Capítulo 6: Rosa Luxemburg y la cuestión nacional

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Marx y Engels en la cuestión nacional

Rosa Luxemburg, como líder de un partido de trabajadores en Polonia, un país dividido entre tres imperios -Rusia, Alemania y Austria- debía tomar, necesariamente, una posición con respecto a la cuestión nacional. Rosa adhirió a esta posición, desde su formulación en 1896, en su primer trabajo de investigación científica, Desarrollo industrial de Polonia , hasta el fin de su vida y a pesar de los agudos conflictos con Lenin sobre esta cuestión.

Su actitud era tanto una continuación como una desviación de las enseñanzas de Marx y Engels sobre la cuestión nacional, y para entenderla correctamente es necesario echar una ojeada -aunque sea por encima- a la actitud de ellos en esta cuestión.

Marx y Engels vivieron durante el crecimiento del capitalismo en Europa, un período de revoluciones democrático-burguesas. El marco de la democracia burguesa era el Estado Nacional, y la obligación de los socialistas, de acuerdo con ellos, era luchar “al lado de la burguesía… contra la monarquía absoluta, la propiedad territorial feudal y la pequeña burguesía reaccionaria” 13 . Señalaron en 1848, que el mayor enemigo de las revoluciones democráticas era la Rusia zarista, y en segundo lugar, la Austria de los Habsburgo. Rusia, el esclavizador de Polonia, fue el primer sanguinario de la revolución democrática de Kossuth en Hungria (1849); Rusia y Austria juntas, mediante la intervención directa e indirecta en los asuntos internos de alemanes e italianos, impidieron la completa unificación de estas naciones. Consecuentemente, Marx y Engels apoyaron todos los movimientos nacionales dirigidos contra el Zar y los Habsburgo. Al mismo tiempo, y utilizando el mismo criterio, se oponían a los movimientos nacionales que objetivamente hacían el caldo gordo a los zares o los Habsburgo.

La independencia de Polonia, decían Marx y Engels, tendría que tener enormes repercusiones revolucionarias. En Primer lugar, se levantaría una muralla entre la democrática-revolucionaria Europa Occidental y Central y el “gendarme de Europa”. En segundo lugar, el Imperio de los Habsburgo, sacudido como estaría por un levantamiento nacional de los polacos, sucumbiría por los consiguientes movimientos nacionales de otras naciones; todas las naciones de este imperio serían entonces libres, y los austroalemanes podrían unirse con el resto de Alemania; esto constituiría la solución democrático-revolucionaria más consistente para la cuestión alemana. En tercer lugar, la independencia de Polonia sería un rudo golpe contra los junkers prusianos, reforzando así las tendencias democrático-revolucionarias de Alemania como totalidad.

Marx y Engels exhortaron a todos los movimientos democráticos de Europa a hacerle la guerra a la Rusia zarista, principal enemigo de todo progreso. Específicamente exhortaron a la Alemania revolucionaria a tomar las armas para la emancipación de Polonia. Una guerra democrática contra el zarismo salvaguardaría la independencia nacional de Polonia y Alemania, adelantaría la caída del absolutismo en Rusia y estimularía a las fuerzas revolucionarias de toda Europa.

Si bien apoyaban a los movimientos nacionales polaco y húngaro (magyar), Marx y Engels no apoyaban a otros. Así, por ejemplo, durante la revolución de 1848, condenaron los movimientos nacionales de los eslavos del sur: croatas, serbios y checos. Adoptaron esta actitud porque pensaban que objetivamente estos movimientos ayudaban al principal enemigo; las tropas croatas, que odiaban a los magyares más que al Imperio de los Habsburgo, apoyaron a las tropas del Zar cuando se encaminaban a Hungría; las tropas checas contribuyeron a reprimir a la Viena revolucionaria.

En todas las guerras en que estuvo envuelta la Rusia zarista, Marx y Engels no adoptaron una posición de neutralidad o de oposición a ambos campos en contienda, sino de oposición militante a Rusia. Así, criticaron a los gobiernos británico y francés durante la guerra de Crimea por no hacer la guerra consistentemente hasta el fin contra Rusia. En la guerra ruso-turca que estalló en 1877, una vez más Marx apoyó a los “bizarros turcos” 14 . Para Marx y Engels la Rusia zarista representó, hasta el fin de sus vidas, el más importante bastión de la reacción, y la guerra en contra de Rusia, un deber revolucionario.

Por los criterios que usaban para juzgar a los movimientos nacionales -su efecto en la revolución democrática-burguesa en Europa Occidental y Central- Marx y Engels naturalmente limitaban sus conclusiones relativas a las cuestiones nacionales a Europa (y Norteamérica), donde el desarrollo capitalista estaba más o menos avanzado. No atribuyeron -justificadamente en ese momento- el concepto de nacionalismo burgués revolucionario a los países de Asia, África o América del sur. Engels escribió: “a juicio mío, las colonias propiamente dichas, es decir los países ocupados por una población europea: el Canadá, el Cabo, Australia, se harán todos independientes; por el contrario, los países sometidos nada más, poblados por indígenas, como la India, Argelia y las posesiones holandesas, portuguesas y españolas, tendrán que quedar confiadas provisionalmente al proletariado, que las conducirá lo más rápidamente posible a la independencia”. 15 Engels creía posible que la India se emancipara mediante una revolución, pero que tal acontecimiento sólo sería de importancia secundaria para Europa. Si la India se liberara, “como el proletariado que se emancipe no puede mantener guerras coloniales, habrá que resignarse a ello”. Pero la idea de que la emancipación de las colonias pudiera preceder a las revoluciones socialistas en Europa, y aún ayudarlas considerablemente, le era totalmente extraña a Engels (y a Marx). Si la India, Argelia o Egipto se liberaran a sí mismas, esto “sería, por cierto, para nosotros , lo mejor. Tendremos bastante que hacer en nuestro país. Una vez Europa esté reorganizada, así como América del Norte, eso dará un impulso tan fuerte y será un ejemplo tan grande, que los países semicivilizados seguirán ellos mismos nuestra senda”.

Rosa Luxemburg y la cuestión nacional

Rosa Luxemburg, siguiendo las huellas de Marx y Engels, consideraba al movimiento nacional principalmente europeo, atribuyendo mínima importancia a los movimientos nacionales de Asia y África. Como Marx y Engels, ella también rechazó todo criterio absoluto al juzgar las luchas por la independencia nacional. No obstante, no era un mero epígono que repetía las palabras de los fundadores del socialismo científico.

Temprano en su vida política, Rosa señaló que la situación de Europa en general y la de Rusia en particular había cambiado tanto hacia el fin del siglo diecinueve, que la posición de Marx y Engels con respecto a los movimientos nacionales en Europa era insostenible.

En Europa Occidental y Central, el período de las revoluciones democrático-burguesas había pasado. Los junkers prusianos se habían arreglado para establecer su dominio con tanta firmeza que ya no necesitaban de la ayuda del Zar. Al mismo tiempo, el dominio zarista dejaba de ser el bastión inexpugnable de la reacción, y profundas grietas comenzaban a resquebrajar sus paredes: las huelgas de masas de los trabajadores de Varsovia, Lodz, Petrogrado, Moscú y otros lugares del Imperio Ruso; el rebelde despertar de los campesinos.

En realidad, mientras en la época de Marx y Engels el centro de la revolución estaba en Europa Occidental y Central, ahora, hacia fines del siglo diecinueve y principios del siglo veinte, pasaba al este, hacia Rusia. Mientras en la época de Marx, el zarismo era el principal gendarme de la represión de los levantamientos revolucionarios en todas partes, ahora el zarismo necesitaba de la ayuda (principalmente financiera) de las potencias capitalistas occidentales.

En lugar de ir las balas y rublos rusos hacia el oeste, ahora los marcos, francos, británicos y belgas, fluían cada vez más hacia Rusia. Rosa señaló también los cambios básicos que habían tenido lugar con respecto a las aspiraciones nacionales de su madre patria, Polonia. Mientras en la época de Marx y Engels los nobles polacos eran líderes del movimiento nacional, ahora, con el creciente desarrollo capitalista del país, estaban perdiendo terreno socialmente, y se acercaban al zarismo como el aliado para la supresión de los movimientos progresistas de Polonia. El resultado fue que la nobleza polaca enfrió las aspiraciones hacia la independencia nacional. La burguesía polaca también se hizo antagonista de tal deseo, al tiempo que encontraba los principales mercados para sus industrias en Rusia. Rosa dijo: “Polonia está atada a Rusia con cadenas de oro”. “El Estado de rapiña, y no el Estado nacional, corresponde al desarrollo capitalista.” ( Przeglad Socjaldemokratyczny , órgano teórico del SDKPL, 1908, Nº 6). Según opinaba Rosa, la clase trabajadora polaca tampoco estaba interesada en la separación de Polonia y Rusia, como lo vieron en Moscú y Petrogrado los aliados de Varsovia y Lodz. Así que no había en Polonia fuerzas sociales de peso interesadas en luchar por la independencia nacional. Únicamente la intelectualidad acariciaba la idea, pero era sólo una pequeña fuerza social. Rosa resumió su análisis de las fuerzas sociales de Polonia y su actitud con respecto a la cuestión nacional con las siguientes palabras: “La dirección reconocible del desarrollo social me ha demostrado claramente que no hay en Polonia clase social que tenga al mismo tiempo interés y capacidad para lograr la restauración de Polonia.” ( NZ , 1895-1896, p466).

De este análisis llegó a la conclusión de que bajo el capitalismo la consigna de “independencia nacional” no tenía valor progresivo, y no podía llevarse a cabo por las fuerzas internas de la nación polaca; únicamente la intervención de una u otra potencia imperialista podría lograrlo. Rosa opinaba que bajo el socialismo no habría lugar para la consigna “independencia nacional”, ya que la opresión nacional habría dejado de existir, y la unidad internacional de la humanidad sería un hecho. En consecuencia, la verdadera independencia de Polonia no podría lograrse bajo el capitalismo; y cualquier paso en tal sentido carecería de valor progresivo; mientras que bajo el socialismo no había necesidad de tal consigna. Por lo tanto, la clase trabajadora no necesitaba luchar por la autodeterminación nacional de Polonia y tal lucha era, de hecho, reaccionaria. Las consignas nacionales de la clase trabajadora debían limitarse a la demanda de autonomía nacional en la vida cultural.

Al tomar esta posición, Rosa y su partido, el SDKPL, entraron en amargo conflicto con los miembros del ala derecha del Partido Socialista Polaco (PSP) conducido por Pilsudski (futuro dictador militar de Polonia). Estos eran nacionalistas, socialistas sólo en su retórica. Faltándoles el apoyo de las masas para su nacionalismo, tramaban aventuras y conspiraban con potencias extranjeras aun hasta el punto de confiar en una futura guerra mundial como partera de la independencia nacional. En Galitzia, la fortaleza del derechista PPS, los polacos bajo el dominio austríaco recibían mejor tratamiento que los del imperio ruso, principalmente porque los gobernantes del imperio de los Habsburgos -una mezcla de nacionalidades- tenían que confiar en la clase gobernante polaca para fortificar su propio gobierno imperial. En consecuencia, los líderes del PPS se inclinaban a preferir el Imperio de los Habsburgos al Imperio Ruso, y durante la Primera Guerra Mundial actuaron como agentes de reclutamiento para Viena y Berlín. Anteriormente, durante la revolución de 1905, Daszynski, el líder del PPS en Galitzia, había llegado tan lejos como para condenar las huelgas de masas de los trabajadores polacos porque, según él, tendían a identificar la lucha de los trabajadores polacos con las de los rusos, minando así la unidad nacional de los polacos. Sólo cuando uno llega a tener claro quiénes fueron los oponentes de Rosa en el movimiento obrero polaco, puede llegar a comprender correctamente su posición en la cuestión nacional polaca.

Luxemburg no está de acuerdo con Lenin en la cuestión nacional

La lucha que Rosa tenía que librar contra el chauvinista PPS tiñó toda su actitud hacia la cuestión nacional en general. Para oponerse al nacionalismo del PPS, se inclinaba tanto hacia atrás que se opuso a toda referencia al derecho a la autodeterminación en el programa del partido. Es a raíz de esto que su partido, el SKDPL, se separó ya en 1903 del Partido Social Demócrata Ruso, y nunca más se unió organizativamente a los bolcheviques.

Lenin estaba de acuerdo con Rosa en su oposición al PPS y junto a ella sostuvo que el deber de los socialistas polacos no era luchar por la independencia nacional o secesión de Rusia, sino por la unidad internacional de los trabajadores polacos y rusos. Sin embargo Lenin, como miembro de una nación opresora, era cauto por temor a que una actitud nihilista con respecto a la cuestión nacional llevara agua al molino del gran chauvinismo ruso. Por lo tanto, consideraba que mientras los trabajadores polacos podían y debían evitar reclamar el establecimiento del estado nacional, los socialistas rusos debían luchar por el derecho de los polacos a tener su propio estado si así lo deseaban: “El inmenso mérito histórico de los camaradas socialdemócratas polacos consiste en haber lanzado la consigna del internacionalismo, diciendo: lo más importante para nosotros es sellar una alianza fraternal con el proletariado de todos los demás países, y jamás nos lanzaremos a una guerra por la liberación de Polonia. Ese es su mérito, y por ello hemos considerado siempre socialistas únicamente a estos camaradas socialdemócratas de polacos. Los otros son patrioteros, son los Plejánov polacos. Pero de esta situación original, en la que unos hombres, para salvar el socialismo, se han visto obligados a luchar contra un nacionalismo furioso y enfermizo, se derive un fenómeno extraño: los camaradas vienen a nosotros y nos dicen que debemos renunciar la libertad de Polonia, a su separación.

“¿Por qué nosotros, los rusos, que oprimimos a más naciones que ningún otro pueblo, hemos de renunciar a proclamar el derecho de Polonia, Ucrania y Finlandia a separarse de Rusia? …los socialdemócratas polacos dicen: estamos en contra de la separación de Polonia precisamente porque creemos ventajosa la alianza con los obreros rusos. Y están en su pleno derecho. Pero hay quienes no quieren comprender que para reforzar el internacionalismo no es necesario repetir las mismas palabras y que en Rusia debe insistirse en la libertad de separación de las naciones oprimidas y en Polonia debe subrayarse la libertad de unión. La libertad de unión presupone la libertad de separación. Nosotros, los rusos, debemos subrayar la libertad de separación, y en Polonia la libertad de unión.” (Lenin, Obras Completas [en castellano], Tomo XXXI, pp453-454).

La diferencia entre Lenin y Rosa Luxemburg, acerca de la cuestión nacional puede sintetizarse así; mientras Rosa, proveniente de la lucha contra el nacionalismo polaco, se inclinaba hacia una actitud nihilista con respecto a la cuestión nacional, Lenin veía realísticamente que, siendo diferentes las posiciones de las naciones oprimidas y las de las naciones opresoras, su actitud hacia la misma cuestión también debía ser diferente. Así, partiendo de situaciones diferentes y opuestas, se dirigían en direcciones opuestas para alcanzar el mismo punto de unidad de los trabajadores internacionales. En segundo lugar, mientras Rosa consideraba la cuestión de la autodeterminación nacional como incompatible con la lucha de clases, Lenin la subordinaba a la lucha de clases. (Al mismo tiempo que sacaba ventaja de todos los otros esfuerzos democráticos como armas en la lucha revolucionaria general). La fuente del acercamiento de Lenin a la cuestión nacional de que carecía Rosa es la dialéctica: él veía la unidad de los opuestos en la opresión nacional y la subordinación de la parte (la lucha por la independencia nacional) al todo (la lucha internacional por el socialismo).

La fuerza de Rosa con respecto a la cuestión nacional reside en su completa devoción por el internacionalismo y su independencia de pensamiento. Esto la condujo a través del método de Marx, a ver cómo la posición de Polonia con respecto a Rusia había cambiado, entre la época de Marx y la suya. La llevó, al contrario de Marx, a oponerse a la lucha nacional de Polonia, pero al mismo tiempo -y una vez más contrariamente a Marx y Engels- la condujo a apoyar el movimiento nacional de los eslavos del sur contra Turquía. Marx y Engels habían sostenido que para detener el avance del zarismo había que defender la unidad del Imperio Turco, y que había que oponerse a los movimientos nacionales de los eslavos del sur, que estaban sumergidos en las luchas paneslavas y eran armas ciegas en manos del zarismo. Rosa hizo un excelente análisis de las nuevas condiciones de los Balcanes desde la época de Marx. Primero llegó a la conclusión de que la liberación de las naciones balcánicas sometidas por los turcos sublevaría a las naciones del Imperio austrohúngaro. El fin del Imperio Turco en Europa significaría también el fin del Imperio de los Habsburgo. En segundo lugar, sostuvo que desde la época de Marx el movimiento nacional de los Balcanes había pasado a estar bajo el dominio de la burguesía y, en consecuencia, cualquier continuidad de la influencia rusa se debía únicamente a la opresión ejercida por los turcos.

La liberación de los pueblos balcánicos del yugo de los turcos no acrecentaría la influencia del zarismo sino que la debilitaría, ya que estos pueblos estarían bajo la conducción de una burguesía joven y progresista que chocaría cada vez más con el zarismo reaccionario. Así, en el caso de las naciones balcánicas, la actitud de Rosa con respecto a sus luchas nacionales difería enormemente de su actitud con respecto a Polonia.

La enérgica independencia del pensamiento de Rosa se veía atemperada por la debilidad que yacía -como hemos visto en algunas de las cuestiones ya tratadas- en su tendencia a generalizar con demasiada facilidad a partir de sus experiencias inmediatas, aplicándolas a los movimientos obreros de cualquier parte.

Notas

13. Manifiesto Comunista en Marx y Engels Obras Escogidas en tres tomos , Moscú 1973, Tomo I p140.

14. Carta a Sorge, 27 de septiembre de 1877, Correspondencia Marx-Engels , Londres, 1941, pp348-349.

15. Carta a Kautsky, 12 de septiembre de 1882, en Marx y Engels Obras Escogidas en tres tomos , Moscú 1973, Tomo III, p507.

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