiene sentido negar algo  a menos que se destruya y si lo destruyes debes reemplazarlo. Además cuando se destruye algo hay que tener una idea de lo que va a sustituirlo. O sea un cuerpo de trabajadores armados y eso justamente es el estado proletario.

 

8. La necesidad de un partido revolucionario de masas

Cuando nos referimos al liderazgo de la clase trabajadora estamos hablando más allá de las experiencias, el conocimiento teórico y la unión a la clase. El liderazgo siempre tiene que hablar el lenguaje de la clase e integrar el espíritu de los trabajadores. Dentro del liderazgo se trata siempre de relacionarse con los trabajadores. Hay que saber hablar pero también escuchar, no sólo predicar y además hablar en un lenguaje que los trabajadores puedan entender.

Incluso esto no es suficiente. Necesitamos un partido grande porque para liderar a la clase trabajadora es necesario tener un partido de masas. La SWP (partido socialista británico) es el partido de masas más pequeño del mundo, realmente es minúsculo. Los bolcheviques tenían en 1914 apenas 4.000 miembros. Después de la revolución de febrero en 1917 tenían 23.000 miembros y en agosto 250.000. Con un cuarto de millón se pueden liderar 3 millones de trabajadores industriales.

En 1918 los comunistas alemanes tenían 4.000 miembros. Aunque se hubieran tratado de genios todos no habrían podido liderar una revolución. Un partido grande es necesario porque para liderar la clase es necesario como mínimo tener una base real en cada fábrica.

Yo mencioné el mes de julio. Cuando Lenin fue atacado como un espía alemán, 10.000 de 30.000 trabajadores de la fábrica de Putilov en Petrogrado se pusieron en huelga por un día para manifestar su apoyo a Lenin. ¿Por qué? Porque tenían a 500 bolcheviques en la fábrica.

Si quieres liderar a millones necesitas cientos de miles en tu partido. El carnaval de la ANL (Liga Anti Nazi) con 150.000 personas fue una manifestación maravillosa pero en términos de la revolución era aún un evento demasiado pequeño. Tan sólo para organizar este evento necesitamos de 6, 7 u 8 mil miembros del SWP.

Yo detesto cuando la gente piensa que el marxismo es algún tipo de ejercicio intelectual: nosotros interpretamos cosas, las entendemos y nos hacemos más astutos. Pero el marxismo se trata de acción y para eso se necesitan personas. Para la acción necesitas poder. Necesitamos un partido de masas: de medio millón de personas.


Este texto es el capítulo 2 de la obra “Marxism at the millenium”, Tony Cliff.

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