La revolución permanente desviada
“La contribución más importante y original de Trotski al marxismo fue su teoría de la revolución permanente. En este ensayo primero se resumirá la teoría. Luego se la considerará a la luz de las experiencias de las revoluciones anticoloniales de China y Cuba, y la desarrollaremos y ampliaremos. Tendremos que rechazar gran parte de la teoría. Pero si el resultado es una perspectiva que difiere considerablemente de la de Trotski, no obstante se apoya mucho en su visión.”
Este ensayo se publicó por primera vez en la revista International Socialism 1:12, Primavera 1963. Se ha publicado como folleto en sucesivas ediciones desde 1981. Primera edición en castellano, por Socialismo Internacional, octubre de 1997.
Introducción a la primera edición en castellano
Marxismo y revolución en el “tercer mundo”
Tres conceptos de revolución
La subida de Mao al poder
La revolución de Castro
¿Qué fracasó en la teoría?
La intelectualidad
Revolución permanente desviada
Notas
Introducción a la primera edición en castellano
Las perspectivas de una revolución en el tercer mundo parecen seguir la trayectoria de una montaña rusa. Por momentos llega a un desmesurado optimismo, cuando se ponen las esperanzas en un movimiento nuevo que parece representar una posibilidad revolucionaria. Pero tarde o temprano el movimiento decepciona y se cae en un pesimismo profundo. Entonces es cuando surge la idea de que no se puede cambiar nada, de que el imperialismo es demasiado poderoso, de que tal o cual país está demasiado atrasado como para dar a luz a una nueva sociedad.
Se ha vivido esto en el caso de Cuba, donde las ilusiones en Castro duraron décadas, para ahora dejar a un cada vez mayor número de sus incondicionales de antaño con la sensación de que la revolución no ha cumplido sus promesas.
Después, los sandinistas iban a renovar las posibilidades revolucionarias de América Latina. Perdieron el poder 10 años más tarde, y ahora son pocos los que mantienen la fe en su proyecto.
Más recientemente, los zapatistas irrumpieron como un movimiento guerrillero genuinamente de la base, el que iba a ser diferente. Mucha gente abandonó la solidaridad con Cuba —ya lo habían hecho con Nicaragua— para montar brigadas en Chiapas y participar en “encuentros intergalácticos”. Pero al cabo de sólo unos años se ha empezado a cuestionar la estrategia del EZLN, la de negociar con el Gobierno mexicano e intentar fundar un partido político.
Esto no implica cuestionar el coraje de los que luchan contra la opresión en América Latina. Más bien es dudar sobre el valor de una actitud de solidaridad en Europa que consiste en fomentar unas ilusiones enormes que van seguidas por la caída en la desesperanza, un proceso que parece llevarse a cabo cada vez más rápidamente.
Una buena expresión de estas ideas es el interesante trabajo de James Petras —un escritor favorito en la izquierda radical del Estado español— sobre la nueva izquierda latinoamericana. Argumenta que “la pieza clave del resurgimiento de la izquierda se encuentra en el campo”, y que “los nuevos movimientos [son] una prometedora y creativa fuerza capaz de desafiar el orden establecido del mercado libre: la base rural que puede derribar al imperio global tiene muy poco en común con el «campesinado tradicional»” ( Ajoblanco, Especial Latinoamérica, Primavera 1997, pp9, 12.)
Menciona, casi sin comentarios, lo que ha pasado con los sandinistas, el FMLN en El Salvador, el Partido de los Trabajadores de Brasil y varias organizaciones más: “Estos partidos, coaliciones y antiguos movimientos guerrilleros… se atrincheraron en la política parlamentaria y comenzaron a asimilar políticas neoliberales de privatización, «globalización», etc.” (p13).
Pero estos grupos representaron las esperanzas de los años 80. No se puede olvidar que en su momento fueron estos quienes representaban a “fuerzas prometedoras y creativas”. ¿Por qué fracasaron? ¿Por qué serán diferentes los zapatistas, el Movimiento de Campesinos sin Tierra, etc? ¿Cuál es la salida de este círculo de esperanzas perdidas?
La solución no se encuentra en tal o cual nueva moda, sino en un estudio serio de la naturaleza del mundo capitalista, de la situación en éste de los países menos desarrollados, y de la posición central de la clase trabajadora en plantear la alternativa al capitalismo, incluso en estos países.
Y este estudio no empieza hoy desde cero, sino que tiene unos fundamentos importantes en el trabajo de Trotski, hace 70 años, y en el de Cliff en 1963, cuando reconsideraba las tesis de Trotski después de las revoluciones china y cubana.
Para entender las matizaciones de Cliff, es necesario primero resumir el argumento de Trotski.
La teoría de Trotski
El análisis de Cliff parte de la contribución más importante y original al marxismo realizada por León Trotski: la teoría de la revolución permanente. Esta teoría, fruto de la observación y experiencia de Trotski durante la revolución rusa de 1905, queda justificada por los acontecimientos de la revolución de 1917.
Durante la revolución rusa de 1905, el cobarde papel que asumió la burguesía contrastó ampliamente con el de sus antecesores en revoluciones anteriores. En Holanda, Inglaterra, Francia y América, la burguesía había jugado un papel importante en la lucha contra el feudalismo y, en el caso de América, contra el colonialismo, factores que eran un obstáculo para el libre desarrollo del capitalismo, y para el establecimiento de la democracia política. Sin embargo, la posterior burguesía rusa, argumentó Trotski, nunca desarrollaría el mismo papel que las burguesías anteriores. Temerosa de los crecientes movimientos de los trabajadores, se aproximó al zarismo y al orden imperialista que se situaría en contra de los trabajadores y campesinos en futuras revoluciones. Dado que el campesinado estaba socialmente dividido, el papel de liderazgo recayó en la clase trabajadora, a pesar de ser una nueva clase formada aún por una minoría.
Sin embargo, una revolución “burguesa” dirigida por la clase trabajadora no podía conformarse con el establecimiento de libertades políticas, sino que atravesaría las barreras de la propiedad privada burguesa y se dirigiría hacia la instauración del socialismo. Trotski también defendió la teoría de que en un mundo internacional, de competición creciente entre los poderes imperialistas, esa revolución no podía quedar confinada dentro de las fronteras de una nación. Al sobrepasar estos límites sociales y nacionales la revolución se convertiría en permanente o continua.
La teoría de Trotski se justificaba brillantemente en la revolución de 1917, pero el movimiento de trabajadores revolucionarios no alcanzó una victoria decisiva en ninguna otra parte. Los acontecimientos de 1926-27 en China, donde la clase trabajadora dirigió la lucha contra la dominación imperialista pero fue, sin embargo, vencida por la burguesía nacionalista de este país, mostraron con esta experiencia trágica y negativa que la teoría de Trotski no se refería sólo a Rusia.
La revolución permanente “desviada”
Sin embargo, en 1949, otro tipo muy diferente de revolución tuvo éxito en China y un modelo similar ocurrió en Cuba diez años más tarde. ¿Cuál fue la naturaleza de estas revoluciones?
Tony Cliff estaba bien situado para considerar la cuestión. Fue el, un trotskista recien exiliado a Gran Bretaña de su nativa Palestina, quien en 1947 inició la tarea de analizar los nuevos países estalinistas surgidos de la II Guerra Mundial, llevándole a formular el análisis de que estos regímenes, al igual que la URSS, eran capitalismos de Estado. Esta teoría iba en contraste a la etapa a la que había llegado Trotski cuando fue asesinado, de ver la URSS como un ‘Estado obrero degenerado’. La presente obra expresa el mismo espíritu; el de aprender del análisis de Trotski, como del de otros revolucionarios, pero no temer que el aplicar sus métodos a nuevas realidades pueda producir conclusiones diferentes de las suyas.
El primer propósito de Tony Cliff en este folleto fue desacreditar la ilusión, entonces ampliamente extendida, de que los regímenes chino y cubano eran socialistas. Como Cliff apuntó, sus líderes se autoproclamaban marxistas mientras se contradecían con el mismo Marx, el cual decía que la emancipación de la clase trabajadora sería llevada a cabo por ella misma. Ni en China ni en Cuba, los trabajadores controlaron los medios de producción y en ninguno de los dos países tuvo la clase trabajadora un papel activo, mucho menos de liderazgo, en los acontecimientos que llevaron a los nuevos regímenes al poder.
Por el contrario, Cliff defendió que China y Cuba eran gobernadas por una capa de intelectuales basada, como mucho, en el apoyo pasivo de los campesinos y trabajadores. Fue esta capa de intelectuales la que tomó el control, no la clase trabajadora como se hubiera esperado según la teoría de Trotski. Estos intelectuales fueron capaces de usar la maquinaria del estado para nacionalizar la mayor parte de la economía y embarcar a sus países hacia un desarrollo nacional de capitalismo de estado.
En general, la teoría de la revolución permanente desviada ofreció una explicación del éxito de las revoluciones china y cubana y el de otros regímenes de capitalismo de estado menos “puros”, al alcanzar al menos algunas de las tareas de la revolución burguesa, la cual no abandona el espíritu de la contribución pionera al marxismo de Trotski.
Ahora, más de 30 años después, ¿cómo ha superado el argumento de Cliff el examen del paso del tiempo? La insistencia de Cliff en que esos regímenes no fueron de ninguna manera socialistas ha sido completamente justificada por los acontecimientos. Esos pocos que aun creían en la credibilidad socialista china seguramente deberían haberse derrumbado con la masacre de Tiananmen el 3 de junio de 1989. Los que aceptamos el análisis de Cliff estuvimos escandalizados, pero no desconcertados.
La crisis del Este
Los acontecimientos en la Europa del Este, a finales de los 80, pusieron en duda la viabilidad del modelo de capitalismo de estado. Los regímenes de la Europa del Este no se establecieron por medio de un estrato local de intelectuales que desviaran su “propia” revolución, excepto en el caso de Yugoslavia, sino que los impuso la URSS a través de la actuación del ejército ruso. No obstante, como en China y Cuba, estos fueron “puros” regímenes de capitalismo de estado. Una vez en el poder, las burocracias comenzaron por subordinar a la clase trabajadora al objetivo de la acumulación de capital, usando al estado para este propósito.
Pero hacia los 80 estas burocracias habían llegado a convertirse en un impedimento para el desarrollo de las fuerzas de producción. El capitalismo de estado tiende a funcionar con un alto grado de separación de la economía mundial, aunque no haya alcanzado nunca una completa autarquía. La internacionalización de la economía mundial está continuamente minando esas estrategias, sacando de su órbita a las economías de capitalismo de estado, abriéndolas a mercados mundiales y a inversiones extranjeras. El proceso no es suave, podría estar sujeto a fluctuaciones violentas e incluso a cambios de retroceso. Esto se ilustra en los acontecimientos de China, donde la política oscila continuamente entre una escala mínima o una amplia de apertura económica al mundo exterior. Este proceso también muestra que la tendencia general es de integración en la economía mundial.
Esta tendencia general también estaba presente en los años 60, cuando países como Argelia, Egipto, Ghana y la India, los cuales habían recorrido un largo camino en el proceso de desarrollo del capitalismo de estado, comenzaron de forma decisiva a alejarse de él.
La larga lucha para expulsar a Portugal de sus colonias africanas podría haber acabado en el establecimiento de regímenes como el modelo cubano, pero esto o no se intentó, o bien, como en el caso de Mozambique, se abandonó el intento. Las condiciones que abrieron el paso a la victoriosa revolución nicaragüense también actuaron contra cualquier intento de seguir el ejemplo de Cuba: la ayuda a gran escala que Rusia había estado dispuesta, por razones estratégicas, a comprometer en Cuba no estuvo disponible para los Sandinistas en Nicaragua, —y no estaba al alcance de Cuba por mucho más tiempo—.
La experiencia de Centro América pone de relieve otro aspecto del análisis de Cliff que hay que poner al día.
El movimiento obrero en estos países es muy diferente del movimiento que se dio en la India a principios de los 60: de hecho, el movimiento obrero en la misma India ha cambiado. El problema ya no es la influencia de personajes individuales en el movimiento, “forasteros”, como Cliff los define, sino la preponderancia generalizada de ideologías nacionalistas —muchas veces muy radicales— dentro del movimiento obrero, a pesar de la mayor fuerza y madurez de éste.
El crecimiento del nacionalismo radical y de las burocracias reformistas ayuda a explicar cómo en algunos países recientemente industrializados la burguesía ha sido capaz de conseguir algunos objetivos de la revolución burguesa sin recurrir al capitalismo de estado “puro” ni sucumbir a sus propias clases trabajadoras. La experiencia de estos países también indica que aunque el camino hacia el capitalismo de estado “puro” ha menguado en viabilidad, esto no significa que el estado en sí mismo se haya quedado parado en el desarrollo económico, como mantienen los entusiastas del mercado libre. Por el contrario, una ayuda estatal a gran escala ha sido indispensable para el crecimiento del capitalismo en estos países.
En los países de reciente industrialización la clase trabajadora ha crecido enormemente, y en varios de ellos está empezando a tensar sus músculos. Últimamente se han dado huelgas masivas desde Corea del Sur hasta Zimbabwe y Colombia, entre muchos otros ejemplos. Al mismo tiempo el capitalismo se está integrando mucho más, acercándose a una única economía mundial. Estos rasgos fundamentales justifican la teoría original de Trotski que apunta a las interconexiones entre la lucha por la democracia y la lucha por el socialismo y por lo tanto a la importancia vital del liderazgo de la clase trabajadora.
Esto a su vez ayuda a volver a enfatizar un punto fuerte del análisis de Cliff: su insistencia en que hay que luchar por el liderazgo de los trabajadores cuando combaten contra los obstáculos en su camino, tales como el latifundismo, el fascismo, el imperialismo y sus secuaces. Un liderazgo capaz de luchar más coherente y profundamente contra estos enemigos tomará como guía la lucha más amplia contra el sistema capitalista como un todo integrado. Este liderazgo se asegurará de que la lucha de la clase trabajadora, como en 1917, no se parará ante ningún obstáculo.
Nota sobre lenguaje
Este folleto apareció primero como un artículo, una contribución al debate dentro del círculo reducido de personas que buscaban análisis teóricos para ir más allá de la opción “o Washington o Moscú” de la guerra fría de entonces. El título original del folleto, Deflected Permanent Revolution (Revolución Permanente Desviada), refleja esta situación. Hemos puesto el título Marxismo y revolución en el “tercer mundo” para hacerlo más comprensible hoy en día. Somos conscientes de los problemas con el término “tercer mundo”, de ahí las comillas, pero también los hay con las alternativas, tal como “el sur”, “países periféricos”, “países en vías de desarrollo”, etc.
Hay otro aspecto en el lenguaje del folleto que refleja su época y orígenes. En 1963 los términos “países subdesarrollados” y “países atrasados” eran descripciones más o menos exactas, pero desde entonces las cosas han cambiado. Estas expresiones no deberían tomarse por implicar ningún menosprecio por parte del autor.
Socialismo Internacional, octubre de 1997
Marxismo y revolución en el “tercer mundo”
(La revolución permanente desviada)
Sumario
La contribución más importante y original de Trotski al marxismo fue su teoría de la revolución permanente. En este ensayo primero se resumirá la teoría. Luego se la considerará a la luz de las experiencias de las revoluciones anticoloniales de China y Cuba, y la desarrollaremos y ampliaremos. Tendremos que rechazar gran parte de la teoría. Pero si el resultado es una perspectiva que difiere considerablemente de la de Trotski, no obstante se apoya mucho en su visión.
Tres conceptos de revolución
Trotski desarrolló su teoría con la revolución de 1905 presente. Prácticamente todos los marxistas de la época, desde Kautsky a Plekhanov y Lenin, creían que sólo los países industrialmente avanzados estaban preparados para una revolución socialista. Explicándolo esquemáticamente, defendían que los países llegarían al poder de los trabajadores paralelamente al estado de desarrollo tecnológico alcanzado. Los países más atrasados podían ver su futura imagen reflejada en los países más avanzados. Sólo después de un largo proceso de desarrollo industrial y una transición a través de un régimen parlamentario burgués podría la clase trabajadora madurar suficientemente como para plantearse una revolución socialista.
Todos los socialdemócratas rusos —mencheviques así como bolcheviques— tomaron como básica la idea de que Rusia se acercaba a una revolución burguesa como resultado de un conflicto entre las fuerzas productivas del capitalismo por un lado y autocracia, latifundismo y otras estructuras supervivientes del feudalismo por otro. Los mencheviques llegaron a la conclusión de que la burguesía necesariamente dirigiría la revolución y tomaría el poder político en sus propias manos. Ellos pensaban que los socialdemócratas deberían apoyar a la burguesía liberal en la revolución y al mismo tiempo defender los intereses de los trabajadores dentro de los límites del capitalismo, a través de una lucha por la jornada laboral diaria de 8 horas y otras reformas sociales 1.
Lenin y los bolcheviques estaban de acuerdo en que la revolución sería de carácter burgués y que su objetivo no sobrepasaría los límites de una revolución burguesa. Lenin escribió: “La revolución democrática no se saldrá propiamente del marco de las relaciones económico-sociales burguesas.” 2 O que “esta revolución democrática en Rusia… no debilitará, sino que fortalecerá la dominación de la burguesía” 3 . Volvía al tema una y otra vez.
No sería hasta después de la revolución de febrero de 1917 que Lenin rechazara este punto de vista. En septiembre de 1914, por ejemplo, todavía escribía que la revolución rusa debía limitarse a tres tareas fundamentales: “república democrática (con plena igualdad de derechos y autodeterminación de todas las naciones), confiscación de las tierras de los terratenientes y jornada de ocho horas.” 4
La diferencia fundamental de Lenin con los mencheviques consistía en su insistencia en que el movimiento de los trabajadores debía ser independiente de la burguesía liberal, para llevar hasta la victoria la revolución burguesa contra su propia resistencia. En lugar de la alianza entre la clase trabajadora y la burguesía liberal patrocinada por los mencheviques, Lenin abogó por una alianza de la clase trabajadora con el campesinado. Mientras que los mencheviques contaban con un gobierno compuesto por ministros de la burguesía liberal después de la revolución, Lenin preveía una coalición compuesta por el partido de los trabajadores y el partido de los campesinos, una “dictadura democrática de los trabajadores y el campesinado” en la cual el partido campesino tendría la mayoría. La “dictadura democrática” establecería una república, expropiaría a los grandes terratenientes y haría cumplir las 8 horas laborales diarias. Posteriormente el campesinado dejaría de ser revolucionario, defendería la propiedad y el estatus quo social, y se uniría con la burguesía. El proletariado industrial, en alianza con el proletariado y semi-proletariado rural, se convertiría en la oposición revolucionaria y la fase temporal de dictadura democrática daría paso a un gobierno conservador burgués dentro del ámbito de una república burguesa.
Trotski estaba tan convencido como Lenin de que la burguesía liberal no podría llevar a cabo de manera consistente ninguna tarea revolucionaria y de que la revolución agraria, un elemento fundamental en la revolución burguesa, sólo podría funcionar con una alianza entre la clase trabajadora y el campesinado. Pero Trotski no estaba de acuerdo con Lenin en la posibilidad de un partido independiente campesino, afirmando que los campesinos estaban demasiado divididos entre pobres y ricos como para formar un partido unido e independiente de todos los campesinos.
Según Trotski: “Toda la experiencia histórica… muestra que el campesinado es completamente incapaz de desempeñar un papel político independiente” 5. Si en todas las revoluciones desde la Reforma alemana, los campesinos habían apoyado una facción u otra de la burguesía, en Rusia la fuerza de la clase trabajadora y el conservadurismo de la burguesía obligaría al campesinado a apoyar al proletariado revolucionario. La revolución misma no se limitaría a llevar a cabo tareas democráticas burguesas, sino que procedería inmediatamente a conseguir medidas socialistas proletarias.
El proletariado crece y se fortalece con el crecimiento del capitalismo. En este sentido, el desarrollo del capitalismo es equivalente al desarrollo del proletariado hacia la dictadura. Pero el día y la hora en que el poder ha de pasar a manos de la clase obrera no dependen directamente de la situación de las fuerzas productivas sino de las condiciones de la lucha de clases, de la situación internacional y, finalmente, de una serie de elementos subjetivos: tradición, iniciativa, disposición para el combate…
Es posible que el proletariado de un país económicamente atrasado llegue antes al poder que en un país capitalista evolucionado. En 1871, se hizo cargo conscientemente de la dirección de los asuntos sociales en el París pequeño-burgués, aunque sólo por un período de dos meses; pero ni por una sola hora tomó el poder en los grandes centros capitalistas de Inglaterra o de los Estados Unidos. La idea de que la dictadura proletaria depende en algún modo automáticamente de las fuerzas y medios técnicos de un país, es un prejuicio de un materialismo “económico” simplificado hasta el extremo. Tal concepto no tiene nada en común con el marxismo. En nuestra opinión la revolución rusa creará las condiciones bajo las cuales el poder puede pasar a manos del proletariado (y en caso de una victoria de la revolución, así tiene que ser) antes de que los políticos del liberalismo burgués tengan la oportunidad de hacer un despliegue completo de su genio político 6.
Otro elemento importante en la teoría fue el carácter internacional de la próxima revolución rusa. Comenzaría a escala nacional pero sólo podría ser completada con la victoria de la revolución en los países más desarrollados.
¿Pero hasta dónde puede llegar la política socialista de la clase obrera en las condiciones económicas de Rusia? Una cosa podemos decir con toda seguridad: que tropezará mucho antes con obstáculos políticos que con el retraso técnico del país. La clase obrera rusa no podría mantenerse en el poder ni convertir su dominio temporal en una dictadura socialista permanente sin el apoyo estatal directo que le prestase el proletario europeo 7.
Los elementos básicos de la teoría de Trotski pueden ser resumidos en seis puntos:
1. Una burguesía que llega tarde a la escena es fundamentalmente diferente de sus antecesoras de hace uno o dos siglos. Es incapaz de proporcionar una solución democrática consistente al problema de la opresión del feudalismo y del imperialismo. Es incapaz de llevar a cabo la completa destrucción del feudalismo, de conseguir una independencia nacional genuina y la democracia política. La burguesía ya no es revolucionaria, ni en los países avanzados ni en los atrasados. Es una fuerza absolutamente conservadora.
2. El papel revolucionario decisivo recae sobre el proletariado, a pesar de que éste es muy joven y pequeño en número.
3. Incapaz de acción independiente, el campesinado seguirá a las ciudades y, en vista de los puntos anteriores, debe seguir el liderazgo del proletariado industrial.
4. Una auténtica solución para la cuestión agraria y para la cuestión nacional, una ruptura de las ataduras sociales e imperiales que impiden el rápido avance económico, supone ir más allá de los límites de la propiedad privada burguesa. “La revolución democrática se transforma directamente en socialista, convirtiéndose con ello en permanente” 8 .
5. “El triunfo de la revolución socialista es inconcebible dentro de las fronteras nacionales de un país… Por lo tanto, la revolución socialista se convierte en permanente en un sentido nuevo y más amplio de la palabra: en el sentido de que sólo se consuma con la victoria definitiva de la nueva sociedad en todo el planeta.” 9 Es un sueño reaccionario intentar alcanzar “socialismo en un solo país”.
6. Como resultado, la revolución en los países atrasados conduciría a convulsiones en los países avanzados.
La revolución rusa de 1917 demostró que todas las suposiciones de Trotski eran ciertas. La burguesía fue contrarrevolucionaria, el proletariado industrial fue la clase revolucionaria por excelencia, el campesinado siguió a la clase trabajadora, la revolución democrática antifeudal se transformó en la socialista; la revolución rusa dio paso a convulsiones revolucionarias en Alemania, Austria, Hungría, etc. Y finalmente, por desgracia, el aislamiento de la revolución rusa condujo a su degeneración y fracaso.
Otra confirmación clásica de la teoría de Trotski fue la revolución china de 1925-27. Desafortunadamente, la confirmación fue, más aun que en la revolución rusa, una muestra negativa. A pesar de que los puntos 1-4 fueron confirmados, la traición estalinista aseguró que la revolución finalizara no con la victoria del proletariado sino con su derrota. Como resultado, los campesinos fueron también derrotados, y no sólo no fue consumada la revolución socialista sino que tampoco lo fue la revolución democrática ni la revolución agraria; la unidad del país y su independencia del imperialismo tampoco fueron alcanzadas. Los puntos 5 y 6 de la misma manera no tuvieron la oportunidad de ser verificados empíricamente.
Desde entonces, sin embargo, dos acontecimientos de importancia mundial —la subida de Mao al poder en China y la de Castro en Cuba— parecen poner en duda prácticamente todas las premisas de la teoría.
La subida de Mao al poder
La clase trabajadora industrial no jugó ningún papel en la victoria de Mao. Incluso la composición social del partido comunista chino era ajena a la clase trabajadora. El ascenso de Mao dentro del partido coincidió con la transformación del mismo desde un partido de clase trabajadora. Hacia finales de 1926 al menos el 66% de los miembros del partido eran trabajadores, otro 22% intelectuales y sólo un 5% campesinos 10 . Hacia noviembre de 1928 el porcentaje de trabajadores había descendido en más de cuatro quintos y un informe oficial admitía que el partido “no tenía un sólo núcleo saludable entre los trabajadores industriales” 11 . El partido admitía que los trabajadores comprendían sólo el 10% de los afiliados en 1928, 3% en 1929, 2.5% en marzo de 1930, 1.6% en septiembre del mismo año y prácticamente nadie a finales del mismo año 12 . Desde entonces y hasta la victoria final de Mao el partido prácticamente no tenía trabajadores industriales.
Durante algunos años el partido estuvo limitado a movimientos insurgentes de campesinos en las provincias profundas de la China central donde estableció una república soviética china; más tarde, después de una derrota militar en las provincias centrales (1934) se trasladó al norte de Sensi, en el noroeste. En ambas áreas no había clase trabajadora industrial. Un órgano del Comintern no exageraba cuando escribía que “la región fronteriza es una de las más atrasadas de China en el campo socio-económico” 13 . Chu Teh repetía: “Las regiones bajo la dirección de los comunistas son las más atrasadas económicamente en todo el país…” 14 Ni una sola ciudad estuvo bajo el control de los comunistas hasta un par de años antes del establecimiento de la República popular de china.
Era tan poca la relevancia que tenían los trabajadores en la estrategia del partido comunista durante el período de la subida de Mao al poder, como para que el partido no creyera necesario el convocar un Congreso nacional de los sindicatos durante diecinueve años después del que se convocara en 1929. Ni tan siquiera se preocupó de buscar el apoyo de los trabajadores, como demuestra su declaración de no intentar mantener ninguna organización en las áreas controladas por el Kuomintang durante los años cruciales de 1937-45 15 .
Cuando, en diciembre de 1937, el gobierno del Kuomintang decretó la pena de muerte para los trabajadores que fueron a la huelga o incluso para los que agitaron a la huelga mientras la guerra iba en aumento, un miembro del Partido Comunista dijo a un entrevistador que el partido estaba “completamente satisfecho” con la conducta del gobierno respecto a la guerra 16 . Incluso después del estallido de la guerra civil entre el Partido Comunista y el Kuomintang, apenas ninguna organización del partido comunista existía en las áreas del Kuomintang, las cuales incluían todos los centros industriales del país.
La conquista de las ciudades por parte de Mao mostró más que cualquier otra cosa el completo divorcio entre el partido comunista y la clase trabajadora. Los líderes comunistas hicieron todo lo que pudieron para evitar que los trabajadores se levantaran en las ciudades en vísperas de la toma de éstas por el partido. Antes de la caída de Tientsin y Peking, por ejemplo, el general Lin Piao, comandante del frente, publicó una proclama llamando al pueblo a:
mantener el orden y continuar en sus ocupaciones. Oficiales del Kuomintang o personal de policía de provincia, de ciudad, país y otros niveles de instituciones gubernamentales; personal de distrito, ciudad, pueblo o pao chia [poder municipal,N. del Trad. ]… son ordenados de permanecer en sus puestos 17.
Al tiempo que cruzaban el río Yangtze, antes de que las grandes ciudades del sur y centro de China (Shanghai, Hankow, Cantón) cayeran en poder de Mao, éste y Chu Teh ordenaron otra proclama:
Se espera que los obreros y empleados de todos los oficios continúen trabajando y que los negocios funcionen con normalidad… los oficiales de varios niveles del gobierno central, provincial, municipal y condal del Kuomintang, o delegados de la “Asamblea Nacional”, miembros de los Yuan Legislativo o de Control, o de los Consejos Políticos Populares, personal de la policía y jefes de las organizaciones del Pao Chia…han de permanecer en sus puestos, y obedecer las ordenes del Ejército de Liberación Popular y del Gobierno Popular 18.
La clase trabajadora cumplió y permaneció inerte. Un informe desde Nanking el 22 de abril de 1949, dos días antes de que el Ejército de Liberación del Pueblo ocupara la ciudad, describía la situación de esta manera:
La población de Nanking no muestra signos de agitación. Multitudes curiosas fueron vistas observando a la orilla del río el duelo de fusiles al otro lado del río. Los negocios funcionan con normalidad. Algunas tiendas han cerrado pero esto se debe a la escasez de comercio. Los cines siguen llenos 19.
Un mes más tarde un corresponsal del New York Timesescribía desde Shanghai:
Las tropas Rojas han comenzado a enganchar carteles en chino instando a la población a que mantenga la calma y asegurándole que no tiene nada que temer 20.
En Cantón:
Después de su entrada, los comunistas tomaron contacto con la Comisaría e instruyeron a los oficiales y hombres para que permanecieran en sus puestos y mantuvieran el orden 21.
La revolución de Castro
Un caso en el cual ni la clase trabajadora ni el campesinado tuvieron un serio papel, sino que fueron los intelectuales de clase media los que ocupaban todo el campo de batalla, fue la subida de Castro al poder. El libro de C. Wright Mills Escucha Yankee, el cual es un monólogo más o menos auténtico de los líderes cubanos, trata al principio con lo que no fue la revolución:
…la revolución no fue una lucha entre trabajadores asalariados y capitalismo… Nuestra revolución no es una revolución llevada a cabo por sindicatos obreros o por trabajadores asalariados en la ciudad o por partidos obreros o por cualquier otra cosa similar 22…los trabajadores asalariados de la ciudad no tenían ninguna conciencia revolucionaria; sus sindicatos eran parecidos a los sindicatos norteamericanos, movilizándose para conseguir más salario y mejores condiciones. Eso era todo lo que los movilizaba. Y algunos eran más corruptos que algunos de los vuestros (americanos) 23.
Paul Baran, partidario sin críticas de Fidel, escribió después de conversaciones con líderes cubanos sobre el papel insignificante del proletariado industrial en la revolución:
Parece que el segmento empleado de la clase trabajadora industrial permaneció, en general, pasivo a lo largo del período revolucionario. Formando la “capa aristocrática” del proletariado cubano, estos trabajadores tenían parte en los beneficios del monopolio —de comercio extranjero y nacional— donde se les pagaba bien en términos latinoamericanos, y disfrutaban de un nivel de vida considerablemente más alto que el de la mayoría del pueblo cubano. El movimiento sindical fue dominado por el “sindicalismo amarillo” al estilo de Estados Unidos y fue impregnado por la mafia y el gangsterismo 24.
La indiferencia del proletariado industrial explica el fracaso total de la convocatoria de Castro a una huelga general el 9 de abril de 1958, 16 meses después del inicio del alzamiento y ocho meses antes de la caída del dictador cubano Batista. Los trabajadores permanecieron indiferentes, y los comunistas la sabotearon. (Fue algún tiempo más tarde que los comunistas se subieron al carro del castrismo.) 25
El papel del campesinado en la subida de Castro al poder ha sido comentado de manera más positiva. Wright Mills relata que durante la insurrección:
Los campesinos jugaron un gran papel. Junto a los jóvenes intelectuales, se convirtieron en el ejército rebelde que ganó la insurrección. Ellos fueron la fuerza decisiva, los intelectuales y los campesinos… Los soldados rebeldes se componían de campesinos y eran dirigidos por jóvenes intelectuales… 26
¿Quiénes eran estos campesinos? “…en verdad un tipo de obreros agrícolas asalariados, quienes, la mayor parte del año, estaban parados.” 27 De la misma manera, Baran expone: “la clase que hizo la revolución es la clase rural campesina” 28 . Y éstos eran jornaleros agrícolas, no pequeños propietarios. “El campo cubano no fue habitado por un estrato pequeño burgués de campesinos propietarios, y por lo tanto nunca se convirtió en un «caldo de cultivo de ideología pequeño burguesa»”. 29
Esta descripción, sin embargo, es desmentida por dos cosas. El campesinado fue apenas involucrado en el ejército de Castro. Hacia abril de 1958, el número total de hombres armados al mando de Castro era de 180 aproximadamente y, en el momento de la caída de Batista había aumentado solamente hasta 803 30 . Los cuadros de los grupos de Castro eran intelectuales. Y los campesinos que participaron no fueron obreros agrícolas asalariados, inspirados en colectivismo, como Mills y Baran afirman. Che Guevara atestigua sobre los campesinos que se unieron a Castro en Sierra Maestra:
Los soldados que componían nuestra primera guerrilla armada de gente del campo procedían del tipo de clase social que muestra su amor por la posesión de la tierra más agresivamente, lo cual expresa perfectamente el espíritu catalogado como pequeño burgués 31.
El movimiento de Castro era de clase media. Los 82 hombres bajo Castro que invadieron Cuba desde México en diciembre de 1956 y los 12 que sobrevivieron a la lucha en la Sierra Maestra procedían de esa clase media. “Las mayores pérdidas las sufrieron el movimiento de resistencia urbano, en gran parte de clase media, el cual creó los ácidos políticos y psicológicos que corroían las fuerzas armadas de Batista.” 32
De forma característica Che Guevara destaca la debilidad e impotencia de la clase trabajadora como elemento central de todas las futuras revoluciones socialistas:
Los campesinos, con un ejército compuesto por su propia gente luchando por sus propios grandes objetivos, principalmente por una distribución justa de la tierra, vendrán desde el campo para tomar las ciudades… Este ejército, creado en el campo, donde las condiciones subjetivas se desarrollan para la toma del poder, procede a conquistar las ciudades desde fuera… 33
El avance industrial se describe como impedimento a la revolución socialista:
Es más difícil organizar bandas guerrilleras en aquellos países que han experimentado una concentración de la población en grandes ciudades y que tienen más desarrolladas la industria ligera y media, aunque no tengan nada que se acerque a la industrialización efectiva. La influencia ideológica de las ciudades inhibe a la lucha guerrillera… 34…aun en los países donde la predominancia de las ciudades es grande, el foco político central de la lucha puede desarrollarse en el campo 35.
Reconociendo en sus palabras el papel del proletariado, Che dice que los guerrilleros campesinos tendrán que aceptar “la base ideológica de la clase trabajadora: el marxismo”, pero olvida que el nucleo del marxismo es el hecho de que la revolución socialista es el acto de la clase trabajadora misma, el resultado de que el proletariado se haga el sujeto y no el objeto de la historia.
Desde el principio el programa de Castro no se extendía más allá de amplias reformas liberales aceptables para las clases medias. En un artículo en la revista Coronetde febrero de 1958, Castro declaró que no tenían planes para expropiar, ni nacionalizar inversiones extranjeras:
Yo, personalmente, he llegado a pensar que la nacionalización es, en el mejor de los casos, un instrumento engorroso. No parece que fortalezca el estado, pero debilita la empresa privada. Aún más importante, cualquier intento generalizado de nacionalización obviamente obstaculizaría el punto central de nuestra plataforma económica: la industrialización al ritmo más rápido posible. Para este fin, las inversiones extranjeras siempre estarán bienvenidas y seguras aquí.
En mayo de 1958 aseguró a su biógrafo, Dubois:
El movimiento de 26 de julio nunca ha hablado de socializar o nacionalizar las industrias. Esto es temor estúpido a nuestra revolución. Hemos proclamado desde el principio que luchamos por el cumplimento pleno de la Constitución de 1940, cuyas normas establecen garantías, derechos y obligaciones para todos los elementos que tomen parte en la producción. Están comprendidos la libre empresa y el capital extranjero, así como otros muchos derechos económicos, cívicos, y políticos 36.
Todavía el 2 de mayo de 1959, Castro declaró al Consejo Económico de la Organización de Estados Americanos en Buenos Aires: “No nos oponemos a la inversión privada… Confiamos en la utilidad, en la experiencia y en el entusiasmo de los inversores privados… Las empresas con inversiones internacionales tendrán las mismas garantías y los mismos derechos como las empresas nacionales.” 37
La impotencia de las clases sociales en conflicto, trabajadores y capitalistas, campesinos y terratenientes; la inherente debilidad histórica de la clase media; y la omnipotencia de la nueva élite de Castro —que no estaba contenida por ningún conjunto de intereses organizados o coherentes—; explican la facilidad con que el programa moderado de Castro de los años 1953-58, basado en la empresa privada, fue apartado y reemplazado por un programa radical de propiedad y planificación nacionalizada. No fue hasta el 16 de abril de 1961 que Castro proclamó que la revolución había sido socialista. En las palabras del Presidente de la República, Dr. Osvaldo Dorticós Torrado, el pueblo “un buen día… descubrió o confirmó que lo que había aplaudido, como bueno para el pueblo, era una revolución socialista” 38 . ¡Una excelente formulación de la manipulación bonapartista del pueblo como el objeto de la historia, no como su sujeto consciente!
¿Qué fracasó en la teoría?
Mientras que la naturaleza conservadora y cobarde de una burguesía que se desarrolla tarde (el primer punto de Trotski) es una ley absoluta, el carácter revolucionario de la clase trabajadora joven (punto 2) ni es absoluto ni inevitable. Las razones no son difíciles de comprender. La ideología prevalente en la sociedad de la cual la clase trabajadora forma parte es la de la clase dirigente; en muchos casos la existencia de una flotante y amorfa mayoría de nuevos trabajadores todavía con vínculos fuertes al campo crea dificultades para las organizaciones independientes proletarias; la falta de experiencia y el analfabetismo aumentan su debilidad. Esto lleva a una debilidad más: la dependencia de los no trabajadores para el liderazgo. Los sindicatos en los países subdesarrollados son casi siempre liderados por “forasteros”. Así, según un informe de la India [del 1959 N. del Trad.]:
Prácticamente todos los sindicatos indios son dirigidos por personas sin ningunos antecedentes en la industria, eso es, “forasteros”… muchos de los forasteros están asociados con más de un sindicato. Un líder nacional destacado observó que era presidente de alrededor de 30 sindicatos, pero añadió que por supuesto ¡no podía contribuir nada al trabajo de ninguno de éstos! 39
La debilidad y la dependencia de forasteros lleva a un culto a la personalidad.
Muchos sindicatos todavía suelen girar alrededor de personalidades. Un personaje fuerte domina el sindicato. Él determina todas sus políticas y acciones. El sindicato llega a conocerse como su sindicato. Los trabajadores esperan que él solucione todas sus dificultades y que les asegure todas sus reivindicaciones. Cuentan con él como su defensor y están dispuestos a seguirlo donde sea que los lleve. Hay un elemento de veneración en esta actitud. Hay muchos héroes en el movimiento. Contribuyen a conseguir para los trabajadores sus reivindicaciones, pero no contribuyen mucho al desarrollo de organizaciones democráticas y autónomas. Éstas no se desarrollarán sin que los trabajadores aprendan a volar con sus propias alas y dejen de depender de que personajes destacados les solucionen todos sus problemas 40.
Otra debilidad del movimiento obrero en muchos países atrasados es su dependencia del estado. Así, según el informe de la India:
El estado ya ha asumido muchas funciones que, en una sociedad libre, normalmente pertenecen a los sindicatos. Tal como están las cosas en la actualidad, es el estado, y no la negociación colectiva entre los empleados y los patronos, el que juega el mayor papel en la determinación de los salarios y otras condiciones de trabajo. Esto era inevitable hasta cierto punto debido a la condición de la economía y la debilidad de los trabajadores y sus sindicatos 41.
Y desde África de oeste francófono:
…los esfuerzos directos de los sindicatos contra los empresarios raramente han ganado aumentos reales de salario para los trabajadores africanos; son más bien la legislación social y la influencia política del movimiento obrero las que han logrado las mejoras salariales reales de los últimos años. 42
Y desde América latina:
Los representantes sindicales buscan conseguir sus fines por injerencia y mando gubernamentales 43.
Las consecuencias negativas debidas a la dependencia del estado son la subordinación a las políticas del gobierno, la restricción de la actividad sindical a las demandas estrechamente “económicas” o, usando palabras de Lenin, políticas “tradeunionistas”.
Esto, consecuentemente, conduce a la alienación de los sindicatos de la lucha de los obreros agrícolas. La diferencia de los estandars de vida entre la ciudad y el campo es generalmente muy grande en países atrasados, mucho mayor que la que existe en países avanzados. Bajo tales condiciones, y con gran cantidad de desempleo y de empleo marginal, sobre todo en el ámbito rural, el logro de estandars en los salarios y las condiciones laborales en la industria dependen principalmente del mantenimiento del coto cerrado: esto es, contratar trabajadores para una industria determinada a través del sindicato. Esto apenas podría ser llevado a cabo sin el apoyo del Estado y una alianza de los sindicatos con el gobierno, la cual lleva al abandono de los trabajadores rurales por parte de los sindicatos. Así fue el sistema de Perón en Argentina, de Vargas en Brasil y de Batista en Cuba. El resultado fue un movimiento sindical conservador, estrecho y sin idealismo.
El último —pero no por ello el factor menos importante que determina si la clase trabajadora en países atrasados es en realidad revolucionaria o no— es un factor subjetivo; a saber, las actividades de los partidos, particularmente los partidos comunistas, que la influencian. El papel contrarrevolucionario del estalinismo en países atrasados se ha tratado con tanta frecuencia que no hace falta explicarlo aquí. [Esto fue el caso para la corriente Socialismo Internacional en Gran Bretaña ya en 1963. En el Estado español, todavía no lo es. El tema es tratado en los folletos de Socialismo Internacional, ¿Cuál es la tradición marxista?de John Molyneux y Cuba: ¿Adónde fue la revolución?de Mike González. N. Del Trad.]
Para resumir, la experiencia hasta ahora ha mostrado tanto la fuerza del deseo revolucionario entre los trabajadores en las naciones en desarrollo como sus debilidades fatales. No existe una correlación automática entre el atraso económico y la combatividad política revolucionaria.
Una vez que la constante naturaleza revolucionaria de la clase trabajadora, el pilar central de la teoría de Trotski, llega a ser dudosa, la estructura total se desmorona. Su punto tercero no se alcanza, ya que el campesinado no puede seguir a una clase trabajadora no revolucionaria, y el resto de los elementos que conlleva también fallan. Pero esto no significa que no pase nada. Una combinación de circunstancias nacionales e internacionales hace imperativo para las fuerzas productivas romper las restricciones del feudalismo y del imperialismo. Rebeliones campesinas se expanden más intensamente que con anterioridad. En ellas se arraiga también la rebelión nacional contra la ruina económica producida por el imperialismo, y por los niveles de vida más altos que éste podría traer.
Las necesidades de las fuerzas productivas más las rebeliones de los campesinos no han sido por sí mismas capaces de romper la fuerza de la propiedad privada y del imperialismo. Otros tres factores ayudaron a ello:
1. La debilidad del imperialismo mundial como resultado del aumento de las contradicciones entre los bloques de poder y la parálisis que afecta su mutua intervención producida por la existencia de la bomba-H.
2. La creciente importancia del Estado en países atrasados. Cuando la sociedad tiene que desarrollar una tarea, y la clase social que tradicionalmente la lleva a cabo no existe, otro grupo de gente, con frecuencia un poder estatal, hará efectiva esta labor. Ello refleja no solamente, ni principalmente, la base nacional económica en la cual se sustenta, sino el carácter supranacional de la economía mundial de hoy.
3. La creciente importancia de la intelectualidad como el líder y unificador de la nación y sobre todo como manipulador de las masas. Este último punto necesitará de elaboración especial.
La intelectualidad
La importancia de los intelectuales en un movimiento revolucionario está en proporción directa al retraso general económico, social y cultural de las masas de las cuales emerge. Es característico que el movimiento populista ruso, el cual más que cualquier otro enfatizó la necesidad de revolucionar los elementos más atrasados de la sociedad, esto es, los campesinos, fuera también el grupo que diera la mayor importancia a la intelectualidad, los maestros del “pensamiento crítico”.
Todos los movimientos revolucionarios en Rusia se compusieron, en gran medida, de intelectuales —ya fueran los intelectuales populistas que defendían la causa de los campesinos, o bien los de orientación marxista que defendían la causa de los trabajadores industriales— pero había una diferencia básica en su manera de ver las relaciones entre los líderes y las masas. El movimiento de los trabajadores, al menos durante el auge de la lucha, estaba organizado; de ahí que los intelectuales tuviesen que responder ante el citado movimiento, quedando contenida su tendencia inherente a distanciarse de las masas y subir por encima de las mismas. El ambiente de los intelectuales populistas, en cambio, no los restringía, y éstos mostraron tendencias claras y extremas hacia el elitismo, la arbitrariedad, vacilaciones y rupturas. Como dijo Lenin en su momento, “nadie se atreverá a negar que la intelectualidad, como sector especial dentro de las sociedades capitalistas contemporáneas, se caracteriza, en conjunto, precisamente por su individualismoy su incapacidad de someterse a la disciplina y a la organización.” 44
La intelectualidad revolucionaria se ha mostrado con un aspecto más cohesivo en las naciones emergentes de hoy que en la Rusia zarista. Entiende que la propiedad privada burguesa está en bancarrota y que el imperialismo es intolerable; así el capitalismo de estado —impulsado por el debilitamiento del imperialismo, la importancia creciente de la planificación estatal, más el ejemplo de Rusia, y el trabajo organizado y disciplinado de los partidos comunistas— le da un nuevo sentido de cohesión.
Como el único sector de la sociedad no especializado, la intelectualidad es la fuente obvia de una “elite profesional revolucionaria”, aparente representante de los intereses de la “nación” y contraria a los intereses en conflictos de sección o de clase. Por añadidura, éste es el sector de la sociedad más imbuido de cultura nacional; los campesinos y trabajadores no han tenido nunca ni el tiempo libre ni la educación para ello.
La intelectualidad también es sensible al retraso técnico de sus países. De participar en el mundo científico y técnico del siglo XX, viene a sentirse sofocada por el atraso de su propia nación. Este sentimiento es acentuado por el “desempleo intelectual” endémico en estos países. Debido al retraso económico generalizado, la única esperanza para la mayoría de estudiantes es un trabajo estatal, pero no hay suficientes puestos para todos ellos 45 .
La vida espiritual de los intelectuales está también en crisis. En un orden que se desmorona y donde las pautas tradicionales se desintegran, los intelectuales se sienten inseguros, sin raíces, carentes de valores firmes. La disolución de las culturas lleva a un deseo poderoso de una nueva integración que debe ser total y dinámica con objeto de llenar el vacío social y espiritual, que debe combinar el fervor religioso con el nacionalismo combativo.
Antes de que sus países alcancen libertad política, los intelectuales se ven sometidos a una doble presión: privilegiados por encima de la mayoría de la gente, pero subordinados a los poderes extranjeros. Esto explica las dudas y vacilaciones que caracterizan su actuación en los movimientos nacionales. Pero los grandes cambios han introducido nuevos elementos en su actitud —un sentimiento de culpa, de deuda para con las masas y al mismo tiempo un sentimiento distante y superior respecto a ellas—. Los intelectuales están ansiosos por pertenecer sin ser asimilados, sin dejar de estar aparte y por encima. Buscan un movimiento dinámico que unifique la nación y abra o ensanche nuevas perspectivas y que al mismo tiempo les dé poder a ellos mismos.
Los intelectuales son grandes creyentes de la eficacia, incluyendo la eficacia en la ingeniería social. Tienen la esperanza de alcanzar la reforma desde arriba y les encantaría conseguir un nuevo mundo para un pueblo agradecido, en vez de ver cómo la lucha por la liberación por parte de una gente autoconcienciada y en libre asociación resulte en un nuevo mundo para ella misma. Los intelectuales se preocupan mucho de las medidas para sacar a su nación del estancamiento pero poco por la democracia. Encarnizan el impulso hacia la industrialización, la acumulación del capital y el resurgimiento nacional. Su poder está en relación directa con la debilidad y la nulidad política de otras clases.
Todo ello hace que el capitalismo de estado totalitario resulte un objetivo atractivo para los intelectuales. De hecho ellos son los principales portadores de la pancarta del comunismo en las naciones emergentes. El comunismo ha encontrado gran aceptación en Latinoamérica entre estudiantes y clases medias, según un escritor sobre el tema 46 . En la India, en el congreso del Partido Comunista en Amritsar en marzo y abril de 1958, “aproximadamente el 67 por ciento de los delegados procedían de clases diferentes al proletariado y los campesinos (eran clase media, terratenientes y pequeños comerciantes). El 72 por ciento tenía buen nivel de educación.” 47 En 1943, se descubrió que el 16 por ciento de los miembros del Partido eran liberados 48 .
Revolución permanente desviada
Esas fuerzas que, según Trotski, deberían llevar a una revolución socialista de los trabajadores, pueden llevar, en ausencia del sujeto revolucionario, el proletariado, hacia lo opuesto; el capitalismo de estado. Teniendo en cuenta lo que es de validez universal en la teoría de Trotski y lo que depende de la actividad subjetiva del proletariado, se puede llegar a una versión de la teoría que, por falta de un nombre mejor, podría llamarse la “revolución permanente, desviada, de capitalismo de estado”.
Así que las revoluciones de 1905 y 1917 en Rusia y la de 1925-27 en China, fueron demostraciones clásicas de la teoría de Trotski; la subida de Mao y la de Castro al poder son las clásicas, más puras y extremas demostraciones de una revolución permanente desviada. Otras revoluciones coloniales —Gana, India, Egipto, Indonesia, Argelia, etc.— son mutaciones de esta norma. En estos países, la retirada política y militar del imperialismo; más el apoyo financiero de las clases gobernantes locales —a menudo incluyendo a sectores básicos de la burguesía—; así como las restricciones impuestas por Moscú sobre los partidos comunistas locales; han impedido la creación de un capitalismo de estado de pura sangre, dominado sólo por una nueva burocracia estalinista. Sin embargo, a pesar de que la India de Nehru, la Gana de Nkrumah o la Argelia de Ben Bella se hayan apartado más o menos de la norma de revolución permanente desviada, estas revoluciones pueden comprenderse mejor cuando se hace una aproximación a ellas desde el punto de vista de, y en comparación con, la norma.
Algunas conclusiones extrañas siguen para el movimiento obrero internacional del desarrollo de la revolución permanente desviada, sea en su forma pura o la corrupta. Primero, para los trabajadores en las naciones emergentes: Como no han llevado a cabo la revolución permanente —el dirigir la revolución democrática hacia el camino socialista, el combinar las luchas sociales y nacionales—, tendrán que luchar contra su propia clase gobernante (y Nehru se mostró no menos brutal, cuando encarceló a trabajadores en huelga, que el imperio inglés). Los trabajadores industriales, sin embargo, estarán cada vez más preparados para la revolución socialista. Bajo los nuevos regímenes nacionales experimentarán un aumento en número y por lo tanto, a lo largo un aumento en cohesión y peso específico social.
Para los socialistas revolucionarios en los países avanzados, el cambio de estrategia implica que mientras tendrán que seguir oponiéndose incondicionalmente a cualquier opresión nacional de los pueblos colonizados, deben dejar de discutir la identidad nacional de las futuras clases dirigentes de Asia, África y América Latina, y en su lugar investigar las futuras estructuras sociales de estos continentes. El slogan de “clase contra clase” se volverá cada vez más una realidad. El tema central de la teoría de Trotski permanece tan válido como siempre; el proletariado debe seguir su lucha revolucionaria hasta su triunfo en todo el mundo. Sin alcanzar esta meta no puede lograr su libertad 49 .
Notas
1 El portavoz menchevique Martínov escribió en la víspera de la revolución de 1905: “La revolución venidera será una revolución de la burguesía, y eso significa que… sólo asegurará el dominio, en mayor o menor grado, de todas o algunas de las clases burguesas… Si es así, queda claro que la revolución venidera de ninguna manera puede tomar formas políticas contra la voluntad de toda la burguesía, dado que ésta será el amo de mañana. Por lo tanto, seguir el camino de sencillamente asustar a la mayoría de los elementos burgueses supondría que la lucha revolucionaria del proletariado sólo llevaría a un resultado; la restauración del absolutismo en su forma original…” La conclusión implicada por Martínov es que la clase trabajadora debe contenerse para evitar “asustar” a la burguesía; pero a la vez dice que debería coherentemente presionar a ésta para que dirija la revolución: “La lucha por influir en el rumbo y el desenlace de la revolución se puede expresar sencillamente en que el proletariado ejerza presión revolucionaria sobre la voluntad de la burguesía liberal y radical, la sección «baja» y más democrática de la sociedad obligando a la sección más «alta» a consentir en dirigir la revolución burguesa a su conclusión lógica.” (A Martínov Dve Diktatury, Ginebra, 1905, pp57-8).
Igualmente el periódico menchevique Iskraescribió al mismo tiempo: “Cuando miramos al campo de lucha en Rusia, ¿qué vemos? Sólo dos poderes: la autocracia zarista y la burguesía liberal, esta última organizada y con un peso específico enorme. Las masas trabajadoras estamos divididas y no podemos hacer nada; como una fuerza independiente no existimos; y por lo tanto nuestra tarea consiste en apoyar a la segunda fuerza, la burguesía liberal; tenemos que darle ánimos, y bajo ningún concepto asustarla al proponer las reivindicaciones independientes del proletariado.” (Citado por G. Zinóviev, Istoriia Rosiiskoi Komunisticheskoii Partii (Bolchevikov), Moscú-Petersburgo, 1923, p158).
2 V. I. Lenin “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, en Obras Escogidas, Moscú 1980, p79.
3 Idem, p51.
4 V. I. Lenin “La Guerra y la Socialdemocracia en Rusia”, en Obras Completas, Moscú 1984, Tomo XXVI, p22.
5 Trotski, Resultados y perspectivas, en 1905 Tomo 2, Ruedo Ibérico 1971, p179.
6 Idem, pp171-2.
7 Idem, p209. La teoría de Trotski fue un desarrollo, aplicación y expansión del análisis de Marx de la revolución de 1848. Incluso antes de aquella revolución, el Manifiesto Comunista había predicho que debido a las “condiciones más progresivas” y el “proletariado mucho más desarrollado” de Alemania, “la revolución burguesa alemana no podrá ser sino el preludio inmediato de una revolución proletaria.” Marx y Engels, Obras escogidas, Moscú, s.f., p60. Y después de la derrota de 1848 Marx expuso que, frente a la incapacidad de la burguesía de llevar al cabo la revolución antifeudal, la clase trabajadora tenía que luchar por que la revolución burguesa creciera en la proletaria, y la revolución nacional en la internacional. En el Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas(marzo de 1850) Marx dijo: “Mientras que los pequeños burgueses democráticos quieren poner fin a la revolución lo más rápidamente que se pueda, después de haber obtenido, a lo sumo, las reivindicaciones arriba mencionadas, nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución permanente hasta que sea descartada la dominación de las clases más o menos poseedoras, hasta que el proletariado conquiste el poder del Estado, hasta que la asociación de los proletarios se desarrolle, y no sólo en un país, sino en todos los países dominantes del mundo, en proporciones tales, que cese la competencia entre los proletarios de estos países, y hasta que por lo menos las fuerzas productivas decisivas estén concentradas en las manos del proletariado.” Marx acabó el mensaje con la frase: “Su grito [de los trabajadores] ha de ser: la revolución permanente.” Marx y Engels, Obras escogidas en 3 Tomos, Tomo 1, Moscú, 1974, p183, p189.
8 Trotski, La revolución permanente, Ruedo Ibérico 1972, p131.
9 Idem.
10 R. C. North, Kuomingtang and Chinese Communist Elites, Stanford, 1962, p32.
11 H. R. Isaacs, The Tragedy of the Chinese Revolution, Londres, 1938, p333.
12 Idem, p394.
13 World News and Views, 22 de abril de 1939.
14 S. Gelder, The Chinese Communists, Londres, 1946, p167.
15 Véase el manifiesto comunista publicado en Chungking el 23 de noviembre de 1938. New York Times, 24 de noviembre de 1938.
16 Isaacs, ob. cit., p456.
17 New China News Agency, 11 de enero de 1949.
18 Idem, 3 de mayo de 1949.
19 North China Daily News, 23 de abril de 1949.
20 New York Times, 25 de mayo de 1949.
21 South China Morning Post, 17 de octubre de 1949.
22 C. Wright Mills, Listen Yankee, Nueva York 1960, p46.
23 Idem, p47
24 P A Baran, Reflections on the Cuban Revolution, Nueva York 1961, p17.
25 El partido comunista de Cuba, el Partido Socialista Popular, tenía mucho que intentar borrar. Apoyó el dominio de Batista entre 1939 y 1946. Participó en el primer gobierno de Batista con dos Ministros, Juan Marinello y Carlos Rafael Rodríguez. En 1944 el periódico comunista, Hoy, se dirigió a Batista como “el ídolo de un pueblo, el gran hombre de nuestra política nacional, el hombre que encarniza los ideales sagrados de una Cuba nueva”. A Castro le tacharon de aventurero pequeño burgués. Como se menciona arriba, los comunistas no participaron en la huelga de abril de 1958. Todavía el 28 de junio de 1958, tímidamente abogaban por “elecciones limpias y democráticas” para desalojar a Batista.
26 Mills, Ob. cit., pp46-48.
27 Idem, p44.
28 Baran, Ob. cit., p11.
29 Idem, p12.
30 Discurso de Castro de 1 de diciembre de 1961, El Mundo La Habana, 22 de diciembre de 1961.
31 Che Guevara, “Cuba: Exceptional Case?”, Monthly Review, Nueva York, julio-agosto de 1961, p59.
32 T. Draper, “Castro’s Cuba. A Revolution Betrayed?” Encounter, Londres, marzo de 1961.
33 Guevara, ob cit, p63.
34 Idem, pp65-6.
35 Idem, pp68.
36 Citado por Draper, idem.
37 Plan por el adelantamiento de América Latina, La Habana 1959, p32.
38 Osvaldo Dorticós Torrado, “Los cambios institucionales y políticos hechos por la revolución cubana”, Cuba, La Habana noviembre 1961.
39 C. A. Mayers, “India”, en W Galenson (ed) Labor and Economic Development, Nueva York 1959, pp41-42
40 V. B. Karnik, Indian Trade Unionism: A Survey, Bombay 1960, pp227-8.
41 Idem, p236.
42 E. Berg, “French West Africa”, en Galenson, Ob. cit., p227.
43 Senado de los Estados Unidos, United States-Latin America Relations, 86º Congreso, 2ª sesión, Washington 1960, p645.
44 V. I. Lenin “Un paso adelante, dos pasos atrás”, en Obras Completas, Tomo VIII, p267.
45 Así que, por ejemplo, una encuesta en India mostró que alrededor de un 25% de los que se graduaron con Masters de la Universidad de Lucknow en Artes, Ciencia, Empresariales y Derecho entre 1949 y 1953 todavía estaba parado en 1957. La encuesta también encontró que alrededor del 47% de los estudiantes de bellas artes, el 51,4% de ciencias, el 7% de empresariales y el 85,7% de enseñanza dijeron que estudiaban para sacar las cualificaciones necesarias para hacerse funcionario. Alrededor del 51% de los licenciados concluyó que la educación universitaria era una “pérdida de tiempo”.
46 V. Alba, “The middle class revolution” en New Politics, Nueva York, invierno 1962, p71.
47 G. D. Overstreet y M. Windmiller, Communism in India, Berkeley y Los Angeles 1959, p540.
48 Idem, p358.
49 Por falta de espacio este artículo se ha concentrado en la relevancia de la teoría de la revolución permanente en los países atrasados, y no ha tratado sus implicaciones en los países avanzados. Este segundo elemento —que la revolución colonial debe llevar a la revolución socialista en los países metropolitanos avanzados— en principio (en 1906) no formaba parte de la teoría de Trotski, pero desde entonces se le ha injertado. Para algunas consideraciones relevantes, véase Michael Kidron, “Imperialism, highest stage but one”, International Socialism 9, verano 1962, reproducido en International Socialism 61, junio 1973.